Capítulo 7. Artilugios y sorpresas

4138 Palabras
Lucy W. ¡Feliz cumpleaños número 17!, grita emocionada mamá mientras sostiene un pastel con crema de fresas. Papá y Axel aparecen tras ella para felicitarme, ambos me muestran un obsequio y me lo entregan para que lo abra de inmediato, sabían de lo ansiosa que era en cuestiones de sorpresas. - Espero que te guste – dice papá, lo abro con mucha prisa y al descubrirlo no podía creerlo, ¡era una nueva computadora portátil! – corro a abrazarlos y doy un grito de emoción. - ¡Gracias!, me encanto – expreso con entusiasmo. - Ahora que estas por terminar tu último año supuse que la necesitarías y más aún cuando entres a la universidad – después de decirlo cambio la expresión en su rostro y en su voz, sabía que algo le estaba afligiendo - sé que quizá no pueda pagar la universidad a la que quieres ir – interrumpo. - Papá, no te preocupes por eso, tengo varias opciones, además puedo quedarme aquí he presentado ya algunas solicitudes sé que no habrá problema con ello y si no puedo lograrlo lo hare en cualquier otra que este cerca de aquí, lo sabes, sabes que no me iría lejos de ustedes – digo con un tono de calma para olvidar todo este absurdo asunto, quizá fue un error decirle que mi sueño era ir a Inglaterra para estudiar ingeniería y también socializar con la literatura inglesa, esa sí que era una fantasía y como tal no podría cumplirla nunca, ya mucho era con tener que pagar una escuela privada como para ahora costear una estadía en otro país aun si solicitase una beca. - Llegaran tarde – advierte mamá tomando su bolso alistándose para salir, no me había percatado del tiempo. - Hoy por la tarde vendrá tu abuela a saludarte, espero que llegues temprano no como estos últimos días que tuviste mucha “tarea” – comenta papá entre comillas mientras arruga la frente de forma especulativa. Cuando lo insinua no puedo evitar sonrojarme por todo lo sucedido últimamente, tal vez no debía quedarme con él demasiado tiempo después de clase. Soy consciente que al principio él me caía mal y mucho más que eso, lo odiaba en absoluto, se me hacia una tipo engreído, pedante, descarado… mi lista en si era muy grande y no había papel que abarcara toda esa descripción, al menos eso era lo que pensaba antes de aquel momento en la carretera, después la percepción que tuve sobre su personalidad cambio, fue muy diferente al arrogante que conocí hace ya casi un mes. Su compañía hacía que por momentos vaya olvidando todo ese fatídico hecho, estar con él era tan agradable, tenía un excelente sentido del humor y aunque aún me cuesta admitirlo era tan guapo y encantador, cada vez que me miraba y sonreía era como si me derritiese por dentro, no puedo ocultarlo más, comenzaba a sentir algo especial por él aun en contra de mi voluntad y mis propósitos, el de no verlo más allá que como amigos. - No te preocupes estaré aquí temprano, lo prometo – levanto la mano a modo de juramento, aún estaba algo disgustado por mis “mentiras piadosas” de todos estos dias. Mamá nos lleva a Axel y a mí a la escuela, mi padre se queda descansando en casa pues estuvo de turno toda la noche junto a Oliver. - Al fin me contaras con quien estas saliendo – dice mamá en voz baja para que no escuchara Axel en la parte de atrás. - ¡Mamá!, no salgo con nadie en especial – digo tratando de esconder la realidad, bueno la primera vez que salimos estuvimos todos juntos así que eso no contaba como una cita, después de ello nuestros encuentros fueron más recurrentes, fuimos juntos a muchos lugares, durante un fin de semana visitamos algunos centros comerciales, parques y museos principales de la ciudad. Ella me observa sin terminar de creer lo que decía, quizá mis mejillas rojas me delataban. Cuando llego a la escuela me apresuro a bajar del auto y me despido de ellos. - Te espero por la tarde para ir a casa - advierte ella sacando la cabeza por la ventana. - Claro, allí estaré – respondo dándome la vuelta. - ¡Cabeza hueca! – grita Axel tras de mi – te dejaste la mochila en el auto – voy hasta la ventana y se la arranco de las manos mientras ambos se burlan de mí. Eso me pasa por tener pajaritos en la cabeza me digo con vergüenza. Observo como ellos parten mientras me encuentro parada en la banqueta, avanzo hasta el interior de este para sacar unos libros que tengo guardados en mi locker antes de que comience mi siguiente asignatura. - ¡Feliz cumpleaños! – susurran cerca de mí acentuando la gravedad en su voz, me doy la vuelta y no hay nada más lindo en todo el lugar, él está justo a mis espaldas. - Hola, ¿qué haces aquí? – digo completamente idiotizada, me mira extrañado por mi absurda pregunta, de verdad que era una tonta empezaba a ponerme nerviosa frente a él - Disculpa, olvidé que también estudias aquí – me excuso entre risas como una estúpida. - ¡Ah sí! – comenta mordiendo seductoramente su labio inferior. Se ha dado cuenta. - Si es que… creo que no dormí bien – trago saliva, era una excusa totalmente tonta, pero excusa al fin. - Pensé que te ponía nerviosa – suelta relajado típico en Valentino soltar las cosas a su modo, ¿Cómo pudo leer mi mente?, pienso totalmente inmovilizada, su sonrisa burlona aparece mientras el color empieza a subir por mis mejillas. Cierro la puerta de mi locker fuertemente y esta rebota en su cara. - ¡Perdón! – exclamo asustada al ver lo que hice por mi torpeza creo que ya se me hacía costumbre golpearlo sin querer, acaricio su mejilla para remendar mi error y el parece disfrutarlo. - Creo que voy a dejar que me golpees más seguido – bromea mientras caminamos por los pasillos – oye, ya que casi me aplastas el rostro – lo empujo levemente en el hombro - ¿te molestaría si te doy un abrazo de cumpleaños? Le indico que no negando con la cabeza quiero decirle que es lo que más anhelo en este día, pero eso definitivamente sería mucho. Si más nada me toma entre sus brazos y su calor invade mi ser, es como si me dejara flotar como una pluma al sentirlo tan cerca de mí. - Lucille – pronuncia mi nombre con tono dulce para luego soltarme y verme directamente a los ojos, por mi parte no quiero que este momento acabe nunca. Nos apartamos unos centímetros y es cuando me doy cuenta del espectáculo que habíamos montado, a nuestro alrededor se clavaban un sinfín de miradas y murmullos. - Necesito confesarte algo muy importante – dice apretando levemente la mandíbula mientras su mirada decae hacia el suelo. - Dímelo - manifiesto sin más. - No puede ser aquí – duda unos momentos - ¿Crees que podamos vernos después de la escuela?, necesito que… - continua, pero al parecer algo irrumpe nuestra conversación. Giramos la cabeza hacia al frente y en el horizonte aparecen Liz, Chris y Grazia, los dos últimos andaban tan acaramelados, se habían hecho novios hace una semana y andaban en las nubes. - No creo que necesites más abrazos después de eso – vuelve a salir Liz con sus incomodos comentarios haciendo que el bochorno me consuma de a pocos. Los tres me felicitan por mi cumpleaños después de hacer bromas respecto al tema, Tino no decía nada se tomaba aquel asunto de la manera más normal que pueda existir, tal vez me equivocaba imaginando sentimientos que no existían y el solo me veía como lo que hasta ahora éramos, amigos, al menos ya conocía lo que es estar en ese lugar así que no dejaría que me afecte. Un gritito ahogado me saca de mis pensamientos, por poco y mi corazón sale de mi pecho. - ¡No creen que es genial!, primero Chris y yo, y ahora mi hermano y tú, podríamos salir en parejas. Liz y yo nos miramos sin creerlo, por fortuna Tino y Chris se habían marchado ya para no escuchar esto. - Ahí te la encargo – junta las cejas Liz saliendo en dirección del siguiente pasillo, dejándome a solas con Grazia. - Necesito preguntarte algo – se detiene antes de llegar a su aula, por su tono de voz pensé que sería algo grave. - Si, ¿Qué sucede? – respondo desconcertada, considerando como es ella su tono de seriedad esta vez llega a perturbarme, siempre se veía tan relajada y animosa, desde que la conocí me pareció algo alocada y un poco exagerada en su forma de ser al principio, sin embargo, parecía ser buena persona y a pesar de pertenecer a una familia adinerada no hacia ninguna clase de desplante frente a nosotras, por supuesto que era más agradable que su otra hermana, ella no dejaba de mirarnos con profundo odio cuando nos topábamos de casualidad por la escuela. - Claro, dímelo – por dentro rogaba para que no sea algo de Chris, ya que ahora era la novia oficial de mi mejor amigo, por su parte él no cabía de la alegría y se la pasaba presumiendo por todos los rincones. - Considerando que tú conoces de hace mucho tiempo a Christopher quería pedirte que me ayudes con él, me refiero a sus gustos y preferencias todas esas cosas, ¿me podrías ayudar, por favor? – suplica juntando las manos. Bien aquí vamos, tomo un respiro, no me gustaba el papel de Celestina, pero ni modo así que termino por contarle algunos detalles de él, supuse que estaba ya al tanto de que el siguiente mes era su cumpleaños lo cual por ello necesitaba sorprenderlo. - ¡Gracias!, te debo una – se muestra contenta después de informarle todo lo que necesitaba. - De nada – respondo un poco confundida al hacer esto. Al parecer ella también se veía profundamente interesada en Chris y eso en el fondo me alegraba, quiero verlo feliz al igual que yo me siento en estos momentos. Las horas trascurren sin más nada en especial, después del partido de baloncesto coincido para mi desgracia con Irina y Kristen, precisamente cuando entraba a los vestidores para cambiarme, ambas me detienen el paso al querer ingresar. - Miren a quien tenemos aquí – suelta Irina cruzando los brazos en el umbral de la puerta negándome el acceso a este – la pequeña zorrita de la escuela – insulta carcajeando junto a sus amigas – me entere que ocasionaste una pelea, no puedo creer como alguien se pelearía por una poca cosa como tú – recalca con burla mientras mueve de un lado a otro como una tonta su horrenda y negra cabellera planchada, al parecer no me dejaría en paz por lo ocasionado el semestre pasado cuando la deje en ridículo al hacerle una pregunta y no supo que responder, ella aspiraba a ser presidenta del consejo estudiantil, no era justo lo hacía por mera popularidad, ni siquiera tenía buenas propuestas así que se lo dije lo cual la puso más furiosa. - ¡Cállate estúpida! – grita con ferocidad mientras intenta abalanzarse sobre mí. Un destello rojo aparece, para mi fortuna es Liz quien la jala del cabello y la somete contra el suelo. - ¡Quítame las manos de encima maldita lesbiana! – ordena Irina con evidente enfado, me temía por Liz y su beca si esto llegaba a mayores. - Vámonos Liz, no vale la pena – tomo su hombro para hacerla desistir y asi no se meta en un gran problema por mi culpa. Después de dejar atrás lo que había sucedido en los vestidores nos dirigimos al comedor para almorzar, como no me dio tiempo de cambiarme me quede puesto el uniforme deportivo de la escuela el cual esta combinado por unos pantaloncillos y una camiseta rojo escarlata con líneas doradas. Al entrar en el lugar me percate que en el fondo una de las mesas llevaba un arreglo especial, la pared de esta estaba decorado con hermosos globos de colores metalizados y un enorme pastel de fresas yace sobre la mesa, en el fondo se extiende un panel que dice “Feliz cumpleaños Lucille”, mi quijada casi cae al suelo al ver esa hermosa decoración, solo había una persona en el mundo que me llamaba de esa manera, volteo a ver a Liz y no se atreve a mirarme pues al parecer presiente lo que tengo en mente. - Elizabeth Ryan, ¿tuviste algo que ver aquí? – hago una mueca expresando duda, al ver que me doy cuenta de todo, una risita se le escapa - ¡haz estado dándole información a Tino a mis espaldas!, ¡mala amiga! - la llamo divertidamente mientras la abrazo, todo esto era tan lindo, tanto así que me caería de espaldas por la emoción, pero no es el momento. - Te lo dije, está babeando por ti – cuchicehea avanzando conmigo hasta donde se encuentra esa bellísima decoración – de verdad que si – vuelve a asegurar mirando todos los detalles. No puedo creer que todo esto sea real, para mí es un hermoso sueño, uno en el que ninguna mujer quisiera despertar nunca. Esto iba mucho más allá de lo que podría esperarme, todos sus detalles terminaban por volverme loca, loca de amor por él. Empiezo a recordar la primera vez en la que estuvimos solos, las veces en las que me hacía sentir especial y que el centro de su mundo y su atención era yo, amaba su manera de ser tan divertida, sencilla y alocada a la vez, y aunque sé que en nuestra primera cita fingió y se hizo el tonto cuando le di sin querer ese golpe, aun así, me pareció tierno de su parte que buscara cualquier pretexto para estar conmigo. - Y bien, ¿Qué sientes por él? – pregunta Liz tomándome por sorpresa, hago una retrospectiva en torno a los sucesos pasados, nunca había experimentado lo que él me hacía sentir cuando hablábamos, reíamos y sus abrazos eran tan cálidos que me gustaría quedarme horas junto a él, no podía negarlo más estaba total y perdidamente enamorada. - Tú ganas – respondo con una enorme sonrisa – me enamore de Valentino – concluyo aceptando y reconociendo mis sentimientos. Da un grito de euforia logrando que algunos voltearan a verla pensando que había enloquecido. - Pero por otro lado siento que… - ¡Ay no! – suelta desanimada. - Es como si sintiera que se está disculpando por algo, como si se sintiese culpable, entiendes. - ¿Por qué lo dices? – muestra más seriedad en el asunto - ¿te ha dicho algo? – aprieta los labios como signo de preocupación. - No me hagas caso son solo alucinaciones mías. Cambiamos de tema. - Entonces, vas a decirle que si - declara con tono pícaro en su voz. - Liz, por favor, ni siquiera ha mencionado nada – digo con vergüenza. - ¡En serio!, contigo no se puede en verdad, ¿qué más señales quieres?, ¿un mensaje desde un avión?, ¿que se lance de un paracaídas? – menciona como opciones mientras solo me rio de sus ocurrencias – quizá deseas que haga de campana como en la primera vez que salieron solos y tú me obligaste a seguirlos de cerca por si algo pasaba. - ¡Cállate!, no vuelvas a decir eso – expreso mirándola aturdida por su poco tacto para hablar observo a todos lados para percatarme que nadie haya escuchado – si vas a hacer un favor no tienes por qué sacarlo en cara después. Carcajea y me acuerdo de todo lo sucedido aquel día, siempre es bueno asegurarse ya que no nos conocíamos muy bien y tuve que tomar mis propias precauciones. - Está bien, que sea lo que el destino quiera – digo dándome por vencida ante mis infundados pretextos. - ¡Al fin! – comenta levantando las manos al cielo mientras yo solo me rio de sus gestos, voltea la vista hacia el vitral y luego posa su mirada color esmeralda en mi – hablando del rey de Roma – comenta disimuladamente extendiendo la cabeza hacia atrás. - ¿Qué? – intervengo sin lograr entender muy bien. - Lucy, no me obligues a golpearte – brama sin paciencia - ¡Ahí viene Tino! – señala con su pulgar hacia la puerta principal y entonces un estado de agitación entra en mí. Es aquí cuando se supone debería tomar una decisión, ¿me quedo o me voy?, si me quedo estaría aceptando que me agrada todo esto y cómo no hacerlo, suspiro pensando en ello, y si me voy igual no pensarían nada de mí, claro solo que soy una cobarde y que nunca saldrá de su estúpido c*****o por miedo a aceptar lo que empezaba a sentir. La temperatura en mis manos se asemeja a un iceberg, mis nervios estaban de punta y siento como si un remolino acarreara todo mi ser, quiero dejar de ser una cobarde, pero sé que no podré hacerlo nunca. Trato de calmarme para no ponerme en evidencia, ¡qué horror!, me digo al ver cómo estoy vestida, justo hoy, el día de mi cumpleaños tenía que haberme dejado puesto el uniforme de deporte. Mis ojos se agrandan cuando esa arrolladora presencia se acerca a nosotras, trago saliva al no saber qué hacer con esa mirada, esa que me atrapa y me lleva hasta las estrellas. - ¡Guau! – exclama mirando todo a su alrededor, quiere hacerse el desentendido subestimando mi inteligencia a pesar de que todo era obvio, - ¿Quién hizo todo esto? – pregunta sentándose junto a mi mientras intenta ufanarse de la situación. - Creo que tengo al arquitecto justo frente a mí – no puedo creer que lo haya dicho, ¡lo hice! digo para mis adentros. Un leve tono rosa aparece en sus mejillas, logre que se sonrojara por primera vez, ¡no puedo creerlo!, después de ello no pudo evitar soltar esa sonrisa encantadora al darle entender que conocía al responsable. - Muy bien, ¿dime entonces por qué crees que lo haría? – pregunta coquetamente acercándose aún más a mí, él si no se reservaba para nada. Observo como es que Liz quiere marcharse del lugar para darnos privacidad, pero la detengo, si, ya lo sé, jamás se me quitara lo cobarde pero no quise quedarme a solas con él aun no. Al instante aparecen Chris, Grazia, Fabrizio, menos la odiosa de Fiorella ella no asomo por ahí ni de casualidad supongo porque estaba al tanto de ello. Algunos de mis compañeros y también el equipo entero de futbol son atraídos por la curiosidad de ver lo que se estaba celebrando. Este sin duda es el mejor cumpleaños de toda mi vida, el pastel fue devorado por supuesto por todos los del equipo no sin antes embarrarme parte de la cara con este, algunos de mis maestros también se acercaron a felicitarme, aun no comprendo cómo había logrado autorización para hacer esto. Mis rojas mejillas arden por tan grande y dichoso momento, no me gustaba estar en medio del ojo público, pero sin duda tener la compañía de todos ellos me hacía sentir tan feliz y agradecida a la vez. Al pasar a retirarnos a nuestras aulas, Chris y Jordan nos comentan sobre una fiesta que venía organizando el equipo para esta noche, esta sería en una casa club de la familia de Jordan, nos invitaron muy cordialmente, muy a mi pesar sabía que eso era imposible, papá no me dejaría ir por nada del mundo. - Vamos Lucy, es viernes – ruega Liz, Grazia también interviene en el discurso y por supuesto no podía resistirme a la petición de Valentino. - Si gustas voy a tu casa para recogerte y de paso hablo con tu papá para pedirle permiso – cuando lo dijo tuve la sensación de que mi estómago se vació, él lo botaría a patadas definitivamente, no solía traer amigos a la casa a excepción de Liz y Chris a quienes ya los conocía desde hace varios años atrás. - No creo que sea lo mas conveniente – carcajea Chris - Dave te mata antes de que entres a su casa, es algo celoso – susurra hacia él - no te preocupes yo iré por ella – dice decidido, veo en el rostro de Tino que no le gusta mucho la idea, pero no había de otra – él me considera casi un hermano para Lucy, así que será más fácil que la deje salir – concluye. - Un momento – aclaro dirigiéndome hacia Chris – no sé si me dejé ir, así que no te hagas muchas ilusiones. - ¿Dudas de mi poder de convencimiento? – dice dándole un tierno beso a Grazia en la mejilla, veo de reojo a Tino, quien aún se reservaba esas ansias que tenia de partirle la cara. La hora de salida llega, agarro mis cosas y salgo hacia la dirección donde me encontraría con mamá, avanzo por uno de los pasillos para ver si me topaba con Liz e irnos juntas y no llego a encontrarla. De pronto siento como alguien tira del llavero de mi mochila y me jala hacia atrás, es él saliendo de entre una de las gruesas columnas del pasillo. - ¿A dónde vas? – pregunta sosteniéndome por la cintura mientras me llevaba consigo debajo de las escaleras, intento zafarme de su agarre, pero es en vano, ni siquiera puedo apartar su brazo. - Voy a ver a mi madre, me está esperando – respondo nerviosa por su actitud tan demostrativa. - ¿Necesitas que te lleve? – se da cuenta de mi incomodidad y me suelta – perdón, no quería… ya sabes – comenta un poco avergonzado caso extraño en él. - No te preocupes – sonrío como una tonta al mirarlo es tan bello que no puedo evitar derretirme cuando lo veo - gracias por tu ofrecimiento, pero ella pasara por mí. Avanza junto a mi hasta llegar a la sala de proyecciones del instituto, se detiene en la puerta y me invita a pasar, lo sigo sin pensar en lo que me depararía e ingresamos juntos. - Te tengo un regalo – comenta sacando una pequeña caja de su bolsillo – no quise dártelo durante el almuerzo porque quería hacer este momento especial – mi corazón late con más fuerza que nunca. Abre la pequeña caja y de esta relucen unos hermosos pendientes con incrustaciones de zafiro, no puedo creerlo esto ya es demasiado, como aceptarlo si a la vista resaltaba que era una joya exclusiva. - Son para ti – toma mi mano y deposita la caja en esta. No puedo responder nada, estoy completamente enmudecida por la impresión, es la primera vez que alguien me daba un regalo de esta manera. - Espero verte esta noche, te prometo que estaré ahí esperándote – dice acercándose a mí, su rostro esta tan cerca al mío que casi puedo sentir su respiración. Mientras me encuentro perdida en sus ojos azules él parpadea rápidamente y noto como la tonalidad de estos cambian a un tenue color ámbar por unos segundos, quedo atónita ante ese hecho y un sentimiento de deja vu aparece en mí o tal vez sea un mal reflejo de la luz ya que el lugar es un tanto oscuro Aparentemente él se da cuenta de mi reacción y me suelta lentamente. - ¿Cómo hiciste eso? – pregunto aun aturdida, esto era extraño, quiso disimular y a pesar de que quiso hacerme entender que estaba confundida no lo logro, así que se dio por vencido. - Ven esta noche y te lo diré – lo observo extrañada por su tan misterioso comentario, hay algo que estoy presintiendo y no es nada bueno. - Eres demasiado obstinada cuando te lo propones – comenta con una sonrisa al examinar la tensión en mi cuerpo, acaricia mi mejilla con una de sus manos y puedo sentir el calor que emana de él. - Lo intentare – digo posando de nuevo la vista en él, me acerco de puntillas hasta su rostro y le doy un beso en la mejilla y sin nada más que decirnos me marcho de ahí apresuradamente. No puedo creer que fui yo quien lo haya besado, ¡rayos!, se supone que no debía haber aceptado su regalo, me regaño a mí misma aun sosteniéndolo entre mis manos.
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