Capítulo 7. Artilugios y sorpresas...

1336 Palabras
Voy con mi madre para organizar una pequeña cena, mi abuela quizá ya estaba en casa esperándonos junto a papá y a Axel, tenía muchas ganas de verla, sobre todo desde aquel día que me ocurrió tan horrible suceso, si tan solo supiera quien era ese despreciable animal… mi mente era una maraña de preguntas e incertidumbre al recordar este acontecimiento necesitaba olvidarme de esto por completo así que intento pensar en otra cosa. Estacionamos el auto en la entrada de la casa y bajo corriendo de este directamente hacia la puerta de la sala. - ¡Abuela! – corro a abrazarla con cariño – que bueno verte – expreso con alegría, ella me felicita por mi cumpleaños mientras mi padre se encuentra sentado en uno de los sofás de la sala, no sé, pero siento que algo más sucedía aquí, llego a percibir una tensión en el ambiente. - ¿Está todo bien? – pregunto mirándolos a ambos, traen una expresión de seriedad en sus rostros, no era muy usual al menos no en la abuela quien a pesar de aparentar ser una mujer fuerte siempre era muy divertida y ocurrente. - Si Lucy – responde ella – es tu padre el que siempre exagera las cosas – comenta posándole una fuerte mirada - ¡adivina qué! – exclama aplaudiendo con ambas manos - ¡te tengo una sorpresa, está en tu habitación, así que vamos, ven conmigo – ambas subimos como unas cómplices adolescentes. Una vez allí me la entrega, esta es una hermosa campera color beige, supuso que la necesitaría para cuando llegue la temporada de otoño, Le agradezco por su gesto y me pruebo la prenda de inmediato desfilando ante ella, mientras me examino en el espejo para ver cómo esta me queda, ella saca de su bolso aparentemente otro obsequio. - Esto también es para ti – me muestra una caja de color blanca, esta viene envuelta con una cinta de color n***o, retiro delicadamente el lazo que la envuelve y esta se abre dejando al descubierto un hermoso y reluciente anillo de tonalidad plateada, una media luna se forma en alto relieve y junto a ella un diamante que la acompaña, dentro de aquella luna unas pequeñas piezas brillantes también tintinean sin cesar, por un momento pensé que estaba loca pero no, quizá los confundía con circones, pero no, ¡son diamantes de verdad!, y ella termina por confirmar mi teoría. - ¿De dónde lo sacaste? – pregunto inquietante ante el asombro de lo que había visto, esta joya tenía aspecto de ser muy costosa y no creo que mi abuela pudiese haberlo costearlo como un regalo para mí. - Es una larga historia – sonríe evocando lo que parecen ser recuerdos pasados – pensé que quizá estaria mejor contigo, ha estado guardado por tantos años que al fin merece ver la luz otra vez, solo no se lo vayas a mostrar a tu padre – advierte cerca de mí - no voy a soportar otro de sus interrogatorios, de acuerdo – asiento ante su petición y guardo el anillo en uno de mis cajones del buro. Bajamos las escaleras y nos acomodamos de nuevo en los sofás de la sala para seguir en nuestra platica. - Dime Lucy, ¿ya tienes novio? – escucho como papá escupe de la lata de refresco de la cual bebe, voltea a ver a mi abuela con indicio de irritación, siento como un calor sube por mis mejillas y con la respiración aun entrecortada tengo que responder. - No, por supuesto que no – digo ante la inquisitiva mirada de papá, la abuela por su parte se mofa de la actitud de su hijo. - Basta mamá, no sigas metiéndole ideas en la cabeza, Lucy aun es una niña – refunfuña desde el sillón, ella cierra un ojo a modo de guiño y me sonríe. Cuando la cena estuvo lista pasamos al comedor, mamá había hecho su receta especial “Alitas de pollo en salsa buffalo”. Después de todo el estrepitoso incidente conversamos sobre cómo me había ido en la escuela, por supuesto tuve que emitir ciertos detalles, ¡y que tales detalles!, pienso cuando recuerdo lo que èl organizo para mí, todo fue tan lindo que… - Lucy, ¿no vas a comer pastel? – mamá se encuentra agitando una mano sobre mi rostro al parecer me estaban hablando y yo seguía soñando. Mi estómago no daba para más sumándole a ello que ya había comido demasiado en la escuela. - Lo guardare para más tarde – digo tratando de sonar convincente. Estaba olvidando algo muy importante, Chris vendría por mí y no había pedido permiso ni siquiera había tocado el tema. Me intrigaba mucho lo que tenía que decirme Valentino, aunque después de sus acciones no era difícil suponer a donde quería llegar, pero luego estaba el tema aquel del cambio de color de sus ojos, ¿Cómo puedo hacerlo?, sonaba totalmente ridícula al pensar un millón de teorías, admito que aquella acción por un momento me hizo temerle, no sé porque pero recordé a ese ser tan miserable que me intercepto en la carretera, quizá fue por la poca luz que reflejaba en el lugar me digo a mí misma, ¡es lo más seguro!, era irrisorio pensar mal de él, además no tendría nada que hacer por ese lugar eso era obvio acababa de llegar a Boston, jamás pensaría mal de Valentino, definitivamente estás loca Lucille, tienes que dejar atrás lo que te sucedió al menos así tendrás una oportunidad con Tino, me digo para mis adentros intentando olvidarme de todo solo en apariencia, aunque mi mente aun no recordase lo que ese ser hizo conmigo. - Papá, Chris piensa venir hoy a recogerme, es que iremos a … – escuchamos como alguien se estaciona cerca de la entrada, ¡no puede ser! él ya había llegado y yo ni siquiera estaba lista. Corro a abrir la puerta y ahí esta él, lo invito a pasar y se sienta junto a mi familia en el comedor. - Pensé que estarías lista – comenta sirviéndose un poco de pastel. - ¿Lista para qué? – replica papá. - Voy a salir con él – digo sometiéndome a las miradas de todos. Mi mamá y abuela estan contentas con la idea, pero papá pone una expresión de desagrado por el lugar al que pensamos ir. Después de tanto rogar y suplicar por su permiso al final accede, claro no antes de que mamá lo llamara cavernícola y lo amenace con mandarlo a dormir al sillón si no desistía, así que solo le dio una pequeña motivación. Subo a mi habitación para darme un baño y cambiarme a la brevedad, abro mi armario y es totalmente deprimente, mi ropa no precisamente se prestaba como para ir a una fiesta, tomo unos jeans y una blusa que mi madre me la dio al inicio de verano, no me la había puesto ya que la consideraba un tanto reveladora al menos para mí que siempre traía camisetas con mangas largas. Acomodo mi cabello como puedo así que lo cepillo y me coloco una diadema negra, tomo los pendientes y los inserto en los orificios de mis oídos, se veían tan hermosos y brillantes, pero no creo que sea adecuado que los lleve, mis padres podrían verlos y preguntarse de donde los había sacado. Por otro lado, tomo el anillo de mi abuela para examinarlo a detalle, lo coloco en mi dedo anular y este se amolda a mi talla - es tan perfecto – digo al ver como luce, llego a pensar que con estas joyas bien podría pagar gran parte de mi carrera universitaria, me rio de mi ocurrencia y tomo mi chaqueta para salir. Durante el trayecto me asaltan muchas preguntas sobre este curioso artilugio, ¿quién se lo daría?, ¿el abuelo?, por supuesto quien más me digo a mi misma mientras juego con este entre mis dedos.
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