MANUELA Despierto desorientada, adolorida y cansada. Estoy en una cama que no es para nada la mía, en un cuarto blanco súper pequeño, donde hay mil aparatos médicos. Una enfermera está sobre mí sonriendo. —Bienvenida de nuevo. Intento saludar pero mi garganta está seca. Inmediatamente la cama es levantada un poco —lo cual hace que mi estómago duela— y un vaso de agua es puesto sobre mis labios. —Bebé un poco cariño. — Obedezco y el alivio que siento hace que suspire. La joven enfermera ríe — Soy Anabelle, estoy comprobando en estos momentos tus signos vitales y voy a revisar la herida y luego cambiaré el vendaje. —Gracias. ¿En qué hospital estoy? —Estás en el hospital central — Vuelvo mis ojos hacia la mujer que habla y me congelo al verla. No es nada más y nada menos que Gabriela Q

