Alex. Después de que el matón más grande del instituto cruzara por la puerta de la azotea, y que se fuera luego de haber hecho “negocios” con Demian, no podía ni siquiera ponerme de pie, por la estupefacción que se había apoderado de todo mi cuerpo. Realmente no podía digerir la escena, ¿cómo Demian había logrado intimidar a mi matón? ¿Y cómo este había aceptado ese extraño trato del pelinegro sin saber lo que este le daría mañana? Oh, mierda. Aún así, Demian me había vuelto a salvar el trasero…, mierda. - ¿Te encuentras bien?- me preguntó el pelinegro con un tono de preocupación, acercándose hacia mí y extendiéndome la mano. - S-Sí- tartamudeé por los nervios que aún tenía, sosteniéndome de su mano para levantarme del suelo y empezar a limpiarme en uniforme con ambas manos, palmeando

