El miedo me invade cuando estoy a punto de ser abusada. Las imágenes que varias veces me han ocasionado insomnio, vuelven. No puedo bloquearme. No puedo volver a ser vulnerable, no ahora, cuando no tengo alguien que pueda ayudarme. Pasa. Lo que no se podía evitar pasa. Una bofetada es lo primero que logró darle. Quisiera decir que se enoja por ello. Pero sucede lo contrario. Me sonríe. Con maldad y frialdad. ¿Lo abre vuelto masoquista? - No cambias. Y quizás tu actitud indomable es lo que me atrae hasta este punto. - ¡Suéltame maldito! - grito mientras intento defenderme con mis piernas y brazo libre. No sé cómo, tampoco estoy interesada como lo logré. Lo único que sé es que una patada en el rostro y otra en el abdomen es lo que recibe. Con la fuerza en que lo golpeé

