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1350 Palabras
Alexander Maldición, ¿qué me pasa? ¿Por qué demonios no pude contenerme y alejarme de ella? Camino de un lado a otro en el estudio, maldiciéndome por haber besado a Loraine. Mis instintos realmente me ganaron al tenerla tan cerca, pero sus labios fueron mi perdición y mi pura adicción cuando nos besamos. Me siento en el sofá, donde minutos antes me encontraba, y unas imágenes invaden mi mente: esa mujer estaba debajo de mí, mirándome con amor y deseo. Besaba y lamía sus apetecibles pezones, mordiéndolos y succionándolos. Ella gime, grita mi nombre entre sonidos de placer. Las imágenes son ardientes, así que decido darme placer. Mi mano se mueve cada vez más rápido, hasta que el nombre de la dueña de mi orgasmo escapa de mis labios. - Loraine... - suspiro agitadamente. Mi respiración está acelerada por el fuerte orgasmo que esa hermosa y sexy mujer me provocó. Aún permanezco en el sofá, sentado con la bragueta de mi pantalón abierta, mientras mi mano está embarrada de mi propio orgasmo. Suspiro y me levanto para abrocharme el pantalón e ir a mi cuarto a darme un baño, para así poder eliminar la evidencia de mi travesura. Las horas transcurrieron y la joven continuaba encerrada en su habitación, tratando desesperadamente de evitar cualquier encuentro con su propia inseguridad y de no dejarse abrumar por los recuerdos. Alex se acercó al cuarto de Loraine con la intención de ver si quería comer algo, pero el silencio de ella le impidió obtener una respuesta. Así pasaron las horas, hasta que, de repente, la oscuridad cubrió el cielo. La luz de la luna penetraba por la ventana de la habitación, iluminando su rostro pensativo mientras yacía en la cama. Loraine Me había encerrado en mi habitación durante varias horas. Realmente quería evitar a Alex a toda costa y no recordar el beso que nos habíamos dado en el estudio. No sé qué pasó por mi cabeza cuando le correspondí a ese gesto tan delicado y dulce que compartimos. Suspiré recostada en mi cama porque una vez más, el recuerdo inundó mis pensamientos y provocó que un fuerte deseo invadiera mi cuerpo. Algo como fuego se encendió en mi interior al sentir sus manos gruesas apretando mi cintura y sus labios carnosos besando los míos, lo cual provocó que miles de imágenes indecorosas invadieran mis pensamientos. Mis propias manos cobraron impulso y comenzaron a recorrer mi cuerpo, provocando que mis ojos se cerraran debido a la pequeña descarga eléctrica que empezaba a despertar y surgir desde mi interior. Tocaba cada parte de mi piel, imaginando que eran las manos de Alex las que me recorrían con sensualidad y delicadeza. Iba recorriendo mi piel y realmente estaba muy perdida en mi imaginación cuando mi estómago empezó a gruñir por hambre. Toda esa imaginación y sensación se desvanecieron por completo porque realmente el hambre que sentía seguía persistente. Miré la hora en mi reloj para darme cuenta de que era la una de la madrugada y que Alex probablemente ya estaría durmiendo, lo que me daba la posibilidad de no encontrármelo. Suspiré mientras me levantaba de la cama y me puse mi ropa de dormir, que consistía en un vestido rojo de gasa con tirantes y algunos detalles en n***o. Después de vestirme, camino y me dirijo hacia la salida de la habitación, mientras me pongo mi bata del mismo color y material, lista para emprender el viaje hacia la cocina. Bajé las escaleras con cuidado y caminé hacia la cocina, donde el hambre volvió a atacar a mi barriga. Suspiré al encender la luz y un susto me hizo sobresaltar al encontrarme con la persona que quería evitar. Alex levantó la vista de su vaso de leche y cuando nuestros ojos se cruzaron, una fuerte conexión nos recorrió. Él me miró durante un buen rato antes de comenzar a bajar su mirada por mi atuendo, que cabe mencionar, era bastante provocador a sus ojos, lo que erizó por completo mi piel. - Perdón, no sabía que estabas aquí – dije con nerviosismo. Alex no dijo nada y solo dejó su vaso en la mesa para levantarse de su asiento, provocando que mi cuerpo se intranquilizara. Se acercó a donde me encontraba y su presencia quedó a una distancia mínima del otro. Nuestros ojos volvieron a encontrarse y quedaron perdidos en el otro, donde un silencio se adueñó del lugar. - No debes pedirme perdón - me susurra Alex - Sé que debes sentirte incómoda por lo sucedido. - Es que... - intento decir, pero él me interrumpe colocando su dedo en mi boca. - No digas nada, porque sé lo que vas a decir y... - dice mientras su mano se desliza hacia mi cintura para acercarme aún más a él -, y realmente no importa porque lo que está ocurriendo es más fuerte. No puedo decir nada más, porque una vez más sus dulces labios se encuentran con los míos y ya no puedo negar que sus besos se han convertido en mi adicción. Paso mis manos por su pecho fornido mientras siento una pequeña descarga eléctrica de su parte, mientras sus fuertes manos se afirman más en mi cintura y sus besos pasan de ser suaves a un poco feroces. Mis manos se mueven solas por su pecho y brazos, hasta que llego a su cuello y entrelazo mis dedos en su pelo, para luego ser acorralada en la pared de la cocina por Alex. Los besos cada vez se intensificaban más, y nuestras respiraciones se sofocaban, pero ninguno quería separarse del otro. Ambos estábamos adictos el uno al otro, y la temperatura en la cocina estaba aumentando, lo cual hizo que Alex descendiera sus besos a mi cuello. Esto provocó una reacción instantánea en mí. - Alex, para - dije y logré que me mirara - detente - nuestras respiraciones estaban aceleradas - creo que estamos yendo demasiado rápido. - Sí, perdóname - dijo Alex, suspirando arrepentido y alejando sus manos de mi cintura - lo siento de verdad. Alex habló por última vez y me miró con arrepentimiento antes de salir rápidamente de la cocina. Miré hacia donde se había ido y me apoyé en la pared, recordando cómo minutos antes estaba acorralada por Alex. Un sonrojo se instaló en mi rostro al pensar que, si no lo hubiera detenido a tiempo, habría perdido mi virginidad allí mismo con la persona que cuidaba de mí. Suspiré con tristeza al recordar que Alex tenía a alguien esperándolo en su casa. Solté un suspiro de frustración y decidí buscar algo para comer, intentando olvidar lo sucedido aquí. Aunque quisiera intentar algo con Alexander, nunca podría hacerlo por mi pasado y las inseguridades que Lion había provocado en nuestra relación. Todas esas inseguridades que no podía borrar y que hoy en día eran un obstáculo en mi vida sentimental. Jamás podría confiar plenamente en alguien ni en sus verdaderos sentimientos, ya que no podía pensar en otra cosa que no fuera ¿Si me querían realmente o solo buscaban arrebatarme mi virtud?, esa era la pregunta que siempre rondaba mi cabeza. A lo largo de mi vida, he tenido que enfrentarme a muchos desafíos y dificultades, pero esta pregunta en particular siempre ha sido la que más me ha atormentado. En mi adolescencia, me crucé con varios hombres que intentaban seducirme y conquistarme tan solo por el deseo de llevarme a la cama. No les importaba conocerme realmente, ni descubrir mis gustos o mis sueños. Solo querían aprovecharse de mi cuerpo y de mi virtud. Afortunadamente, siempre tuve la fuerza suficiente para resistirme y no caer en sus juegos. Pero esta lucha constante me dejó marcada. A medida que crecía, esa pregunta seguía persiguiéndome. ¿Realmente existía alguien que me quisiera de verdad? ¿O todos los hombres solo buscaban lo mismo? Aunque intentaba recordarme a mí misma que no todos eran iguales, era difícil dejar de sentirme desconfiada e insegura. Solo espero que algún día pueda superar mi pasado y confiar en que puedo encontrar a alguien que me ame incondicionalmente.
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