De dónde estaban saliendo tantos hombres, se preguntaba Gled mientras disparaba a diestra y siniestra. No había tenido chance de subir al segundo piso, pero con todo lo que estaba pasando abajo, los gritos de las mujeres del servicio que él intentaba mantener a salvo a toda costa y los estruendos de sus almas al ser disparadas debieron poner en alerta a Dasha; debía estar más que enterada de lo que estaba pasando en la casa. Gled se resguardaba tras una de las columnas al lado de la escalera. No había forma de que alguien las subiera mientras él respirara, y las mujeres de servicio, las cuales eran bastantes, estaban resguardadas detrás de un gran sofá blanco, al menos las que no habían sido alcanzadas por las balas enemigas. Habían sido sorprendidos a altas horas de la madrugada. No ten

