Rosy contonea sus caderas al ritmo de la música, las mueve en esa zona donde sabe que obtendrá respuesta. Se muerde el labio coqueta, sabe que el rubio no la está viendo y sonríe. El agarré se afianza en sus caderas. Se calientas con las manos, se calientan con sus cuerpos, cuando Rosy siente la creciente erección en su culo se voltea. Hambre. Eso es lo que hay en la mirada del hombre rubio. Llevada por el momento toma los labios de él, posiciona una mano en la base de su cuello y lo acerca más aun a ella. Besos lentos, besos pasionales, besos ardientes. Con la respiración echa un caos murmura en el oído de él. —Si estáis de acuerdo, conozco un lugar donde podemos dejarnos llevar. Alejo la mira. No se opondrá. Asiente. —Espero que lo que veáis lo mantengáis en secreto —susurra—. O

