La granja resultaba realmente aterradora, pero constituía un buen escondite para ocultar o secuestrar a alguien; al menos, así lo pensaba la persona apoyada en el auto de la difunta Isabella Frankfort. Mientras tanto, fumaba un cigarrillo, a la espera de la llegada de Lion. Justo cuando iba a dar una calada a su cigarrillo, el grito de Loraine lo distrajo, llevándolo a mirar su reloj para ver cuánto faltaba para que llegara Lion. No podía permitir que ella viera a esa persona, ya que eran órdenes estrictas de su jefe. Suspiró y sacó su celular de la chaqueta de cuero, dispuesto a marcar el número de Lion, cuando el ruido de varios autos interrumpió su acción. Miró en esa dirección y vio aparecer varios vehículos en la granja, de uno de los cuales descendió Lion. El rubio se acercó a él y

