—¡Esto duele! —se quejó gritando—. Duele como el infierno. Te juro Logan Gardener que no me volverás a tocar nunca más en lo que reste de nuestras vidas —amenazó muy adolorida desde la silla de ruedas. Él no podía hacer más que ofrecerle su mano como consuelo y obviamente cerrar la boca o sin duda recibiría una gran insultada. —Doctor, ¿cuanto más hay que esperar? —inquirió—. Es obvio que le duele mucho —habló con sorna, algo que no pasó desapercibido por ella y provocó que se ganara un puño en el estomago que le dolió más de lo que le gustaría admitir. El doctor río suavemente al presenciar tal escena y habló— Hay que esperar que los bebés estén en posición para poder sacarlos, tiene que tener más contracciones —explicó dirigiendo esta vez su mirada a la carpeta que llevaba en sus man

