
Diana es una chica que ha pasado por mucho en sus vidas (literal), harta y completamente cansada de tratar de amar, decide volverse autosuficiente y desinhibida, fuerte aguerrida y sin atarse a nada ni nadie.
Todo iba bastante bien, hasta que se tropieza a cada paso con cada una de las escorias que le arruinaron cada una de sus vidas anteriores.
Aunque la rivalidad se hacía cada vez más agresiva, ella nunca miró en su dirección siquiera.
Ella miro a los tres con desprecio y asco. Pero por un momento una idea descabellada y completamente absurda que pensó, podría funcionar para deshacerse de esas plagas apareció. Con una sonrisa y tono sardónicos se acercó a ellos.
—¿De verdad me aman tanto?
«Malditos hipócritas»
Ellos asintieron firmemente y, como si estuvieran en una competencia, de alguna manera se miraban entre ellos con intenciones asesinas empujándose el uno al otro para estar frente a ella.
—Sí
—Sí
—Sí
—Entonces, buena suerte. Todos ustedes me avergüenzan, así que no serán más que simples amantes, ¿Están dispuestos?
Todos se olvidaron de “competir” por un segundo mientras la miraban aturdidos. Al ver su reacción Diana se dio por bien servida y estaba por irse.
—Lo hare.
—Está bien...
—¡De acuerdo!
Ella se giró sorprendida y los miro sin poderlo creer.
—¿Son estúpidos acaso?
Con una perspectiva diferente, decide jugar de igual manera que en la que en algún momento la hicieron pasar.
