Mónica Los gritos de tres hombres me sacaron del sueño. Me levanté de la cama en silencio, asegurándome de no despertar a mis hijos. Me acerqué a la ventana, sin esperar lo que mis ojos estaban por presenciar. Afuera, Alejandro peleaba. Lo reconocí de inmediato, junto a él estaban Manuel—el cuarto al mando—y Pablo, quien se presentó como su Beta. Ver a Alejandro así, con el torso descubierto, sus músculos marcados tensándose con cada golpe… me dejó sin aliento. No era solo su fuerza lo que me estremecía, era la forma en que su cuerpo se movía. Dominante. Imparable. Salvaje. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente. Aun herida, aún temerosa, lo deseaba. Pero entonces, la realidad me golpeó como una daga al pecho. Pensé que me había traído a su hogar solo por los niños. Que su deber lo e

