PRESENTE Me entra una tremenda pereza cuando sé que tengo que levantarme a estas horas en las que no hay ni un alma despierto. Me levanto a las 10:30, tal cual había puesto el aviso en mi móvil. Vale, puede que esa hora se considere normal para muchas personas, pero para mí no. Yo considero madrugar a cualquier cosa que me despierte, sean las 7 o las 12. Siempre he dicho que cuando mis ojos y cuerpo decidan que ya he dormido suficiente es cuando yo no madrugo, el resto de las ocasiones en las que algo me toca los cojones para que me levante de la cama es lo que no me gusta. A lo que voy que me lío, apago mi alarma antes de que empiece a sonar más alto y despierte al chico que descansa a mis espaldas. Suspiro sabiendo que esto es por una buena causa, así que dejo que Jack siga durmiendo y

