MESES ATRÁS Tecleo rápido en mi ordenador, deseando acabar por fin el puñetero trabajo que tengo que entregar la semana que viene. Ya no sé ni lo que escribo. Me bailan las letras y mis dedos se traban de tanto usarles. Acomodo mis gafas en mi nariz al notar que se me están resbalando por esta. Odio eso, pero por mucho que las ajuste, siempre se me bajan. No sé por qué, porque son mi talla pero parece ser que cuando mi cabeza tiene que funcionar y pensar se encoje con tanto uso y las gafas no se amoldan bien a esta. Estoy tranquilamente en mi casita, tumbada en el sofá y con el portátil sobre mis piernas. Tengo la tele puesta, pero no me estoy enterando de nada. Solo la tengo para que haya algo de ruido. El silencio me gusta, pero llega cierto momento en el que me acojona un poco y si pue

