Capítulo 5

2777 Palabras
Conocer a los otros miembros del programa de Formación para la Excelencia ayudó a deshacerme de las dudas y desconfianza que tenía. Y es que a cualquiera le parece un exceso todos los beneficios que había recibido, ¡y ni un vestido había diseñado! Cuando me mudé al apartamento me encontré con Caroline y Matthias. Ellos vivían en los otros dos apartamentos que estaban en mi piso. Nadia, Patrick y Gustavo vivían en otros edificios. Los seis elegidos formábamos un grupo muy unido, y eso que recién nos habíamos conocido. Todos estaban en el tercer año de la carrera, excepto Caroline que estaba en mi clase, pero por problemas familiares llegó algo retrasada. Lo que llamó mi atención fue que, para no haber tanto chico estudiando diseño de modas, ellos tres parecían jugadores de rugby y no estudiantes del instituto. Por ejemplo, Gustavo era muy rudo, tenía mucha energía y paraba siempre en movimiento. Le gustaba hacer mucho ejercicio y mostrar los logros corporales que obtenía de su práctica deportiva porque a cada rato le enseñaba los músculos a Nadia, quien lo miraba completamente embobada. Cuando lo vi caminar por uno de los pasillos del instituto pensé que vino a buscar a alguien, seguro era un modelo que participaría en el desfile de alguna de las clases, pero estaba equivocada. Gustavo tenía arte en las manos. Quien diría que con esas enormes manos fuera tan delicado al dibujar. Sus diseños eran alucinantes, jugando con muchas formas y color. Y tenían una tan precisa idea del cuerpo femenino que cuando confeccionaba, su corte era perfecto. – Nadia me ayuda con eso -siempre decía y lanzaba una mirada lujuriosa a la mencionada, quien lo miraba sonrojada, pero feliz. Como compartía las clases con Caroline, nos hicimos muy cercanas. Ella era tan alta como yo, de piel muy blanca y cabello tan rubio que parecía que fuera blanco. Sus ojos eran dorados. Aunque comencé a pensar que la tonalidad dorada de sus ojos era cosa mía, ya que cuando se la presenté a Solís y ella mencionó lo hermoso de sus ojos verdes le refuté. – Muchacha, ¿acaso eres daltónica? -me preguntó muy sorprendida-. Los ojos de Caroline son verdes -confirmó categóricamente. – Solís, ¿de qué color son los ojos de Nadia, Gustavo, Matthias y Patrick? -pregunté queriendo salir de la duda que generó al afirmar que los ojos de Caroline eran verdes. – Nadia y Matthias tienen ojos grises, Gustavo verdes y Patrick azules. No me digas que tienes problemas para diferenciar los colores. ¿Cómo vas a ser diseñadora de modas? -y me miró con cara de sorpresa y preocupación. – Solís, te digo la verdad. No puedo jurar porque las hermanitas siempre me dijeron que esos juramentos son en vano, pero yo veo los ojos de todos ellos dorados -le dije con un tono suplicante y preocupado-. ¿Recuerdas a Marianne Höller? ¿Qué color de ojos tiene ella? – Verdes. ¿No me digas que también los ves dorados? -preguntó ya con un tono de fastidio. – Sí, así es, los veo dorados. Y también los de Katha, los de Klaus, los de Adolph, los de Kurt Posch. Solís, ¿no tendré algún problema en la vista? -pregunté nerviosa, a punto de llorar. – No, Amelia, ¡déjate de esas cosas! -decía y me daba palmaditas en la espalda-. Tú estás bien, eres normal, tranquila. Sin embargo, vamos a solicitar cita médica con el oftalmólogo de la clínica que está cerca, así despejamos por completo las dudas y estrenamos el seguro médico de lujo que tienes. (…) Al día siguiente nos llamaron a la Dirección a los miembros del programa. Sentada con ellos puse mucha atención a sus ojos. Trataba de ver el gris en los ojos de Nadia y de Matthias; el verde en los de Gustavo y Caroline, y el azul en los de Patrick, pero nada, solo los podía ver dorado. – ¿Qué pasa, Amelia? -preguntó Patrick incómodo-. ¿Por qué me miras tanto? ¡No te puedo gustar! -me dijo muy nervioso, como asustado. – No es eso, es que creo que tengo un problema en los ojos –dije mientras me sobaba las vistas. – ¿Cómo así? ¿Por qué crees eso? -preguntó Caroline, y todos pusieron atención en mí y se acercaron a mirarme, tratando de encontrar alguna señal de enfermedad en mi mirada. – Es que Solís me dijo que tus ojos son verdes, así como los de Gustavo, que Nadia y Matthias tienen ojos grises y Patrick azules, pero yo veo sus ojos de un color dorado -dije y casi se me quiebra la voz al final. – No te pongas así, Amelia -dijo Caroline y tomó mi mano derecha con las suyas en señal de consuelo-. No creo que tengas nada malo, pero Solís tiene razón, esos son los colores de nuestros ojos. Quizás puedes tener un problema para identificar ciertos colores. – No sé. Siempre pensé que así era el azul, y así el verde, y de este tono el gris -dije señalando dichos colores en uno de los posters de la Semana de la Moda de Lima que decoraba la sala de reuniones de la Dirección. – Pero esos son los tonos que has descrito -afirmó Nadia mirando a los demás con expresión de duda y preocupación. Cuando iba a comentarles que iré a la clínica el viernes, la puerta del salón de reuniones se abrió de par en par, dando paso a quienes faltaban para iniciar la reunión. – Hola, chicos, ¿cómo están hoy? -entraba saludando muy alegre Marianne, quien venía acompañada de Kurt Posch, Katha y de una mujer que no conocía. – Les presento a Marion Höller, mi hermana -la presentaba mientras giraba para que ella se adelante y pueda estar a la vista de todos-. Marion acaba de llegar de Seúl, en donde se encarga, junto a su esposo Haldir, de los negocios de nuestra familia -cuando dirigí la mirada hacia Marion pude ver sus ojos dorados mirándome fijamente, junto a una sonrisa que guardaba un sentir de esperanza, como si yo pudiera darle algo que ha estado buscando por años. – Marion, ellos son Gustavo, Nadia, Matthias, Caroline, Patrick y nuestra querida Amelia -el tono de la voz de Marianne cambió cuando me presentó, como si sintiera mucho orgullo. – Buenas tardes, chicos, es un gusto conocerlos -esas últimas palabras las sentí que eran en especial para mí porque me miró directamente a los ojos cuando las pronunció-. Marianne y Kurt me han comentado maravillas sobre sus talentos, y confío que sea así porque ambos tienen un gusto muy fino y selecto. Espero tener novedades de sus trabajos pronto, ya que en diferentes ciudades de Asia tenemos tiendas de nuestras marcas de ropa y accesorios de vestir, y sería genial ver sus trabajos en nuestros escaparates -mientras ellos se sentaban, Marianne continuó. – Chicos, les cuento que no solo ha llegado Marion con su familia, sino también mis padres. Creo que a más de uno le gustaría conocerlos, en especial a mi madre, que es conocida como “la emperatriz de la moda” -Marianne sonreía y volteó a mirar a Marion, quien le respondió la sonrisa con complicidad, como si el título que le habían ceñido a su madre en el mundo de la moda les hiciera gracia-. Por ello hemos planeado ofrecer una cena en la que daremos a conocer el programa y a sus miembros a nuestra familia y al directorio de Höller Textilien. – Oh, sería un honor poder compartir con la Familia Höller y el directorio -dijo Caroline obviamente emocionada. – Si, qué gran oportunidad. Gracias señora Marianne y señora Marion -complementó Patrick. – ¿Y cuándo sería la cena? -consultó Matthias. – Este viernes. La haremos en la Mansión Höller. La etiqueta manda que varones asistan con traje y mujeres con vestido largo. Imagino que lucirán algo de su propia creación -propuso Marianne mirando a Kurt. – Señora Marianne -interrumpí-, Caroline y yo aún no hemos tenido la oportunidad de diseñar y confeccionar algo para nosotras. Y, hablando por mí, no tengo ningún vestido para la ocasión -mencioné algo tímida. Marianne y Marion miraron a Kurt con cara de: “es tu turno, sorpréndela”, mientras que yo hablaba, y este les guiñó un ojo y me respondió. – Amelia, ya habíamos contemplado esto. Para Caroline y para ti tengo dos vestidos que sé que les van a encantar. Y, para asegurarnos que todo calce a la perfección, los seis tendrán que venir el viernes a las 4 pm para que el equipo de estilistas de la renombrada Pochi Saenz prepare sus peinados y maquillaje –soltó Kurt y todos se emocionaron. – Disculpe, el viernes he pensado ir a la clínica a solicitar cita con el oftalmólogo –interrumpí nuevamente. – ¿Estás bien, Amelia? -me preguntó Marion con notoria preocupación, cosa que me pareció extraña, ya que recién nos presentaron. Todos notaron mi extrañeza-. Me preocupo porque sé que estás sola en el mundo y quizás necesites alguien que te apoye -completó mirando a todos, como queriendo justificar su comentario. – No se preocupe, señora Marion. Aunque no tengo padres hay gente que me quiere y está cerca de mí. Una de ellas es Laura Solís, quien aparece en mi registro como una persona de contacto. Ella me acompañará, pero quiero saber si puedo llegar pasada las 4 pm. – Katha, llama ahora mismo a la Clínica Internacional y pide cita con el Dr. Cáceres. Dile que de parte mía irá Amelia y que la debe atender a las 4 pm del viernes. Que sea puntual porque ella tiene asuntos pendientes que atender esa tarde -indicó Marianne y Katha salió presurosa para hacer la gestión. – No es necesario, señora Marianne. Iré a la clínica que está cerca y pediré consulta con el médico que esté disponible, esperando el turno que me toque -dije para evitar molestias, ya que me dio un poco de vergüenza que coordinen para mí una atención especial. – Amelia, un maquillaje y peinado profesional toma su tiempo, y si queremos que todos estén en la mansión a las 8 pm necesitamos que te desocupes rápido para que vengas lo más pronto posible para ser atendida por el equipo de Pochi -respondió Marianne con un tono y mirada muy maternal-. Katha te dará las indicaciones para tu cita médica, y así estarás, a más tardar, a las 5 pm con nosotros. Después llegó el personal del cafetín con los almuerzos y departimos un grato momento. El interés de Caroline por saber sobre algunas estrellas k-pop y j-pop salió a relucir cuando empezó a preguntar cómo eran fuera de las cámaras, ya que varios de ellos trabajaban con el holding Höller Gruppe en la promoción de sus diferentes marcas. Nos reíamos porque cada segundo que pasaba la emoción de Caroline aumentaba y estaba tratando a la señora Marion como si fuera una compañera de clase o del club de fans. Terminamos de almorzar y Kurt quedó con Caroline y conmigo para mostrarnos los vestidos mañana, después de las clases de la tarde, ya que necesitaba hacer una prueba para definir si requerían algunos ajustes, y para elegir el calzado y accesorios de joyería. Luego me fui con Caroline a las clases que teníamos por la tarde, el resto se quedó conversando un rato más. Conversación en el salón de reuniones – Por favor, quiero que nos informen todo lo que han podido conocer de la prometida en estas semanas que están protegiéndola -pidió Marion hablando en alemán, para que ningún curioso o la misma Amelia, si regresaba al salón, entienda el asunto que se trataba ahí. – Es una chica muy buena. Es servicial, sabe escuchar y callar, comprensiva, muy responsable con todo, hacendosa, curiosa por aprender más y así mejorar como persona. Es una muy buena humana que siempre está esforzándose -informó Nadia, mientras que los chicos asentían cada uno de los calificativos que decía sobre Amelia. – Y, además, es muy hermosa -completó Kurt mirando a Marion con algo de picardía-. A Stefan le va a encantar. – Eso esperamos todos en la familia y en la manada -mencionó Marion con notoria preocupación. – ¿Qué pasa, hermana? ¿Acaso hay algún problema con Stefan? ¿Aún no ha terminado la relación con Laura Barone? -preguntó una angustiada Marianne. – No hemos tenido tiempo de hablar, hermana. No sabemos si ha terminado o no esa relación, ya que no la menciona para nada y no he visto que se esté comunicando con ella, pero lo que más nos tiene angustiados es que creemos que él ha manifestado una parte de la Profecía, aquella en que se habla del rechazo a la Luz de la Madre Luna. La cara de todos los reunidos se llenó de preocupación. Katha empezó a llorar y algunas lágrimas cayeron de los ojos de Nadia. Los guerreros estaban preocupados por la reacción de Stefan, ya que conocían a Amelia y encontraban en ella muchas virtudes que cualquier ser desearía que su alma gemela poseyera. – Pero, si es la prometida, él se enamorará perdidamente de ella, y se dará paso a la parte que dice que será deseada –refutó Kurt, tratando de calmar la situación y dar esperanza. – Eso es lo que nos alienta. Lo positivo del rechazo es que significa que ella es la prometida y mi hermano el Puro que Aúlla. Es muy probable que la paz entre especies llegue muy pronto -dijo Marion haciendo notar la oportunidad entre tanto problema-. Por favor, no se sientan defraudados -dijo dirigiéndose a los guerreros-. Ustedes saben que Stefan ha crecido con una gran presión generada por toda la manada. Recordemos que su nacimiento fue sumamente deseado y todas nuestras esperanzas se han concentrado en él. Ya tiene veintitrés años y a diferencia de muchos de nosotros, él aún no ha conocido a su compañera. Imagino que para él ha sido muy difícil ver cómo otros a los dieciséis, diecisiete o dieciocho años encontraban a su alma gemela, mientras que él se quedaba solo. Por ello inició la relación con Laura cuando se encontraron en Cambridge, siendo tan jóvenes. – Pero ahora él está dispuesto a conocer a Amelia, ¿no? -la intervención de Patrick hizo que todos fijaran los ojos en Marion. Hasta Marianne esperaba que su hermana afirmara su respuesta. – Sí, él lo está, pero no debemos confiarnos, ya que no sabemos si Stefan le puede hacer daño a Amelia. El resto de la Profecía aún es un enigma. – ¿Y saben algo más de Amelia? -continuó Marianne consultando a los guerreros. – Antes que llegaran ustedes, Amelia nos contaba que ve en nuestros ojos un tono dorado y no el color real -mencionó Matthias, ya que tenía una idea rondando por su cabeza-. Ahora estoy completamente seguro que Amelia es la prometida. Creo que ella ve nuestros ojos de ese color porque puede diferenciarnos del resto de especies. Todos miraron sorprendidos a Matthias, ya que muy calmadamente manifestaba la conclusión a la que había llegado. Las hermanas Höller intercambiaban miradas, intentando hablarse con el pensamiento, pero eso era solo posible cuando tenían su forma de lobo. Entonces Kurt interrumpió el silencio. – ¿Ha mencionado Amelia que ve lo mismo en nuestros ojos? -dijo señalando a Katha, Marianne y a él mismo. – No, solo nos mencionó a nosotros -respondió Matthias jugando con su anillo-, pero no dudo que también vea ese color en sus ojos, así como en los de Klaus, Adolph y hasta lo debió notar en los de Bastian, cuando él la ayudó en el intento de robo que sufrió en un bus -Matthias era el más analítico de los cinco guerreros, el estratega, de ahí que sus palabras calaran en sus mentes. Marion se levantó de la mesa y caminó pensativa. Mirando por la ventana que daba a uno de los jardines interiores del instituto, una enorme felicidad despertaba en ella porque ahora entendía que Amelia no era tan simple, que dentro de su humanidad se guardaba poder, uno que desconocían y que no sabían cómo se podría manifestar. – La cena -decía Marion dirigiéndose al grupo- será la oportunidad para responder a nuestras dudas sobre si Amelia tiene o no habilidades más allá de lo que su especie humana le facilita porque estoy segura que todos piensan como yo, que ella esconde en su interior algún tipo de poder. Por lo pronto esta información nos servirá para hacer más atractivo para Stefan el encuentro con Amelia.
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