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Nunca has sido Mío

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Descripción

Un año de matrimonio siendo solo una esposa por contrato.

Un año creyendo que, tal vez, existía cariño. Que en algún momento podría surgir algo real entre nosotros. Pero nada estaba más lejos de la verdad.

Para Landon Meyer, yo solo fui la excusa perfecta, la fachada ideal para mantenerse cerca de su verdadero amor sin levantar sospechas ante la sociedad.

Y yo, acepté. A cambio de migajas, construí en silencio mi propio imperio, escalando hasta convertirme en una empresaria reconocida.

Pero ellos no lo saben. Aún no.

Porque cuando mi infierno termine, cuando el mundo descubra que mi exesposo y mi hermanastra —la intocable, la perfecta, la “santa”— son ahora la pareja ideal, yo ya no seré la misma mujer ingenua a la que engañaron.

Aunque debo admitirlo, alguna vez él llamó mi atención.

No la suficiente como para que me viera, tal vez porque siempre fui invisible para él. Demasiado recatada, correcta, fea, pero nunca una mujer.

Y en medio de esa desilusión, me perdí.

Una noche. Un bar. Un reto.

Una decisión impulsiva que cambiaría todo, entregarme a un completo desconocido.

Lo que no sabía era que ese error traería consecuencias.

Pero no importa. Ya estoy divorciada. Me iré lejos. O eso creía.

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La esposa está de vuelta.
PVO Elara. La lluvia caía a cántaros y la noche parecía rugir alrededor del lujoso automóvil que avanzaba sin detenerse hasta la mansión de los Meier. Aquella casa seguía siendo tan imponente como la recordaba. Fría, arrogante, sin vida. El lugar donde esta noche se celebraba una de las fiestas más importantes del año, organizada en honor a la señora Lindberg, quien regresaba al país después de años en el extranjero y además, venía dispuesta a otorgarle al Grupo Meier el contrato más ambicioso de toda la década. O al menos eso creía Landon Meier, mi exesposo. —Qué curiosa es la vida, ¿no te parece, Elara? —dice Luana, arrancándome de mis pensamientos—Hace cinco años saliste de aquí con nada más que la ropa puesta y un proyecto que ni siquiera sabíamos si funcionaría. Y ahora mírate, regresando por la puerta grande, usando un vestido que vale más que todo el clóset de la sarnosa de Ariana junto. Irónico, ¿no? Luana suelta una carcajada divertida. Ella había estado conmigo en mis peores noches. Cuando lloraba hasta quedarme dormida, cuando no tenía dinero, cuando todos me dieron la espalda. Y ahora estaba aquí, a mi lado, lista para ver arder el mundo conmigo. Yo en cambio, mantengo la serenidad mientras observo la lluvia deslizarse por la ventana del auto. Cinco años. Cinco largos años desde la última vez que vi a Landon Meier, mi ex esposo. O eso creía. Porque hace apenas unas semanas descubrí algo que me revolvió el alma por completo, legalmente, sigo siendo su esposa. Y no sé qué resulta más ridículo, que él nunca firmara el divorcio o que yo jamás me enterara. Se suponía que estaba comprometido con Ariana, mi hermanastra. La mujer que siempre amó a escondidas y también, la mujer por la que me deshechó. Pero no puede casarse con ella.No mientras siga unido a mí. Curioso, considerando que siempre fui el error de su vida. —Supongo que por eso nunca anunciaron la fecha de su boda.—murmuro, casi para mí misma. —¿Qué decías, Elara? —Nada. El chofer se apresura a abrirnos la puerta y extiende un elegante paraguas n***o sobre nuestras cabezas, mientras Luana, observa la mansión con evidente disgusto. —Bah, volver a esta casa me da repelús. ¿A ti no, Elara? —No —respondo mientras acomodo la capa negra que cubre mi vestido de pies a cabeza—. A pesar de todo, todavía guardo algunos buenos recuerdos aquí. Muy pocos, pero los suficientes. Casi todos relacionados con mis suegros. Ellos fueron los únicos que alguna vez me trataron como una persona y no como un estorbo. Los únicos que estuvieron felices de que yo me convirtiera en la esposa de su hijo. Espero que sigan bien. Y espero, también, que Ariana no haya terminado de destruirlos como hizo conmigo. Porque detrás de esa sonrisa dulce y esos ojos inocentes, mi prima no era más que una serpiente vestida de blanco. Y yo fui lo bastante estúpida para creerle. ¿Qué obtuve a cambio? Humillaciones, traiciones. Y una patada cuando dejé de ser útil.Pero también obtuve algo más: Ambición. La suficiente para levantar mi propia empresa desde cero, arriesgándolo todo, soportándolo todo, hasta convertirme en alguien a quien ya no podían ignorar. —¿Señora Lindberg? —la voz del chofer me devuelve al presente—Todos la están esperando. —Incluido tu todavía esposo —añade Luna entre risas—. Ya quiero ver la cara de Landon y de esa arpía cuando descubran quién eres realmente. Mis labios se curvan apenas. —Sí, yo también quiero verlo. Comenzamos a caminar hacia la entrada principal de la mansión, pero mi teléfono vibra antes de llegar. Y el simple nombre en pantalla derrite por completo la dureza en mi expresión. “Ratona” Sonrío antes incluso de reproducir el audio. —¡Mamiiii! ¡Adivina! ¡Me eligieron para interpretar a Cenicienta! ¿Vendrás a la obra el próximo fin de semana? ¿Sí? ¿Síii? Mi corazón se estruja de amor, y Luana aprovecha eso para arrebatarme el celular antes de que pueda responder. —¿Cómo podríamos negarnos a nuestra princesa? Claro que iremos, ratoncita. Tu mamá Ela y la tía Luana estarán en primera fila. No puedo evitar reír suavemente. Pero la sonrisa desaparece casi de inmediato cuando vuelvo a levantar la vista hacia la mansión: Mi antigua prisión. Las luces doradas iluminan el enorme jardín, o lo que alguna vez fue un jardín. Las rosas que tanto amaba ya no existen. En su lugar solo hay cemento, esculturas modernas y decoración excesiva. Muy al estilo de Ariana. Finalmente llegamos a la entrada principal, donde un hombre nos detiene. Y lo reconozco al instante: Renzo. El antiguo conserje de la casa de mi padre. El mismo que trataba a Ariana como si fuera una reina mientras fingía que yo ni siquiera existía. —Invitación —exige con tono seco, aunque poco a poco va abriendo los ojos hasta reconocerme finalmente, y susurrar un corto, «carajo, no puede ser ella» Sí, Renzo sigue siendo un...desgraciado. —Soy la invitada de honor esta noche —digo alzando ligeramente el mentón. —La invitación, por favor. Ni siquiera intenta disimular el desprecio con el que me mira. Nada nuevo. —¿Acaso no la escuchaste? —salta Luana molesta—Ella es la invitada más importante de esta fiesta. Renzo suelta una carcajada cargada de burla. —¿Ella? Por favor. Háganse a un lado y dejen pasar a los verdaderos invitados. Luana da un paso al frente furiosa, pero la detengo antes de que pueda lanzarse sobre él, y sin apartar la mirada de Renzo, saco lentamente de mi bolso la tarjeta negra con chip dorado. —Aquí tienes. Compruébalo. Renzo toma la tarjeta con arrogancia pero el color abandona su rostro apenas la escanea: Acceso autorizado. Sus ojos se abren con incredulidad y Luana esboza su sonrisa malévola. —¿Ahora sí podemos entrar? —pregunto con calma. Él aprieta la mandíbula antes de hacerse a un lado. —Adelante.—Gruñe con evidente molestia. —Caray, mira quién viene —susurra Luana, apenas cruzamos el pórtico. Levanto la vista. Y ahí están. Ariana Ashford y su inseparable amiga, la hija de un duque , caminando hacia nosotras con vestidos de diseñador y sonrisas falsas. Pasan de largo, sin reconocerme. Supongo que hace cinco años mis kilos de más, mi ropa sencilla y mi inseguridad eran todo lo que recordaban de mí. Ahora soy otra mujer. —Renzo —lo llama Ariana—. ¿La señora Lindberg ya llegó? —Aún no, señorita Ariana, pero… Su mirada se desliza hacia mí. Y entonces Ariana voltea. Por un instante duda. Mi capa todavía oculta parte de mi rostro. Pero lentamente me la retiro, y el silencio cae. Los ojos de Ariana se abren de par en par. Su amiga incluso deja de respirar por un segundo. —¿E-Elara… —¿Cómo has estado, Ariana? —pregunto con una sonrisa elegante. La sorpresa en su rostro dura poco, muy poco. Porque enseguida vuelve esa expresión altiva y venenosa que tanto conozco. —Vaya, vaya, pero miren quién regresó. La bastarda y su media… —…basura —termina su amiga mientras mira a Luana con desprecio. —¿Qué dijiste, peliteñida? —Luna intenta lanzarse sobre ella, pero vuelvo a detenerla. La tensión crece entre nosotras. —¡Por Dios, Ariana! —exclama la rubia—. ¿Qué hacen estas dos salvajes aquí? —Eso mismo me pregunto yo —Ariana cruza los brazos mientras me observa de arriba abajo. Y puedo verlo en sus ojos—No esperaba que te vieras así. Pensé que habías desaparecido de nuestras vidas para siempre. —Créeme, no estoy aquí porque quiera verte —respondo con frialdad—Estoy aquí porque fui invitada. Las dos estallan en carcajadas. Claro, ellas todavía creen que sigo siendo Elara Ashford. La hija ignorada, fracasada, la mujer que expulsaron de sus vidas sin nada. Lo que no saben, es que la poderosa familia Lindberg, los inversionistas que salvarán la empresa Meier, también es mi familia. Mi familia materna. Una verdad que mi padre jamás descubrió. Él siempre creyó que mi madre era una simple arquitecta que lo apoyó en silencio mientras construía su imperio. Nunca supo que ella pertenecía a la familia más poderosa del país. —¡Seguridad! —grita Ariana de pronto. En segundos, varios guardias nos rodean. Luana se aferra discretamente a mi brazo, intimidada por aquellos hombres enormes. Pero yo no retrocedo. No esta vez. Levanto lentamente el rostro y fijo mis ojos en Ariana. —Tienes razón —digo con voz firme— La persona importante que todos esperan esta noche… soy yo. El mundo parece detenerse. Ariana se queda inmóvil, su amiga palidece. Y justo entonces, detrás de ellas, aparece él. Landon Meier, más guapo de lo que puedo recordar. Acompañado de su mejor amigo. Su mirada llega hasta mí, y se congela. Sus ojos recorren mi vestido n***o, mi figura, mi rostro, como si intentara entender si realmente soy la misma mujer que abandonó hace cinco años. Y por primera vez desde que lo conocí... Landon Meier parece completamente sin palabras, ese hombre que nunca fue mío y que para mi desgracia, aún sigo amando, de lo contrario, mi corazón no latería de esta manera. Pero esto.. recién comienza.

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