Ni siquiera supo en primera instancia por qué aceptó; solo había asentido, caminando directo al comedor, dejando claro antes que esa noche sería reducida de su trato inicial de cinco noches. No dijeron una sola palabra; solo tomaron asiento en la mesa justo cuando la servidumbre iba a retirarla, pensando que no vendrían, pero fueron sorprendidos con ambos sentándose en la mesa: Andrey en la cabecera y Dasha justo a su lado. La mujer no había puesto mucho interés en la comida, pues era meticulosa, atenta y no le gustaba dejar nada al azar, ningún cabo suelto, debido a que le gustaba tener todo bajo su entero control. Estaba evaluando la situación mientras enumeraba cada uno de sus pensamientos y preguntas internamente, cosa que no había pasado desapercibida para Andrey, quien tenía su ate

