Mientras tanto en la mansión Gardener, Luciano se encontraba en su despacho como siempre sumido en su trabajo. No pasó mucho cuando su celular volvió a sonar con un nuevo mensaje entrante del mismo número desconocido. Lo abrió. Frunció el ceño sin comprender, pero pocos minutos después cayó en cuenta, porque aunque no comprendiese el trasfondo de aquel mensajes lo cierto era que anunciaba peligro. Uno al parecer inminente. Unas horas después... —¡HAZ ALGO PERO CÁLLALOS YA! ¡ESTOY CANSADA Y NO ME DEJAN PENSAR! —gritó de mal humor, colocando sus dedos en el puente de su nariz. —No es mi culpa, tienen hambre y Lyra les estaba dando pecho. Yo no puedo darles pecho —comentó la joven sentada en un sofá con ambos niños en los brazos que no paraban de llorar. —Pues no me interesa Charl

