Loraine
Después de ese momento tan cercano, pero a la vez tan bello, ambos caminamos hacia el interior de la casa y realmente me llevé una gran sorpresa. Si por fuera era inmensa y hermosa, por dentro lo era aún más. Tenía una sala realmente amplia y preciosa, con unos sofás gigantes de color burdeos y una hermosa chimenea en el centro. Miré a Alex, asombrada y deslumbrada por su casa; me resultaba difícil encontrar palabras para describir lo hermosa que era.
—Está asombrosa por dentro, como por fuera —dije, mirando a mi alrededor con admiración.
—Y eso que no has visto lo demás —respondió Alex riéndose.
—Si esto es la sala, no quiero imaginar lo demás —dije, riendo.
—Entonces, sígueme para que conozcas lo demás —dijo, extendiéndome su mano.
Le sonreí y acepté su gesto. Ambos caminamos con nuestras manos entrelazadas, provocando que una multitud de sensaciones recorriese mi cuerpo, y no quería por nada del mundo borrarlas. Caminamos primero a la cocina y quedé aún más enamorada; realmente parecía una habitación por su inmensidad. Estaba tan fascinada que Alex aprovechó mi distracción para colocarse detrás de mí y hablarme al oído.
—Espero que sepas cocinar y puedas estrenarla —dijo Alex, sonriendo.
Ese gesto y sentir su aliento en mi oído provocaron que toda mi piel se erizara al sentirlo tan cerca. Me giré con todo mi cuerpo, nerviosa por esa cercanía, y aún más lo estuve cuando lo vi tan cerca de mí, como si ninguna gota de aire pudiera traspasarnos.
—Creo que entonces moriremos de hambre —le dije sonriendo, y él me correspondió el gesto.
Mi corazón se emocionó al ver su hermosa sonrisa, y aún más porque yo había sido la causante de ella. Alex volvió a tomar mi mano y caminamos fuera de la cocina, dirigiéndonos a las escaleras. Sabía que aún quedaba mucho por ver de la casa y estaba segura de que arriba estarían los cuartos, lo cual representaba una tentación para mí, ya que debía mantener todo estrictamente profesional, centrándome únicamente en mi seguridad.
Al llegar a la planta de arriba, ambos caminamos por el pasillo donde se encontraban las habitaciones, y una imagen bastante picante emergió en mis pensamientos. Agarrados de la mano, nos dirigimos a su cuarto. Al adentrarnos en él, Alex se colocó detrás de mí y, con la yema de sus dedos, recorrió la piel de mi hombro desnudo. Ese gesto provocó que todo mi ser se erizara y me hiciera sentir una seguridad que ningún hombre me había provocado antes. Me giré entre sus brazos, con una sonrisa en mi rostro, y al verlo, no contemplé el rostro de Alexander, sino el de Lion. El miedo me recorrió al ver esa sonrisa arrogante y perversa que él poseía, reviviendo el temor que me atormentaba.
Debía borrar rápidamente ese pensamiento de mi mente y concentrarme en Alex, quien me hablaba mientras yo estaba inmersa en mis pensamientos. Me dio un recorrido por la planta alta y me enseñó las cuatro habitaciones que tenía, los cuatro baños dentro de cada habitación y uno de servicio en la planta baja. Realmente, cada rincón de la mansión me asombraba, pero lo que más amé fue el estudio, que venía acompañado de una biblioteca. Alex me dio permiso para entrar, y al hacerlo, una emoción y alegría me invadieron al ver la cantidad de libros que había en ella.
—Esto es maravillosamente asombroso —dije, mirando a Alex—. Es preciosa.
—Podrás trabajar aquí tranquilamente y, de paso, también leer algún libro de la biblioteca —dijo Alex, apoyado en el marco de la puerta—. Sé que es lo que amas y nadie debe prohibírtelo.
Una sonrisa apareció en mi rostro mientras asentía a sus palabras. Ser editora era lo que más amaba, y en mi situación actual, era la única forma de despejar mis pensamientos y liberar esa carga que me consumía. Me acerqué a Alex y tomé su mano, provocando confusión en él. Luego, me acerqué a su mejilla y deposité un beso en ella.
—Gracias por todo, realmente te estoy muy agradecida —dije, mirándolo con una sonrisa melancólica.
—Sabes que no debes darme las gracias, es mi trabajo, señorita... —dijo, pero antes de que terminara, tuve que interrumpirlo.
—Puedes decirme Loraine —le dije, sonriendo—. Ya es demasiada formalidad, y si voy a estar viviendo en tu hogar, al menos quisiera evitar eso.
—Está bien, Loraine —respondió Alex sonriendo—. Entonces te permito llamarme Alexander o Alex, como prefieras.
—Gracias —dije, mirando la biblioteca antes de volver a dirigirme a él—. Quisiera preguntarte si han averiguado cómo Lion supo dónde trabajaba —lo miré con miedo.
—Por lo que escuchamos de los hombres que entraron, hay un infiltrado dentro —dijo, mirándome con atención—. Aún no sabemos quién puede ser, por eso estamos revisando las últimas personas que ingresaron a la empresa.
—Según recuerdo, Nadira fue la última en ingresar a la editorial —dije, sentándome en el sofá mientras le contaba—. Hace unos seis meses me quedé sin secretaria y una semana después llegó su hoja de vida. Daniela, la encargada del personal, la entrevistó —lo miré—. ¿Sospechas que ella es la espía de Lion?
—No estoy seguro, pero vamos a observar de cerca a esa joven —dijo mientras tomaba mi mano—. Por eso, es mejor que, por el momento, trabajes desde aquí hasta que se resuelva esto.
—Si no me queda más remedio... —suspiré—. Tendré que revisar mis correos para ponerme al día.
—No te preocupes por eso —dijo, mirándome—. La red de internet está protegida contra cualquier ataque. Puedes trabajar sin problemas.
Asentí a sus palabras y luego miré el estudio donde trabajaré antes de volver a ver a Alex. Le dediqué una pequeña sonrisa y él me la correspondió. No sabía cómo expresar el gran agradecimiento que sentía hacia él, el hombre que me provocaba una extraña sensación dentro de mí y que no podía explicar con palabras. La forma en que mi cuerpo reaccionaba y la temperatura que subía solo al recordar el momento en la sala.
Estaba inmersa en mis pensamientos cuando la voz de Alex me sacó de ellos. Sin embargo, al verlo con su teléfono en la mano, algo en mi interior se decepcionó al pensar que estaba hablando con su novia. Mordí mi labio mientras me levantaba del sillón, decidida a retirarme sin interrumpir su conversación. Pero al pasar junto a él, tropecé con la alfombra y estuve a punto de caer, hasta que unos fuertes brazos me sostuvieron en el aire. Por la fuerza con que Alex me sujetó, ambos terminamos cayendo en el sillón, específicamente yo encima de él.
Nos miramos fijamente, mientras sus manos permanecían en mi cintura y las mías en su pecho fuerte y musculoso. Su respiración estaba agitada, al igual que la mía en ese momento. No podía apartar mis ojos de él, pero algo dentro de mí me decía que debía alejarme y salir de allí. Mis manos seguían posadas en su pecho y, cuando intenté levantarme, su agarre en mi cintura me lo impidió. No tuve tiempo de reaccionar cuando Alex acercó su rostro al mío; estábamos a pocos centímetros de distancia, y por inercia cerré mis ojos para sentir después sus labios sobre los míos.
Él acarició mi mejilla mientras continuábamos besándonos, haciendo que el gesto fuese lento y dulce a la vez, sin prisa. Yo acariciaba su pecho mientras una de sus manos permanecía en mi cintura y la otra se dirigía hacia la parte posterior de mi cuello, atrayéndome más a su boca. Ninguno de los dos quería romper el contacto, pero la falta de aire nos llevó a separarnos. Cuando nos miramos a los ojos, una gran culpa me recorrió el cuerpo.
Me levanté de encima de Alex con rapidez y escapé de allí sin decir nada, mientras la palabra “novia” rondaba en mi cabeza, haciéndome sentir culpable por lo que había sucedió. Corrí hacia mi habitación y me encerré en ella, apoyando mi frente en la puerta. Quería olvidar lo vivido hace un momento con Alex y me reprochaba por mi comportamiento al haberme besado con alguien prohibido.