Domingo, 11 de septiembre de 2022. Rosy se despierta por el insistente timbre en su departamento. Mira la hora en su móvil. «¿A quién coño se le ha ocurrido aparecer en su departamento a las siete de la madrugada?». Gruñe, para una persona normal serían las siete de la mañana, pero no para ella siendo un día domingo, cuando duerme hasta que su espalda se canse de estar acostada. Se levanta soñolienta, buscan las pantuflas y se las pone, un albornoz y sale a ver quién cojones está necesitándola tan temprano. Sin ver por la mirilla de la puerta, abre. Queda estupefacta con la persona que le devuelve la mirada. Lo mira sin poder creerlo. Él la mira, se dibuja una sonrisa en su rostro, sus ojos grises la detallan con mesura, evaluando sus expresiones. —Eh… —se interrumpe sintiéndose in

