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2758 Palabras
Daniela se hizo cargo de Hilary desde que era una bebé a la edad de cuatro meses que  Raquel y Sergio tuvieron que viajar por negocios dejando,  Hilary bajo su cargo, fue cuando ocurrió aquel fatal accidente del Vuelo 870 de la Aerolinee Itavia, mientras viajaba desde Bolonia a Palermo en 1980.             ¿Qué acuerdo de confidencialidad?               Madrina no me gusta para nada eso.               ¡por favor!                Deja que te explique tu siempre tan impulsiva, Hilary un día de estos te vas a llevar una sorpresa por ser como eres, tienes que tener paciencia, acuérdate que esa es una virtud muy importante en la vida.             Hilary Rossy miró a su madrina con el ceño fruncido. Daniela siempre había apoyado Hilary toda la vida. Confiaba en la mujer que había asumido el papel de madre cuando Hilary estaba recién nacida al quedar bajo su custodia ya que sus padres no tenían familia. Y estaba ayudándola a conseguir un empleo cuando Hilary más lo necesitaba.             Pero, aun así, no le gustaba cómo sonaba el asunto.             Llegar a la oficina de Andrey Vianna había sido toda una odisea. Hilary estaba muy segura de que había menos medidas de seguridad en la sede de la CIA. Se preguntó en qué se estaba metiendo.             Daniela le entrego un instructivo para que Hilary llenara todos los datos que le pedían y le dijo hija no tienes que preocuparte, se tu misma eso es lo más importante, ten paciencia con el señor Vianna es muy especial con respecto a su privacidad.             Por eso hay tantas medidas restrictivas para subir a esta planta. Nadie tiene acceso excepto yo, el señor Vianna y el jefe de seguridad. Soy la única persona de la empresa que tiene contacto personal con él.             Si ocupas mi puesto mientras estoy de vacaciones, tú también aprenderás a trabajar con él, sí firmas el acuerdo, me iré más tranquila dejándote a ti, así cuando regrese tú te ubicará en otra parte de la empresa será como un preámbulo en tú vida empresarial, lo demás será pan comido.             Hilary sintió un incómodo cosquilleo en la nuca. Aunque Daniela y ella eran las únicas personas en la habitación, se sentía observada. Miró con curiosidad alrededor de la moderna pero cómoda oficina y vio una diminuta videocámara en una esquina. Había una segunda cámara en el extremo opuesto de la habitación. ¿Quién necesitaba equipo de vigilancia para supervisar a su secretaria?             Si cualquiera excepto su madrina le hubiera pedido que aceptara ese trabajo, se habría ido. Pero Daniela no la pondría en una situación difícil solo para irse de vacaciones en su cuarenta y dos aniversarios de boda. Seguro que no era tan malo como parecía.             Sin embargo, no entendía qué ocurría ahí. Miró con desconfianza el documento de confidencialidad.              Andrey Vianna era el propietario de Software de Sistema Edimar Soluciones de comunicación para oficinas. Nada clasificado. Nada que pudiera perjudicar la seguridad nacional si se filtraba.             Pero, si incumplía los términos del acuerdo, se vería obligada a pagar una compensación de tres millones de dólares.             Esto no me convence. ¿Tres millones de dólares? No tengo ese dinero. ¿Crees que yo sí? Daniela se sonrió. Es una suma tan elevada que nadie se atreve a ser capaz de romper el acuerdo. Mientras hagas tu trabajo y no hables del señor Vianna con nadie menos conmigo, estarás bien.             No lo entiendo.             ¿Hablar de qué?  por lo que Hilary entendía, Andrey Vianna era una especie de genio en equipos de computación en sistemas avanzados a nivel industrial.  Para muchos se decía se parece en la reencarnación de Bill Gates, pero sin rostro conocido.             Los periodistas y medios de comunicación televisivo han intentado recopilar información de el sin éxito, y lo cual ha aumentado el misterio. Solamente, no había existido antes de lanzar su imperio del software.              Suponía que si la gente descubría que tenía acceso a él podrían pedirle información, pero ¿qué iba a decirles?, él ha sido siempre muy delicado en cuanto a su vida personal. Daniela no entendía porque tanto misterio. Suponía que era una estrategia de mercado para lograr mayor publicidad a la empresa, pero tanto equipo de seguridad y así como el contrato le hacían preguntarse si no habría algo más. Por eso es que tú nunca me decías nada cada vez que te preguntaba, siempre me decía que lo del trabajo en el trabajo se queda.             Espero que sigas llevando a cabo todas las labores que hago y cumpla con lo estipulado en el contrato Hilary, por favor no me decesiones, tú para mí siempre has sido la hija que no pude tener, además posees excelentes conocimientos en informática, así como domina a la perfección el italiano, el francés y el español.             Firma el acuerdo .No te había contado nada del contrato, porque no es nada grave.             Daniela suspiró.              Desde luego, nada por lo que merezca la pena perder esta oportunidad. Necesitas el dinero. Firma le entrego un bolígrafo. Hazlo, que pierdes con firmas, estas oportunidades solo se dan una vez en la vida, te le he dicho mil veces ahijada aprovecha esta oportunidad.              Hilary necesitaba el dinero, sin duda. Y era un buen sueldo.              Demasiado bueno. Tenía que haber una razón que lo justificara, pero por lo visto no sabría cuál hasta después de firmar el contrato, así tuviera que trabajar como una esclava.             Se dijo que daba igual con tal de trabajar ya tenía tres años de estar trabajando por su cuenta desde que se graduó se independizo de Daniela.             Tenía que pagar el alquiler y solo le quedaban veinte dólares. Leyó y Firmó el acuerdo, bueno será lo que Dios quiera ojalá sea para mi bien.             Me gusta que aproveche esta oportunidad dijo Daniela con una sonrisa pícara.              Ahora me espera el Crucero por el mediterráneo, esto lo he esperado por mucho tiempo, se Herman se alegrará que hallas recapacitado, Daniela se levantó de la silla y metió el documento en una carpeta.              Lo llevó a una especie de pequeña puerta dorada que había en la pared, que resultó ser un cajón. Daniela metió la carpeta dentro y lo cerró.             ¿Qué es eso?  dijo Hilary             Daniela contestó que es para entregarle el contrato al señor Andrey Vianna.             ¿No entras en su despacho a dárselo?             No. Daniela se rio. Casi nunca entro allí. Hilary se volvió a las puertas de madera que las separaban del despacho de Andrey Vianna. Parecían lo bastante fuertes para resistir cualquier ataque, y seguramente contaban con cerrojos y alarmas de vanguardia.             Eran intimidantes, inasequibles. Se moría de ganas de saber qué había al otro lado.             ¿Y él señor Vianna no sale aquí a recoger nada?             Sí, pero solo cuando él quiere. Se comunica por el intercomunicador y el ordenador.             Envía varios correos electrónicos y mensajes instantáneos a lo largo del día. El cajón funciona para todo lo demás. Así le entregarás el correo e intercambiarás documentos con él.             Cuando acabe con algo, lo meterá en el cajón.             ¿Como si estuviera en servicio express?             Algo parecido dijo Daniela. Se sentó en la silla detrás el escritorio.             Bueno, ahora que el tema legal está solucionado, tenemos que hablar de cuales van a ser tus funciones y como las deber hacer.             Hilary suspiró profundamente. La última media hora le había creado mucha tensión se encontraba muy nerviosa. Ya que había firmado en la línea de puntos, no estaba segura de querer saber el secreto. Pero, por otro lado, le atenazaba la curiosidad.             ¿En qué lío me has metido, Madrina?              ¿Crees que habría trabajado aquí tanto tiempo si el trabajo fuera horrible?             He tenidos jefes tiranos, pero él señor Vianna no es uno de ellos. Adoro a señor Vianna como si fuera mi propio hijo.             Eso no me gusta y yo como quedo madrina, tú también eres mi hija sabes que te quiero mucho, eres todo para mí, así como tú padrino Herman.             Tienes que aprender a trabajar con el señor Vianna a tener paciencia así que será mejor el trabajo y si no ser humillante si lo haces… si no atente a las consecuencias. A Hilary no le gustaba esas palabras.             Prefería que sus jefes fueran amables, y tener contacto directo.             Por supuesto, tener un jefe que no iba a tener contacto personal directamente era mejor a ter uno que fuera sexy para luego, que fuera a resultar ella con el roto y quedarse sin empleo.             Tal vez sería mejor un jefe hiriente y distante. Si apenas pasaba tiempo con él no podría tener una aventura y acabar siendo despedida.             Hilary se volvió hacia una de las videocámaras. Se sentía incómoda teniendo esa conversación sabiendo que él podía estar escuchando.             ¿Nos está observando por ahí? dijo Hilary.              Daniela contesto que probablemente, pero no recibe sonido.              Solo puede oírnos por el intercomunicador. Podemos hablar tranquilamente, así que te contaré el fatal desenlace.             El señor Vianna quedó desfigurado cuando se estaba quemando la casa, donde murió su esposa, él estaba iniciándose en el negocio.             Cuando iba llegando a la casa la encontró en llamas eso fue hace mucho tiempo. No quiere que nadie lo sepa. A eso se reduce todo el misterio: nadie puede saber lo desfigurado se encuentra.             Cuando le veas cara a cara, si le ves, es mejor que no reacciones, actúa como si no lo tuviera nada. No le demuestre ningún sentimiento a él no le gusta eso, con el tiempo te acostumbrarás.             Hilary no pudo evitar sentir cierta lástima por su nuevo jefe. Tenía que ser difícil vivir así.             Sonaba horrible. Le hizo desear ayudarlo de alguna manera. Era su naturaleza. Su padrino Herman le dijo que siempre le gustaba ayudar a los demás e igualmente Daniela.             ¿Lo veré alguna vez? Da la impresión de que no sale nunca dijo Hilary se preguntaba cómo podía ayudar al señor Vianna si se mantenía siempre en el anonimato.             Antes o después, lo hará. A veces es un poco gruñón como un oso después de hibernar. Pero ladra más que no muerde. Es como un gatico inofensivo.             Hilary asintió, absorbiendo la información. Daniela pasó a informarle de sus tareas.             Además de las funciones de secretaria, tenía que hacer recados para él.              ¿Tengo que recoger la ropa del tinte?             ¿No tiene una esposa o alguien que lo haga? preguntó, mirando la lista que le dio Daniela.             No. Es soltero. Ya te he dicho que su esposa murió durante el incendio, por eso te dije que solo tú y yo lo veremos, era en serio. Le traerás el café por la mañana. A veces le encargo el almuerzo, pero suele traerlo él o alguien lo entrega en el vestíbulo; en ese caso tendrás que bajar a recogerlo.             ¿Cómo puede vivir alguien sin salir al exterior? Sin ir a las tiendas, al cine, ¿la playa o a cenar con amigos?              Hilary se quedó atónita. El señor Vianna vive por medio del ordenador.              Lo que él puede hacer lo hace. Lo que no pueda hacer, te lo pedirá a ti.              Tú serás su asistente personal, más que su secretaria. No paga un salario tan alto para que te pases el día limándote las uñas y contestando el teléfono.             ¿Cuándo empiezo? preguntó Hilary. Ya que sabía la verdad, no se sentía tan nerviosa.             Mañana. Serás mi sombra durante tres días, después estarás al mando durante cuatro semanas.             Me parece bien. ¿Por casualidad tengo que portar algún uniforme o algo especial?             La mayoría de los empleados visten a su gusto. El señor Vianna lleva traje a diario, aunque no sé por qué, dado que solo yo lo veo. Se te da tan bien ir a la moda, así que no tendrás problemas.             Hilary intentó no reírse de esa alusión a su gusto por ir a la moda. Era un eufemismo para referirse a su obsesión por la ropa y los zapatos.              Le encantaban las cosas brillantes, rosas y moradas. Un par de zapatos de plataforma o un bolso de cuero adecuados casi podían llevarlos de acuerdo a la ocasión o al clima.             Por desgracia, los dos últimos meses de desempleo habían sido devastadores para su vestuario. Pero eso ya era el parte de su pasado.             Tenía trabajo, había vuelto al mundo y volvería a la moda. El señor Vianna se iba a deleitar en todo un desfile de modelos por sus videocámaras.             Vamos a conseguir tu carnet, así como también tus códigos. Escanearán tus huellas digitales para que puedas acceder a esta planta.              Hilary se levantó y siguió a su madrina. Sintiéndose optimista, se detuvo un momento y miró directamente a la cámara. Se echó los largos rizos rubios por encima del hombro y se enderezó.             Señor Vianna, si voy a pasar el próximo mes aquí espero que sigas mirándome por esa lente dijo, sabiendo que no la oía, espero que te guste lo que ves.             Andrey Viana dijo que gustar era quedarse muy corto. Hilary Rossy era toda una distracción.             Andrey llevaba dos días observando a su nueva asistente que había dejado Daniela en su cargo, siendo adiestrada por su mejor secretaria, la iba a extrañar por cuatros semanas esperaba que no le ocasionara la nueva asistente problemas mientras tanto la miraba como si estuviera viendo una película. Tenía cámaras conectas a las grandes pantallas del equipo de vigilancia.             Las cámaras de vigilancia habían capturado su atención durante la entrevista que Daniela le había realizado sobre el trabajo y ocasionándoles el olvido de una conferencia telefónica. Le intrigaba la mujer y también su forma de volverse hacia la cámara como si lo observara, igual que él a ella.             Tal vez porque no veía a mucha gente, sobre todo a mujeres, Hilary lo tenía intrigado e hipnotizado. Le gustaban los espesos rizos rubios que le caían por los hombros y la espalda.             Así como su piel tenía un tono dorado, como si le gustara salir a correr o a nadar al aire libre. Le atraían sus enormes ojos azules y su esplendorosa sonrisa. No era muy alta, pero lo compensaba con tacones altísimos que, acompañados de faldas cortas y rectas, daban un aspecto fantástico a sus piernas. Era muy atractiva.             Andrey quería a Daniela como a una madre. Era trabajadora, eficiente y algo regañona, pero a él le gustaba así. Daniela era una pura dinamita en la oficina.             Andrey se preguntaba cómo iba a apañarse sin ella.             Daniela le había mencionado su viaje de aniversario hacía meses. Había tenido tiempo de sobra para prepararse. Sin embargo, seguía sin hacerse a la idea de que faltaría tanto tiempo.             Cuando Daniela había sugerido que contratara a su ahijada para sustituirla, le había parecido una idea sensata. Pero no se le había ocurrido preguntarle si su ahijada era atractiva. Suponía que a la mayoría de la gente no le importaría eso, pero a él sí.             Andrey evitaba a la mayoría de la gente, pero sobre todo, a las mujeres guapas.             Nadie lo entendía, y menos aún sus hermanos de adopción, que siempre lo aconsejaba para que saliera y tuviera citas. Porque no sabían cómo era eso para él. Cuando ellos abordaban a una chica guapa solo tenían que preocuparse de ser rechazados. Y, considerando que sus dos hermanos eran guapos y ricos, eso no ocurría a menudo.             Cuando Andrey se acercaba a una mujer guapa sabía que el rechazo estaba por presentarse en cualquier momento.             Pero eso no era lo malo, sino a la expresión de la mujer cuando lo veía. Esa primera reacción.             El destello de miedo y compasión que ni la persona más sensible y educada podía evitar. En el mundo de Andrey, eso era lo primero que él tenía en cuenta, aunque fuera seguido por una rápida recuperación y un intento de simular indiferencia.              Andrey sabía que había gente que lo miraba con compasión y otros con lesiones peores que la suya que no se escondían. Algunos incluso eran conferenciantes, modelos para otras víctimas. La gente, inspirada por su fuerza, veía más allá de sus cicatrices.             Esa opción, por noble que fuera, no encajaba con Andrey. No quería ser la imagen pública de las víctimas de quemaduras.               Por eso le costaba bastante enfrentarse a la lástima. No podía soportar la compasión pública.             Suponía que esa era la razón de su reputación no solo de recluso, sino de haber podido estar presente para rescatar a su esposa sentía que le había fallado cuando más lo necesitaba.              La gente le sentía lástima cuando lo veía desfigurado. Pensaban que él que lo merecía, por eso no se había operado.
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