Al llegar al interior del palacio, Carlos se acercó a mí con pasos apresurados y una urgencia que le cruzaba el rostro como una sombra. —Tengo que hablar contigo y con los que traje de la iglesia, Alfa. Es sumamente importante. Creo que encontré a alguien que puede darnos información sobre Augusta. El brillo en sus ojos no dejaba lugar a dudas. Carlos hablaba en serio. Y si se trataba de ella… de mi Luna… no iba a perder un segundo. Asentí con firmeza y lo seguí sin demoras hacia el antiguo cuarto del trono. Aquel salón donde una vez Philip fingió reinar sobre un pueblo que no le pertenecía, sobre una corona que no era suya. Cada paso que daba hacia ese trono era una ofensa directa a su memoria… y una victoria mía. Pero antes de sentarme, envié un enlace rápido a uno de mis guerreros a

