Tomura y Dabi, habían llegado al fin dónde el líder de los Ocho Preceptos de la Muerte. Kai estaba sentado en un sillón, con rostro serio. En medio había una mesa con un juego de shōgi y otro sillón más. -¿Por qué no me dejaron venir solo?- reclamó Shigaraki- No me gusta que me traten cómo intruso. -En mí lugar, eres un intruso- le dijo el pelinegro- Además me enferma la gente cómo ustedes, Liga de Villanos. Se creen los dueños del mundo y son solo escoria. -¿Escoria? Te recuerdo, líder de pacotilla, qué tú pediste mí ayuda. ¿Acaso no necesitan a la Liga para salir de su escondite miserable?- puso los pies sobre la mesa de centro. -Baja tus asquerosos zapatos de mí mesa. -No tengo tiempo de lloriqueos. Al grano, Chisaki. Dabi se sentó al lado de Tomura. Sus ojos no dejaban de ver a K

