Manuel Tenerla en mis brazos encendió el enlace de mates como un fuego imposible de apagar. En sus ojos vi el reflejo: ella también lo había sentido. Fueron dos días de infierno, después de que me dejara ver todo su pasado. Dos días en los que no me permitió tocarla, dos días en que la llevé a su habitación sin su consentimiento, porque se desmayó de repente. Dos días en que mi lobo se volvió un desastre, ansioso y desanimado, mientras yo no podía dormir ni servirle a nadie. Alfa Alejandro tomó mis deberes, porque yo ya no era más que un cuerpo vacío esperando a que mi mate despertara. Pero ahora… ahora, con Marisa viva y consciente en mis brazos, todo volvía a tener sentido. No me importó nada más: la apreté contra mí en un abrazo real, y tanta ternura me desbordó que mi lobo dejó esca

