Marisa Con cada beso me devoraba las emociones; no quería que dejara de tocarme. Mis pechos estaban duros y me sentía tan húmeda entre las piernas. Nunca había sentido algo así. Estaba llena de anhelos que no sabía cómo apagar hasta que mis manos encontraban el cuerpo de Manuel. No sé de dónde salió el sobrenombre, pero brotó de mi corazón, y al ver que le agradó, sentí paz. Jugando con su m*****o, lo escuchaba hacer sonidos de hombre perdido en sus deseos, y yo quería enredarme con él, ser parte de ese descontrol. No sabía cómo unirme hasta que sentí sus manos sujetar mis nalgas. Manuel me levantó, acercando mis senos a su rostro. Sus labios se apartaron de los míos solo para rodear con su boca mi pecho. El sentimiento me hizo mover las caderas involuntariamente, y Manuel me sostuvo
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