El baño había dado resultado, ofreciendo un respiro de tranquilidad al cuerpo de Loraine, pero aún persistía en sus pensamientos el recuerdo de Frederick y la última vez que lo vio, tras aquella vergonzosa confesión. Justo cuando estaba saliendo del baño, el recuerdo inundó su mente.
Loraine recordaba que habían pasado días, o quizás un mes, desde entonces, cuando él apareció acompañado de una bella joven. Era una chica de cabello n***o y ojos marrones, un poco más baja que él, con una personalidad amable, dulce y encantadora. En ese instante, el corazón de Loraine se rompió en mil pedazos, como un vaso de cristal que se cae y se quiebra, dejando todo descompuesto.
Después de la presentación de Valery, Frederick cambió por completo, facilitando que Loraine se alejara de él para siempre.
Nunca más supo de él, hasta que, hace poco, se contactó cuando ella se encontraba en Uraberg, pidiéndole perdón. Sin embargo, la respuesta de la joven Grayson nunca llegó, ya que para evitar problemas o que algo le sucediera, fue mejor no contestar su mensaje.
Un gran suspiro salió de los labios de Loraine al darse cuenta de que ya había terminado de vestirse. Estaba tan inmersa en sus pensamientos sobre Freddy que no se percató de que había concluido. Se puso un poco de perfume y tomó aire antes de salir de su habitación para ir a comer algo. Se puso su bata de dormir para evitar que Alex viera su pijama sexy y salió del cuarto, muerta de nervios por encontrarse con el fornido guardaespaldas que despertaba en ella muchas emociones, al igual que lo había hecho Freddy en su momento.
Loraine
Bajo con cuidado las escaleras, mirándome nerviosa el lugar, por si acaso me encontraba con Alex. A medida que desciendo, mis ojos detectan su presencia en el sofá; él está recostado y con el torso desnudo. Mordisco mi labio por inercia al observar con detenimiento su cuerpo, tan bien definido, lo que provoca que varias imágenes indecentes se formen en mi mente. Una de ellas es recorrerlo con mis manos mientras dejo suaves y húmedos besos en su piel.
Suspirando con excitación, cierro mis ojos para imaginarme la escena con más detalle, sintiendo cómo mi cuerpo se calienta ante el momento. Sin embargo, la ronca voz de Alex me sobresalta y me arrastra de mis fantasías.
—Una foto dura más —dice, despertando de su siesta.
Temblando de nervios por ser descubierta infraganti, corro hacia la cocina, evitando que esa escena vergonzosa con mi guardaespaldas se materialice.
Saco los ingredientes para prepararme un sándwich y calmar la sensación que Alex ha provocado en mí, pero su voz vuelve a interrumpirme.
—Siento lo de antes —se disculpa, su expresión refleja arrepentimiento.
—Está bien —respondo, dándole la espalda, ahogada en nervios y sonrojada.
Iba a comenzar a preparar mi comida cuando las manos de Alex me acorralan contra la mesada, provocando que suelte lo que sostenía y sienta un estremecimiento recorrer mi cuerpo. Es el primer contacto tan íntimo y provocador que él intenta desde que llegamos aquí.
—No deberías avergonzarte por lo que pasó hace un momento —susurra, acercándose aún más para que pueda sentir su pecho fornido en mi espalda—. Porque, aunque trates de cubrirte con la bata... —mientras pronuncia estas palabras, aparta la tela para ver la tira de mi camisón de seda y me da un beso en esa zona, despertando una sensación de placer en mí—. Mis ojos son como rayos que traspasan la ropa y llegan más allá.
Cierro los ojos, suspendida entre la sorpresa y el deleite, mientras él susurra cerca de mi oído. Alex pasa sus manos por mi cintura y las posa en mi vientre, atrayéndome hacia él. Un calor placentero me envuelve, provocando que mariposas revoloteen en mi interior. Apoyo mi cabeza en su hombro y aprovecha este momento para besarme dulcemente el cuello, lo que me arranca un gemido placentero y sensual.
Mi cuerpo despide un calor puro, y la satisfacción que él me provoca se asemeja a la que experimentaba con Frederick. Cierro los ojos para disfrutar más de sus besos húmedos en mi cuello, dejándome llevar por la electricidad que me estremece. Sin embargo, cuando siento que sus manos intentan alzar mi camisón de seda, un pánico repentino me invade.
Me separo agitada de Alex, quien me mira sorprendido por mi reacción. Llenándome de nervios, salgo corriendo de la cocina y subo rápidamente las escaleras para refugiarme en mi cuarto, pero la mano de Alex me detiene.
—Perdón, no quería incomodarte —dice con voz dulce mientras me atrae hacia él—. Lora, lo siento tanto —añade, levantando suavemente mi rostro con su mano—. En serio, lo siento mucho.
Asiento, todavía nerviosa, no porque me diera miedo, sino porque me siento tonta y avergonzada. Ambos nos miramos a los ojos, y él acaricia mi mejilla con dulzura antes de besar mi frente. El contacto es tan hermoso y delicado que cierro los ojos, disfrutando el momento.
—Nunca te faltaría el respeto, Lora, si tú no me lo pides... —dice, mientras vuelve a tomar mi rostro entre sus manos—. Jamás te haría daño, porque soy un caballero.
Le sonrío y lo abrazo, sintiendo cómo él corresponde mi gesto, atrayéndome aún más a su cuerpo. Esa sensación en mi vientre se intensifica, y miles de mariposas parecen habitar en él. Alex besa mi cabeza antes de separarnos con delicadeza del abrazo.
—Ven, comamos algo y luego vemos una película —sugiere, sonriéndome mientras sostiene dulcemente mi mano.
Asiento y comenzamos a caminar nuevamente hacia la cocina, sin soltar nuestras manos. Alex me hace sentar en la mesa mientras él prepara la comida. Lo observo en detalle, intentando comprender las sensaciones que me transmite, aunque no logro entender del todo. Ajusto mi bata, que se había descolocado, y cuando su mirada pícara se encuentra con la mía, siento un fuego recorrer mi cuerpo.
—¡Para! —exclamo, riendo y sonrojada.
—Ya sabes lo que dije, aunque intentes taparme los ojos, mis ojos traspasan la tela —responde, riendo mientras sigue preparando los sándwiches.
Río ante sus palabras y me acerco a él para ayudarlo. Llevamos la comida a la sala y nos sentamos en el sofá a ver una película. Aunque la tensión en el aire es palpable, Alex mantiene la calma, y el momento se siente sereno.