*6 *

1883 Palabras
Loraine Mi cuerpo se descompensa al saber que Lion está cerca, que ha llegado hasta mí. No sé cómo reaccionar ante esta noticia; el miedo me invade al pensar que podría hacerle algo a mi familia y luego matarme cuando termine su trabajo. Sacando mi celular del bolso, lo desbloqueo en busca de una foto de mi familia y de mi adorada sobrina. Al encontrarla, mi corazón se estruja por el temor de que él les haga daño. —Perdónenme —digo, con dolor en la voz—. Perdónenme con todo mi corazón, no sabía con quién me estaba metiendo —las lágrimas caen sin control—. No quería que les pasara nada por culpa mía. Apreto mi celular contra mi pecho y, dentro de ese auto, me derrumbo por completo. Nada puede sanarme, solo la muerte. Estoy perdida en mis pensamientos, con la vista dirigida hacia el cielo, sin darme cuenta de que el auto se detuvo. Al mirar hacia dónde hemos llegado, intento secarme las lágrimas cuando la voz de Alexander me interrumpe. —Debo llevarte a un lugar seguro. Si ellos llegaron a su trabajo, podrían rastrearte hasta aquí —dice Alex, mirándome. —¿Cuándo podré ser libre? —pregunto con tristeza en la voz, mirándolo—. La única solución para que todo termine es que yo muera —una gran tristeza me invade. Miro hacia mi departamento, pero la suave mano de Alex me hace volver la mirada hacia él y acaricia suavemente mi mejilla. —No permitiré que nada les pase. Encerraremos a ese hombre para que puedas tener tu libertad —me dice Alex, secando mis lágrimas. Las lágrimas involuntarias que brotan de mis ojos me impulsan a apartar mi rostro de su tacto. Bajo del auto, incapaz de recibir el cariño de nadie, y busco mis pertenencias. Mi alma está completamente destrozada. Mis ojos se llenan de lágrimas una vez más y mi cuerpo no puede soportarlo más, cayendo en mitad de la calle mientras me desmorono. —¿Qué hice para merecer esto? —digo con dolor en el corazón—. Dios, por favor, llévame de aquí —golpeo el suelo frío de la calle con mis manos. Grito con todas mis fuerzas hasta que los brazos de Alexander me sostienen. Quiero soltarme y gritarle que me deje en paz, pero él me lo impide con su fuerza. —Suéltame, por favor —le digo, rota por dentro y llorando desesperadamente—. Quiero que esta locura pare y no quiero sentir miedo de ese maldito que arruinó mi vida. Alex solo me abraza con más fuerza mientras logra calmarme, pero nada puede detener lo que siento en mi interior. No puedo tranquilizarme, porque los recuerdos del pasado vienen a mi mente con claridad: sus presiones para tener relaciones o cuando intenta tocarme sin mi consentimiento, enfadándose cuando no quiero y diciéndome que no lo amo por no tener relaciones con él. —Calma, señorita Grayson —dice Alex mientras me mece, pero yo no soporto más. Me suelto de sus brazos y me levanto del suelo para enfrentarlo, con furia y llanto. Golpeo su pecho mientras lo empujo lejos de mí. —¡TÚ NO SABES POR LO QUE ESTOY PASANDO! NO PUEDES PEDIRME QUE ME CALME CUANDO NO SABES LO QUE SIENTO —grito, descargando mi frustración contra él—. Así que déjame en paz con mi sufrimiento. Hablo por última vez antes de dirigirme a mi departamento a buscar mis cosas. Sé el peligro en el que me encuentro, pero estoy harta de huir y quiero enfrentar a Lion. Aunque no tengo mis propios métodos, pues no sé usar un arma, lo que me frustra aún más. Llego a la puerta de mi departamento y la abro, sintiendo cómo una corriente de vacío me envuelve de nuevo. No puedo soportar cuando los recuerdos me inundan. Muerdo mi labio mientras camino hacia mi cuarto en busca de ropa, aunque no tengo idea de cuánta debo empacar. Sin embargo, debo llevar suficiente hasta que atrapen a Lion. Estoy empacando mi ropa poco a poco cuando, en mi cómoda, la foto de mi familia atrae mi atención. Me acerco para sostenerla entre mis manos, acariciando suavemente el marco, y nuevamente las lágrimas inundan mis ojos. Con la foto en mis manos, me acuesto en la cama y la abrazo contra mi pecho. Deseo que todo esto sea un sueño y poder disfrutar de mi vida, pero nada es así; lo único que me lo impide es Lion, quien me pisa los talones. Lloró sin parar en mi fría habitación, cuando unos ruidos de truenos interrumpen mis pensamientos. Me vuelvo para mirar por la ventana, sin dejar de aferrarme a la foto que reposa sobre mi pecho. Observo las gotas de lluvia deslizarse por el vidrio, imaginando que el clima de alguna forma me acompaña en mi dolor. Suspiro, dejando escapar más lágrimas de mis ojos y cierro los párpados, sumergiéndome aún más en mi sufrimiento. “Pude haber sido fuerte contra ti, pero me acobardé como un animal indefenso”, recito las palabras que vienen a mi mente. “Eras grande como un toro, pero también un demonio disfrazado”, mientras sigo llorando. “No veía maldad en ti, y aun así nunca imaginé que clavarías espinas en mí“, muerdo mi labio para poder continuar. “Tus garras me envolvieron y lastimaron cada fibra de mi piel, dejando cicatrices tan profundas que aún no sanan”. Miro perdida hacia la ventana cuando unos suaves toques suenan en mi puerta. No quiero contestar porque sé que es Alexander, pero también soy consciente de que debo abandonar mi departamento. Me levanto como puedo de mi cama, acercándome a la puerta para decirle que me falta poco. Abro la puerta y lo veo con mis ojos hinchados, incapaz de articular palabra debido a mi estado de desolación. —Me falta poco para terminar de empacar —susurro. —No te preocupes, creo que tenemos tiempo debido a la torrencial lluvia —suspira—. ¿Necesitas algo o quieres que te ayude? —No, gracias. Seguiré empacando —suspiro—. Si quieres, tú puedes comer. Estás en tu casa. —Él asiente. —Si necesitas algo, estaré en la cocina —me dice, mirándome con esos ojos que logran hipnotizarme. Asiento, cierro la puerta de la habitación y vuelvo a sumergirme en mi propio mundo, donde Lion es el protagonista, el hombre del que he estado enamorada hasta la médula y que ahora quiere destruirme. Suspiro mientras coloco la foto de mi familia en su lugar y continúo guardando mi ropa y pertenencias en una maleta. Aunque Alex me ha dicho que la lluvia nos retrasará, no quiero salir apresurada y dejar algo que me importa. Alexander Después de preguntarle a la señorita Grayson si necesitaba algo, camino hacia la cocina para prepararme un sándwich de queso y beber un poco de agua. Suspiro al pensar en el sufrimiento de Loraine debido a su expareja y en su reacción al bajarse del auto. Sé que ella no tiene idea de lo que le sucede, pero lo único que puedo hacer en este momento es protegerla y hacerla sentir segura, tal como ella desea. Me acerco a la ventana y dirijo mi mirada a la lluvia que cae sobre Londres. Un sentimiento de tristeza me invade al ver cómo los hermosos ojos de Loraine se llenan de lágrimas, transformándose en dolor por su expareja. Realmente, ninguna persona merece lo que ella siente; sufre por su familia y por sí misma, a causa de un hombre que no la merece. Bebiendo un sorbo de agua, no aparto la mirada de la calle hasta que el sonido de mi móvil me saca de mis pensamientos. Dejo el vaso en la mesa del comedor y no miro el identificador antes de atender la llamada. —Bueno —digo con voz seria. —Así le dices a la persona con la que te casarás —responde mi prometida al otro lado. Suspiro cansado al escuchar la voz de Gwen. Realmente quiero romper este compromiso, pero sé que mi carrera se arruinaría si lo hiciera. —Lo siento, Gwen, pero estoy trabajando —respondo, suspirando de nuevo. —¿Qué necesitas? —Lo sé, bobito, pero como no viniste a nuestro hogar… me asusté —dice Gwen riendo—. A todo esto, ¿dónde estás metido? —Estoy en mi trabajo, pero como verás, el clima no me está ayudando —digo, mirando la lluvia caer—. ¿Llamaste solo para saber dónde estoy o por otro motivo? —intento relajarme y no perder la paciencia. —Te llamaba porque mi padre quiere que acordemos la fecha de nuestra boda —dice Gwen, mientras se escuchan ruidos en el teléfono. Suspiré profundamente y apoyé mi cabeza en el vidrio antes de hablar. —Mira, Gwen, en este momento no puedo hablar de la boda. Tengo trabajo que atender y estoy... —pero no pude terminar de hablar, ya que un ruido en la habitación de Loraine me interrumpió—. Gwen, debo dejarte. Chau. —colgué la llamada. Tiré mi celular en el sofá y corrí desesperadamente hacia la habitación de la señorita Grayson. Al llegar, abrí rápidamente la puerta y encontré un montón de cosas esparcidas en el suelo, con ella al lado. —¿Está bien? —le pregunté mientras la miraba, y ella asintió. —Sí, y perdón por el ruido —me contestó con un suspiro—. Quería bajar una caja y se me cayó todo encima. —Está bien, no se preocupe —le dije mientras la observaba y comenzaba a acercarme—. Déjeme ayudarla. Ella asintió tímidamente y ambos empezamos a recoger el desastre que había causado. Íbamos guardando objetos personales y otras cosas en las cajas, como fotos o artículos importantes, hasta que algo íntimo me causó gracia. Loraine notó mi reacción y rápidamente lo ocultó en las cajas. —Lo siento, creo que no debería haberlo visto —dijo sonrojada. —No se preocupe, es normal usarlo cuando se necesita —le dije con una sonrisa pícara. Loraine me miró y se ruborizó aún más ante mi comentario, lo cual me hizo reír más. Realmente me causaba ternura verla así, pero al mismo tiempo, una excitación recorrió mi cuerpo al imaginarla en medio de su cama, vibrando de placer y retorciéndose. Tuve que apartar esos pensamientos para evitar tener una erección, que luego tendría que aliviar con mi mano. Ambos continuamos en silencio, recogiendo los objetos caídos sin cruzar nuestras miradas, y creo que el pequeño objeto que había ocultado fue la causa de ello. Cuando terminamos de guardarlas, la ayudé a colocarlas en la estantería para dejar solo lo que ella llevaría. Nuevamente, mis pensamientos jugaron una mala pasada, ya que justo la caja que ella llevaría era donde se encontraba el objeto y mi imaginación me llevó a tener esa imagen en la cabeza con mayor claridad. Antes de volverme loco, le pedí disculpas y salí rápidamente de la habitación para evitar que ella notara mi erección anticipada, provocada por ese juguetito sexy que mis ojos habían visto.
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