Gled sabía exactamente qué había visto en la mirada de Dasha: decepción. Tuvo que admitirlo. Suspiró profundamente mientras caminaba de un lado a otro. Una conversación incómoda y seria estaba a punto de llevarse a cabo, lo sabía. Tendría que dar bastantes explicaciones de las cuales preferiría no hablar, pero no tenía opción. No era como si pudiera elegir cuándo hablar y cuándo no. Esperaba paciente a Dasha en la sala de estar. Nunca antes había estado tan nervioso por una conversación. ¿Qué le diría? ¿Qué se suponía que iba a decirle? ¿Que se había acostado con la hermana de su esposo? La misma que era prohibida para cualquier hombre que no fuera el destinado por Ivanov para ser su esposo. Sabía perfectamente el precio a pagar por aquel acto que podía denominarse subordinación o, peor,

