Nuevamente estoy entre sus brazos. Su sonrisa siniestra y su aura maligna, no pasa desapercibida. — ¿De verdad pensaste que saldrías de aquí, sin mi consentimiento? — pregunta con burla. No puedo dejarme vencer por él. No cuando tengo tantas cosas por hacer. Cerca de nosotros veo una pequeña navaja. Entre sus brazos no puedo hacer alguna locura que me delate. Por lo que espero hasta que pasemos cerca de la navaja para tomarla. Entre mi lucha por salir de sus brazos y él por mantenerme en ellos. Logro guardar entre mi ropa la pequeña navaja. — ¡Suéltame, maldito! ¡Déjame en paz! — No puedo, ni quiero. — responde mientras me lleva entre sus brazos. Pataleo hasta más no poder. Pero el muy malnacido me tiene sin poder hacer mucho en su contra. Quiero enterrar la navaja en s

