Las escondidas

1587 Palabras

DIANA Resulta que subestimé el trabajo. Mia era una chica famosa; nunca se sabe qué hará o dirá al instante. ¡Impredecible! Y como si tuviera ruedas bajo los pies, la chica no puede quedarse quieta más de un momento. —¡Mia, nena, deja de correr! ¡Te vas a lastimar!—, grité por tercera vez. Seguíamos en Industrias Holland. Mientras el señor Holland estaba encerrado en su oficina o quizás trabajando, yo corría detrás de la niña en el mismo piso. Su risa resonaba en el pasillo. —Diana, atrápame—, me espió desde otra oficina que, según supe, pertenecía al señor Ryan, el secretario del señor Holland. Tenía veintitantos años y ojos castaño claro con cabello rubio. Respiré hondo, bendita sea la niña, pero ahora mismo me parece la encarnación del mal. Mantuve la mano en la cintura y me arrastr

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