La escanea con su mirada calculadora. Su asistente, cada día que pasa se pone más y más buena, cosa que lo frusta. No debe olvidar quien es, y mucho menos quién es hermana. Su cuerpo lleno de testosterona quiere desafiarlo y lo lleva directamente a ella. —Rosy —su diminutivo sale de sus labios mucho antes de siquiera pensarlo. En su adolescencia solía llamarla así, cosa que cambió a raíz de lo del baile de graduación —. Que sorpresa encontraros por aquí. «Sí, que lamentablemente sorpresa encontraros». Piensa para sus adentros. —Está haciendo un día espléndido, ¿verdad? —dice para evitar esos pensamientos negativos. Jared sonríe, una sonrisa capaz de hacer mojar las bragas de cualquier mujer, incluso las de ella. —La verdad es que sí —le responde, sin preguntárselo se sienta a su

