Ver cómo su madre evitaba preguntar solo la incomodaba. La comprensión que le mostraba solo la irritaba; se sentía estúpida. Podía ver el esfuerzo que hacía su madre para evitar hablar del tema. Quizás debía agradecer que fuera así, pero cada vez que la veía a los ojos, el sentimiento de incomodidad solo aumentaba. Estaban en una de las casas de seguridad más seguras que podían tener en San Petersburgo. Estaban en los suburbios; el pueblo era pequeño y las personas que habitaban en él eran leales de confianza. Nadie desconocido entraba allí sin que la organización Novikov lo supiera. Mantenían el control de todo mediante la información. Penetrar el lugar era casi imposible, no cuando el factor sorpresa allí era inexistente. - No soporto que me sigas viendo así -habló Dasha, apartando la

