Gled miraba a Dasha por el espejo retrovisor. Había sido toda una faena sacarla de aquella mansión; estaba cegada por la ira y ahora solo lloraba sentada en el asiento trasero del auto. Estaba más calmada luego de casi haberle volado la cabeza a Gled por haberla sacado de allí. Lágrimas tras lágrimas salían de sus ojos, rodando por sus mejillas. Lloraba en silencio, pero su dolor era más que evidente; le había llamado cobarde. Él explicó, con toda la paciencia del mundo, la situación en la que estaban. Estaban en desventaja; hubiera sido muy estúpido quedarse. La mayoría de sus hombres estaban muertos, estaban en territorio de Andrey. Cualquier guerra que se iniciara allí lo tendría a él como ganador; no era inteligente quedarse. Ella parecía entenderlo, pero le causaba mucho pesar verla

