—Hola, cariño— dijo cuando respondió, con un gruñido en voz que me hizo temblar de nuevo. Si, yo era suya, en cuerpo y alma. Era una pregunta que había reflexionado durante un tiempo. ¿Era suya? Si lo soy, ¿ pero qué soy para él ? Esa parte realmente no importaba, pero yo sabía que era suya, me quisiera o no. Había despertado este demonio en mí, ahora tendría que encargarme de ello. —Hola, Matteo— respiré en el teléfono, relajada contra mis almohadas. —¿Cómo vas a solucionar este, hmm, pequeño problema que tengo? — Me sentía un poco tonta al hablar de cosas sexys como esta con él por teléfono, pero también era divertido. —Bueno, tienes que ser atrevida, cariño. ¿Tienes los pezones duros? — Hizo la pregunta con indiferencia como si la respuesta no importara. —Si— le dije con un grito

