*19*

1352 Palabras
Loraine La carretera se aleja cada vez más, y las horas en el reloj se hacen eternas. Mis pensamientos, sin embargo, siguen centrados en las palabras de mi amiga. No logro comprender por qué Alex jugó así conmigo, después de haberme entregado en cuerpo y alma. Suspiro mientras la voz de Isabella me saca de mis reflexiones, y dirijo mis ojos hacia ella para hablarle. - Lo siento, ¿qué me decías? - pregunto, observándola detenidamente. - Debemos deshacernos del coche, porque si no, Alex nos rastreará con facilidad - dice Isa, mirando hacia el camino - si es que no lo hizo ya. No tenemos mucho tiempo. Solo asiento ante sus palabras, manteniendo la vista fija en la carretera. Pero nuevamente, la voz de Isabella interrumpe mis pensamientos. - Lora, sé que no es obligatorio preguntar, pero eres mi amiga y necesito saber si en algún momento Breidston te dañó de alguna manera - me dice Isabella, mirándome fijamente. La miro con tristeza en el corazón antes de hablar con sinceridad. - En ningún momento, Isa. Siempre se preocupó por mi bienestar y jamás causó desconfianza en mí - le respondo, mirándola con cautela - Por eso aún no puedo creer en tus averiguaciones en su contra. Vuelvo a mirar hacia la ventana, pero la duda sigue carcomiendo mis pensamientos sobre cómo nos había encontrado. La última llamada que Alex hizo fue a varios kilómetros del motel, y tuvimos que conducir mucho, atravesando varios caminos. Dirijo de nuevo mis ojos hacia Isabella, quien observa la carretera detenidamente, y una inquietud se apodera de mí, haciéndome hablar de nuevo. - ¿Cómo me encontraste? - pregunto mientras Isabella me dirige la mirada durante unos segundos. - Tuve que rastrearte, Lora - responde ella, mirándome fijamente. - Isa, nadie sabía que estábamos en aquel motel - le digo, confusa - solo cuando Alex te llamó a varios kilómetros de allí y tuvimos que pasar por varios caminos... Ahora, ¿cómo llegaste hasta nosotros? Y no mientas más. Isabella se ríe ante mis palabras, y en el momento en que comprendo la situación, ella me abofetea con rudeza, dejándome inconsciente en aquel auto n***o que nos lleva hacia el destino donde seguramente Lion nos espera. Mis ojos comienzan a cerrarse rápidamente y todo a mi alrededor se oscurece, volviéndose completamente n***o. Isabella Maldigo por haberla golpeado tan fuerte, pero no pude hacer nada una vez que descubrió el plan y la traición hacia ella. Marqué rápidamente el número de Lion para informarle sobre las novedades y, al sentir su voz, tuve que hablar con rapidez y comunicarle lo sucedido. —Lion, hay inconvenientes. Lora ya sabe que soy la traidora —dije mientras manejaba y miraba de vez en cuando a Loraine, inconsciente a mi lado—. Tuve que golpearla sin pensarlo, por miedo a que me hiciera perder el control del auto. —¿QUÉ HICISTE? ¿AGENTE FRANKFORT, NO ERA ESO LO PLANEADO? —dijo Lion, molesto y gritándome al teléfono—. LO PLANEADO ERA QUE LA TRAJERAS ENGAÑADA HASTA MÍ. —ESO LO SÉ, PERO NO TUVE ALTERNATIVA... Hacía bastantes preguntas y no creía que Breidston fuera el traidor —respondí mientras continuaba manejando—. Me dio pánico y, cuando supo la situación, la abofeteé sin pensarlo, dejándola inconsciente. No sé cuánto tiempo durará así. Lion soltó un suspiro de enojo y luego me habló con voz seria. —Nate rastreará tu auto para decirte a dónde debes ir, antes de que Loraine despierte. Cuando llegues, la atas y me esperas allí —dijo Lion con seriedad—. Y... Agente Frankfort, deberá atenerse a las consecuencias de sus actos. No alcancé a hablar y Lion cortó la llamada. Suspiré y golpeé el volante con fuerza, porque sabía perfectamente que, cuando llegara, vendría mi muerte. Sin embargo, esbocé una sonrisa, porque ya no estaría allí para cuando él llegara. Conduje un rato más por esa horrible carretera, cuando el sonido de mi teléfono me distrajo de mi tarea. Lo tomé y vi la ubicación a donde debo llevar a Loraine; parecía bastante alejado de la carretera, una especie de granja abandonada, por así decirlo. Coloco el GPS en mi auto para que me guíe hacia allí lo más rápido posible. Sé que los minutos corren y no puedo darme el lujo de quedarme mucho tiempo allí. Ataré a Loraine y me iré sin pensarlo, o vendrá mi muerte con Lion detrás. Acelero el auto para llegar pronto a esa granja y reviso de vez en cuando a Loraine para asegurarme de que sigue inconsciente. Mientras tanto, en el lugar donde se encontraba Lion, este tomó nuevamente su móvil para llamar a otra persona. El tono de espera resonó, haciéndolo esperar unos segundos, hasta que la voz de un desconocido, ajeno a todos los que lo seguían, se escuchó. —Diga —respondió la persona al otro lado de la línea, con voz seria. —Necesito que llegues antes que yo a la ubicación que te enviaré y te deshagas de la Agente Frankfort —dijo Lion, seguro de sí mismo—. Sé que atará a Loraine y luego huirá como la cobarde que es... Por eso no quiero darle ningún motivo para que escape y, cuando llegue, vea su cuerpo liquidado... ¿Están claras mis palabras? —Muy claras, señor. Mándeme la ubicación y llegaré lo más rápido posible —respondió la persona sin dudarlo. Lion sonrió con satisfacción y colgó para enviar la dirección de la granja abandonada donde debía encontrarse Isabella con Loraine. Sabía que quien enviaría no dejaría que la Agente Frankfort hablara y no dudaría en disparar contra ella. *** Los minutos pasaron rápidamente hasta que el auto de Isabella divisó la granja abandonada. La castaña observaba detenidamente el lugar; su aspecto resultaba un tanto aterrador. Nadie podría imaginar que allí se encontraba alguien secuestrado. Suspiró al estacionar el coche en la entrada y luego bajó para buscar una forma sencilla de entrar. Una maderas sobresalía del suelo, y decidida, se puso a inspeccionarla, sacando de allí una llave de entrada. —Se nota que tenías todo planeado, Lion —murmuró Isabella para sí misma. Introdujo la llave en la cerradura, haciendo un poco de fuerza hasta que logró abrir la puerta. Al ver el interior, su piel se erizó ante lo aterrador que parecía, como sacado de una película de terror, pensó la joven. Sin dudar ni un segundo, regresó a su auto y se acercó al asiento del copiloto para sacar a Loraine, que aún permanecía inconsciente. La cargó en brazos con dificultad y la llevó al interior de la casa, dirigiéndose a una habitación con ventanas tapiadas, escasa luz solar, llena de tierra y adornada con telarañas en el techo. Colocó a Loraine en el suelo y salió en busca de unas cuerdas en su coche para atarla de forma segura. Abrió el baúl y rebuscó entre sus cosas hasta encontrar lo que necesitaba. Regresó rápidamente a la casa para atar a Loraine y poder marcharse cuanto antes. Cuando finalmente logró amarrar bien a la joven de cabellera oscura, asegurando las cuerdas para que no pudiera huir, Isabella se dirigió a la salida. Sin embargo, la puerta se cerró ante sus ojos, y un escalofrío recorrió su cuerpo al ver a la persona enviada por Lion para eliminarla. —¿A dónde iba, Agente Frankfort? —preguntó, levantando su arma sin pensarlo. Antes de que Isabella pudiera articular alguna palabra, él disparó en su frente, y la castaña cayó al suelo cubierto de tierra, sin vida. La persona se acercó al cuerpo inerte de Isabella, se agachó y comenzó a hablarle. —Deberías haber seguido el plan, Isabella. No habrías terminado así —dijo, esbozando una sonrisa malvada antes de levantarse de nuevo. Acto seguido, agarró los pies de la joven castaña y la arrastró fuera del lugar, donde la arrojó a la tierra, dejándola allí para que se pudriera lentamente, mientras esperaba la llegada de Lion y que viera su encargo cumplido con Loraine atada tal como había ordenado.
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