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1252 Palabras
El amanecer comenzaba a asomarse, y la tenue luz se filtraba en la camioneta blindada que avanzaba por una carretera vacía, rodeada de árboles. Alex iba al volante, mientras Loraine, recostada en la parte de atrás, se sumía en sus pensamientos en medio de esa rápida mudanza. De vez en cuando, Alex miraba hacia atrás para verla tapada y con la mirada perdida en el exterior, sumergida en su mundo con los auriculares puestos. Loraine observaba por la ventana del vehículo mientras dejaban atrás cada árbol que circundaba el lugar, y la música se había convertido en su mejor aliada en ese instante. Suspiró y comenzó a susurrar las letras de la canción que sonaba en su reproductor de mp3. Cuando cambió a la siguiente pista, volvió a recordar los momentos vividos con Brad, el hombre que había sido su exnovio y la única persona que la alentó en sus sueños, aunque parecieran imposibles para ella. Brad y Loraine se encontraban en la casa del joven, ambos recostados en el sofá mientras la película sonaba en el televisor. Sin embargo, ninguno de los dos le prestaba atención, ya que estaban perdidos en los besos del otro. Pero, cuando el joven quiso avanzar con sus manos, Loraine se tensó y se separó rápidamente, sentándose en el sofá, con los nervios aflorando en su cuerpo. Ella, morocha y avergonzada, ocultaba su rostro mientras la risa de Brad resonaba en el aire, provocando que tímidamente destapara su cara y lo mirara. —¿Por qué te ríes? —preguntó Loraine, temiendo ser rechazada—. Sé que no soy igual a las chicas con las que has estado —se levantó del sofá y le dio la espalda—. Todavía no entiendo por qué estás conmigo, si no puedo darte lo que quieres. Suspiró con tristeza, hasta que las manos de él sostuvieron su cintura con ternura y suavidad. —¿Sabes por qué estoy contigo? —le susurró Brad al oído, a lo que ella asintió en respuesta—. Porque eres una mujer maravillosa que sabe lo que quiere y tiene metas claras —la abrazó—. Además, me das aliento para luchar por mis sueños cada día, y te debo mucho, preciosa —besó su frente, y ella sonrió—. Y sabes que siempre te esperaré en este tema, porque ninguna mujer debe sentirse presionada a hacerlo y, además, te respeto, mi amor. Loraine sonrió ante la respuesta de Brad y lo abrazó con todas sus fuerzas, porque él era el hombre más maravilloso que había conocido y amado. Al recordar el día en que se separaron, Loraine suspiró, sintiendo cómo su corazón se entristecía y quedaba destrozado. Quería seguir teniéndolo en su vida, pero él había ocultado que aún tenía sentimientos más fuertes por su expareja, Mariel, que por ella. Aunque ese golpe fue duro, lo peor vino después y ese recuerdo inundó sus pensamientos. Una tarde de verano, Brad la llamó para encontrarse, y se sorprendió al encontrarlos a él y a su ex besándose en el lugar donde Loraine y él se habían prometido permanecer juntos por siempre. La morocha se mordió el labio para contener las lágrimas y, sin ser vista, se alejó del lugar mientras Brad y Mariel continuaban sumidos en su propio mundo de amor. Desde aquel día, nunca más volvió a saber de él. Loraine secó la lágrima que se le escapó a raíz de ese recuerdo. Aunque su noviazgo con él había sido hermoso, también había sido doloroso, y sentía que nunca podría tener un romance tan bonito y duradero como los que se ven en películas o telenovelas. Se quitó los auriculares y los guardó en su bolso para concentrarse únicamente en contemplar el paisaje, cuando de repente una hermosa entrada la sorprendió. Observó detenidamente cómo los portones comenzaron a abrirse, dando paso a una majestuosa mansión. La boca de Loraine se abrió de sorpresa, y sintió la risa de Alex, que la miraba divertido. —¿Te gusta? —preguntó el joven mientras conducía hacia la entrada. —¿Gustarme? Me encanta —respondió Loraine, mirando el lugar con asombro—. Es hermosa y maravillosa —continuó admirando los jardines que rodeaban la casa. —Me alegro, porque aquí es donde vivirás —dijo Alex con una sonrisa. Loraine rápidamente se puso en medio de los asientos para mirar al joven, pensando que estaba bromeando, pero al ver la expresión seria y la sonrisa de Alex, se dio cuenta de que no era ninguna broma. —¿Me lo dices en serio? —preguntó Loraine, asombrada por el lugar—. Pero, ¿cómo es posible? —Para responder a tu pregunta, sí, es en serio. Y en cuanto a lo segundo... le sugerí a la agente Frankfort que te trajera aquí, ya que nadie puede llegar sin tener registro de esta mansión —detuvo el coche y la miró, mientras ella lo veía con asombro—. Estarás a salvo, porque realmente nadie sabe que este lugar existe. —¿Estás seguro? —dijo Loraine, nerviosa, mientras Alex tomaba su mano con delicadeza. —Muy seguro, porque esta casa es mía —le respondió Alex, mirándola—. Y ahora, durante tu estadía, también será tuya. Loraine sonrió y lo abrazó como pudo entre los asientos, agradeciéndole por todo lo que hacía por ella. Alex correspondió al abrazo, sintiendo una tristeza en su corazón por la situación que atravesaba la joven y deseando de alguna forma poder ayudarla a calmar el terrible momento que estaba viviendo. Después de ese dulce instante entre ambos, se separaron para mirarse y se regalaron una sonrisa única. Luego, Alex habló. —¿Bajamos? Así podrás conocer tu nuevo hogar —dijo, mirándola con ternura. Loraine le sonrió, asintiendo, y ambos jóvenes descendieron de la camioneta con tranquilidad. Loraine Miro el lugar con asombro; realmente es precioso y enorme a mis ojos. Observando detenidamente, siento la presencia de Alex a mi lado. —¿Aún sorprendida por la casa? —pregunta Alex sonriendo. —Bastante —respondo, dirigiendo mi mirada hacia él—. No puedo creer lo hermosa y grande que es —sonrío feliz—. Muchas gracias por ofrecerme tu casa como refugio. —No tienes que agradecer, señorita Loraine —me dice Alex, mirándome a los ojos. Ese gesto y esas palabras me impulsan a acercarme y darle un beso en la mejilla. Estoy verdaderamente agradecida por todo lo que hace por mí, además de por Nathaly. Acaricio el lugar donde dejé mi beso y volvemos a cruzar nuestras miradas. Ninguno de los dos puede apartar la vista del otro, y eso me asusta, porque no quiero ilusionarme con algo que nunca podría ser. Lo miro por última vez antes de retirar mi mano, pero Alex rápidamente la sostiene para llevarla a sus labios y besarla. Este gesto provoca que todo mi cuerpo se erice y que mi respiración se acelere, algo que Alex nota al instante, sonriendo. —Sabes que siempre podrás contar conmigo, señorita Loraine —me dice, mirándome a los ojos. —Lo sé... —susurro. Alex se acerca delicadamente a mí, ayudándose de mi mano para atraerme hacia él, y se dirige a mi mejilla para besarla con ternura. Me dejo llevar por su cercanía, completamente atontada y embobada por el dulce aroma de su perfume, que queda impregnado en mis fosas nasales. Cierro los ojos, guardándolo en mi interior, como un hermoso pensamiento.
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