Mansión Höller en Bonn, Colonia, Renania del Norte – Westfalia, Alemania, en la actualidad.
– ¿Ya tienen todo listo? -consultaba Marie parada en la puerta del cuarto de Marion y Haldir.
– Sí, ya está todo lo que necesitamos para ir a Perú. Ya hablé con Min Jae y le recalqué mis instrucciones para el manejo de los negocios en Asia por los próximos seis meses –respondió Marion mientras terminaba de cerrar una de sus maletas que conformaba su equipaje.
– ¿Crees que estaremos tanto tiempo en Perú alejados de nuestros deberes? –preguntó Marie deseando que el encuentro con la posible prometida de su hijo carezca de contratiempos.
– Madre, si ella es la prometida, yo no pienso moverme de ahí hasta que confirme que Stefan se comportará como un tierno cachorro porque si le hace daño, ¡lo despedazo! -dijo Marion con un tono divertido que causó la risa de su madre.
– Exageras, amada mía -decía Haldir saliendo del baño con su voz melodiosamente fría-. Confío en que Stefan se prendará perdidamente de la prometida, y no hará más que estar detrás de ella para marcarla como su compañera eterna. Esa manera tan animal que tienen ustedes cuando aman –concluyó Haldir, cuyas palabras podrían ofender a cualquiera, pero el elfo era tan bello que despertaba en quien lo miraba un embeleso que dejaba atrás cualquier posible mala intención.
Stefan había llegado a la mansión familiar hace apenas un par de días. Graduado del MBA de la Cambridge Judge Business School, Stefan estaba un paso más cerca de estar listo para tomar posesión del mando alfa de Los Höller. Para ello no solo bastaba con ser hijo del Alfa actual, sino que debía tener las habilidades necesarias para hacerse cargo de la manada, de los negocios de la familia y encontrar a su compañera eterna. A horas de subir al avión privado de la familia para viajar a Perú y encontrarse con la mujer que sería la prometida, estaba mucho más próximo a ser el nuevo Alfa.
– ¿Emocionado por el viaje, Stefan? -preguntó Marion con ironía al ver la cara de pocos amigos que tenía mientras revisaba su celular sentado en la sala de estar.
– Sí, muchísimo, no sabes cuánto -respondía así a la ironía.
– Sabes, hermanito -dijo Marion sentándose a su lado y poniendo su mano sobre la de Stefan-, aún no tienes idea de lo que se siente cuando encuentras a tu compañero eterno, por ello eres tan escéptico ante la posibilidad de prendarte de alguien con tan solo verle. ¿Acaso con Laura Barone sentiste esa electricidad que estalla al tan solo ver a quién amas? Lo tuyo con Laura es solo diversión, y está bien, ok, son jóvenes, pero lo que sentirás al ver a tu alma gemela es amor incondicional para toda la vida, una muy larga vida de licántropo.
– Ella es humana, Marion. No vivirá más de noventa años. Cuando ella se vaya, yo moriré lentamente. No tendré la dicha de ver a mis generaciones futuras como lo hacen nuestros mayores -respondió Stefan con una mezcla de dolor, fastidio y tristeza-. Eso es lo que más me molesta, que ella sea frágil, que sea mortal. Nosotros podemos morir por lo intenso de la batalla, pero si estamos en paz podemos vivir siglos, quizás la eternidad, pero cuando mi compañera muera, yo moriré, y la idea de sufrir por no verla, olerla, tocarla, amarla me hace sentir extraño.
– Hermanito, paso a paso. No sufras por algo que aún no sabemos si será así. La Profecía habla de que la prometida amará por la eternidad, así que aún desconocemos cómo se hará realidad por completo lo ofrecido por la Madre Luna -terminaba Marion cuando sus hijos Elrond y Cassie ingresaban a la habitación.
– Mamá, ¿a qué hora partimos a Perú? -preguntó Cassie, una hermosa jovencita de quince años, muy parecida a Marion, pero con los ojos verdes penetrantes del padre elfo.
– En una hora nos vamos al aeropuerto. ¿Están emocionados? Nunca hemos ido a Sudamérica.
– He leído que Perú tiene una de las mejores gastronomías del mundo. Si es así, cuando termine la carrera, iré a trabajar con la tía Marianne. Tendré que aprender sobre telas -bromeaba Elrond de veinte años, hijo mayor de Marion y Haldir que heredó todos los genes élficos de su padre, siendo un experto en el arco y flecha, así como en el seguimiento y rastreo sin dejar huellas ni perder las que sigue.
Aunque Stefan y Elrond eran tío y sobrino, los dos se trataban como si fueran contemporáneos generacionales. El hijo de Marion también estudiaba en la Universidad de Cambridge, por ello tío y sobrino pudieron compartir muchas experiencias, como vivir en la mansión de Saffron Walden, las reuniones de estudio de finales de semestre, las fiestas de la comunidad universitaria. Ahora Stefan comenzaría una etapa que ya marcaba la distancia entre su sobrino y él.
– ¿No será que quieres ir a Perú pensando que viviré allá? Eso no va a pasar “sobrino”. Como sean las cosas, yo debo estar en Bonn para monitorear todos los negocios y a la manada -bromeó Stefan jugando brusco con Elrond.
– Pero qué egocéntrico eres “tío” -dijo Elrond con tono burlón acentuado en la palabra tío-. Y mi futura tía, ¿qué tal está? ¿La has visto por foto? Mínimo la tía Marianne ha enviado una foto para estar preparados, ¿no? -preguntó Elrond buscando molestar a Stefan.
– Eso, mi querido hijito, será una sorpresa para todos -señaló Marion jalando suavemente una oreja de Elrond en señal de regaño.
– Si a la tía Marianne le gusta, la prometida debe ser muy bonita. La tía Marianne tiene un gusto muy fino para todo -dijo Cassie a la par que evitaba el cojín que Elrond le lanzó por meterse en la conversación.
– Ya veremos si Marianne no ha perdido su toque -suspiró Stefan tratando de ver positivamente la situación- porque ella está encantada con la prometida. ¡Y no trates de golpear a tu hermana! -terminó abalanzándose contra Elrond, como cuando eran niños.
«Qué gusto verlo así. Espero que cuando estemos en Perú el buen humor lo siga acompañando, no quisiera tener que morderlo por si ataca a nuestra Luna» -pensó Marion con un tono de nostalgia al recordar a Stefan de niño.
(…)
Después de once horas de vuelo, Los Höller llegaron a la ciudad de Lima que los recibía con una mañana gris y algo húmeda. Eran las 6 am y salían de la zona de desembarque del aeropuerto, previo paso por Aduanas. Dos vehículos esperaban a los viajeros: un mini bus que llevaría el equipaje y una limosina que trasladaría a la familia.
Al llegar a la Mansión Höller en Lima, Marianne los esperaba junto a Ravi y sus hijos: Kiram de dieciocho años, Ania de catorce y Lena de siete. Después de acomodar a los recién llegados en sus habitaciones, la familia reunida desayunó. Minutos después Ania y Lena eran llevadas por el chofer a la escuela y Kiram salía a la universidad con Elrond y Cassie, ya que les había prometido hacerles una visita guiada después de su clase. Ya con los hijos fuera de casa, Los Höller podían planear el encuentro entre Stefan y Amelia.
– ¡Qué emoción, Stefan! Es cosa de horas para que veas a Amelia. Ella es muy hermosa, humilde y talentosa. Vas a quedar maravillado -dijo Marianne muy animada y positiva en que todo vaya a salir bien en el encuentro de su hermano y la prometida.
– ¿Has pensado dónde será ese encuentro? No puede ser en cualquier lugar, ya que corremos mucho peligro de que nos descubran -preguntó Maximiliam preocupado por aquellos detalles que mantendrían en secreto la vida sobrenatural de Los Höller.
– He pensado que podemos ofrecer una cena en honor a los participantes del programa de Formación para la Excelencia que inventamos junto a Kurt y Katha para proveer a Amelia de diversos cuidados sin que ella se dé cuenta -comentó Marianne con una notoria emoción en su expresión y voz-. Lo que propongo es que dicha cena sea la ocasión formal para presentar a los participantes del programa, los cuales son Amelia y cinco jóvenes guerreros de la manada que trajimos e insertamos como estudiantes en el instituto para que sean los guardianes de la prometida durante las horas de clase y cuando está en el apartamento
– ¿Ella no sospecha de nada? -preguntó Marie.
– Al principio fue algo renuente al hecho de recibir tantos beneficios. Tenía dudas sobre nuestro verdadero interés para hacerlo, pero después de una reunión informal en la Dirección del instituto para que se conozcan los “miembros del programa” –Marianne hizo con sus manos el gesto de abrir y cerrar comillas-, Amelia ya no desconfía. En el mismo piso donde vive hemos puesto a dos de ellos, mientras que los otros tres están en otros edificios, estratégicamente plantados para fortalecer su seguridad.
– ¿Ha habido algún problema con la seguridad de la prometida? -preguntó Maximiliam.
– Solo un pequeño altercado en un bus. Un ladrón humano quiso robar su collar, la piedra de luna, pero Bastian Heinz, nuestro jefe de seguridad, lo detuvo. Él se encargaba directamente de proteger a Amelia, pero después de haber intervenido en su ayuda, ya no podía seguir con esa misión, así que ahora tenemos a los cinco jóvenes guerreros pendientes de ella.
– ¿Para cuándo has pensado programar la cena? -consultó Marion.
– Para este viernes por la noche. Amelia tiene clases solo hasta la 1 pm, por lo que le queda bien el tiempo para arreglarse para Stefan -comentó Marianne con un tono y mirada pícaro.
– Hay que hacer que Kurt le entregue el vestido más hermoso que haya diseñado y coordinar su maquillaje y peinado. Debe verse más hermosa de lo que ya es esa noche -propuso Marie.
– ¿Y qué haremos con Stefan? Con esa cara dudo que la prometida quiera aceptar ser su compañera -bromeó Haldir recayendo en la actitud desinteresada de Stefan.
– No te preocupes, cuñado, estaré listo para hacer competencia a la belleza que caracteriza a tu especie -respondía Stefan con ironía-. Ravi, ¿tendrás alguna poción que me ayude a pasar este trago amargo? -consultaba Stefan burlonamente.
– Cuñado, cuando veas a tu Luna vas a querer una posición para estar más lúcido que nunca. La joven es muy bella. Marianne me mostró unas fotos de ella. ¿No quieres quitarte la curiosidad viéndolas? -preguntó Ravi queriendo fastidiar a Stefan porque sabía muy bien que eso no era posible.
– No, mejor espero. Para la noche del viernes falta solo tres días, así que me reservaré para tan maravillosa velada. Total, de toda una larga lista de Alfas Höller soy el primero cuyo encuentro con su alma gemela es pactado y no sorpresivo. Por eso, para no perder por completo la tradición, no veré su foto -respondió un Stefan irónico.
– Vaya, no pensé que fueras tan romántico para que te afecte que el encuentro con tu Luna no sea sorpresivo -se burló Marion.
– Ya, basta, compórtense y no molesten a Stefan –pidió con autoridad Maximiliam-. Marie, amor, te pido que coordines junto a nuestras hijas todo con respecto a la cena del viernes. Marianne, quiero reunirme con Heinz para hablar de la seguridad de esa noche. Haldir y Ravi, acompáñenme a esa reunión. Creo que ahora podemos encargarnos de desempacar y prepararnos para la noche del viernes.