Capitulo 5: La misma luna

1661 Palabras
(2015) Los recuerdos me atemorizaron todos los siguientes días de nuestro encuentro. No podía dejar de pensar en él, en mi Alfred. En el amor de mi vida, en todo lo que había pasado desde el día que lo conocí. En lo bueno y lo malo. No me moleste en escribirle, no fue necesario, porque lo hizo por mí. En la soledad de mi pequeña casa busque todos los recuerdos que guardaba suyo. Las cartas que le escribí y nunca le envíe, los regalos, los poemas. Una caja llena de objetos que me devolvieron al piso. Sabia, lo sabia con exactitud que yo podía caer en sus brazos. Que era presa de mis emociones. Y mi corazón deseaba con todo mi ser el refugio que me daban sus brazos, la calidad de sus labios. Pasamos una semana mensajeándonos, cada vez que presionaba el botón de enviar quería darme en la cabeza por idiota, por ser débil, por caer en su juego. Mi corazón y mi cabeza tenían esta pelea que no llegaba a un fin, mientras uno decía no, el otro decía sí. De Alfred:                ¿Puedo visitarte? Me rendí, mi mente dejo de razonar, para mi idiotez no había remedio. Mi respuesta no se hizo esperar. De Lily:      Por supuesto.  De puse de pie de inmediato, mi apartamento era un desastre, tenia ropa sucia y limpia ligada en el suelo, había trastes sucios de varios días. Lo limpie todo en tiempo récord, cuando acabe me metí al baño y tome una ducha, me prepare para algo que tal vez no pasara. Pero mi yo muy masoquista quería caer en sus brazos, tenerlo en mi cama una nueva vez. Por más que eso me destruyera. Me puse un vestido con el cual no tenía que usar bracieles, con unas bragas de encaje rosa oscuro. Me morí de nervios, caminaba de un lado para otro por mi casa, reorganizando cosas que sentía que estaban en mal lugar. Hasta que escuche un suave golpe en la puerta. RESPIRA HONDO. RESPIRA. Camine despacio hacia la puerta, respire hondo varias veces antes de abrir la cerradura. —Hola. — le dije, se veía tan bien en un simple t-shirt blanco y jeans azules. Me sonrió mostrando su línea de dientes blancos. —Hey. — fue su respuesta, me hice a un lado y lo dejé entrar a mi casa. —Este lugar sigue igual. — dio media vuelta por la sala. —Sí, me gusta como esta— mentí, la realidad era que no tenia dinero para comprar muebles nuevos. — toma asiento. Asintió, camino hasta el sofá. Lo vi sentarse, tenerlo aquí me hacia pensar que el tiempo no había pasado. Que no nos habíamos separado, que yo no había sufrido tanto. Me senté a su lado en el mueble. —¿Cómo has estado? — hablo, pensé que decir por unos minutos. ¿Qué rayos podía decir a eso? —Bien, haciendo cosas, estudiando mucho. Me cambie de carrera. —  me encogí de hombros. —¿y tú? —Excelente. Yo me cambie de universidad. — hablamos por un largo rato de la universidad, familiares, películas que hemos visto, series, comida, de cosas triviales por unos 30 minutos. Llegue a relajarme en un cierto momento, cuando comenzó a contarme que su madre se fue a vivir a Estados Unidos, que ahora esta viviendo solo. Llegamos hablar de nuestra vida amorosa, de que ambos estamos solteros en ese momento. Cuando nos cansamos de hablar hice palomitas y nos pusimos a ver una película, sentados en el sofá, uno al lado del otro. Como en los viejos tiempos. Aquel mueble guardaba ciertos secretos de mi vida s****l. En un punto de la película nuestras manos se rozaron y todo mi cuerpo reacción a ese roce. MALDITA SEA.  El corazón me latía como si fuera la primera vez que lo veía. mi cuerpo reaccionó a su fragancia, estábamos tan cerca que si me movía solo un centímetro podía tocar su hombro con el mío. quería que pasara algo entre nosotros, quería... ya no sé qué era lo que quiera realmente. Mis piernas me temblaban como gelatinas. Él parecía de lo mas tranquilo del mundo. Mirando la pantalla del televisor y comiendo palomitas. Me cacho virándolo y la vergüenza me invadió. La segunda vez que me pare para ir a la cocina por palomitas dure más tiempo de la cuenta. Necesitaba respirar, aclararme la mente, no tenía control sobre mi propio cuerpo. Me agarre con fuerza a la meseta de la cocina, tratando de tranquilizarme. Estaba más afectada de lo que pensaba que realmente iba a estarlo. —¿Lily? — escuche su voz y mi clítoris vibro entre mis piernas, maldije en mi mente. Escuche sus pasos, solo me dio tiempo a tomar una respiración profunda. Cuando me di vuelta estaba parado en la puerta de mi pequeña cocina, todo se veía diminuto a su alrededor, hasta yo. —¿Sí? — respondí, quería darme en la frente con la pared. Él no se movió, no respondió. Solo nos miramos por lo que parecían minutos. El pecho me subía y bajaba con frenesí, pensaba que me iba a dar un ataque cardiaco. Ya no recuerdo quien dio el primer paso, pero sí que llegamos al mismo tiempo al centro, sus ojos estaban oscuros, no podía leer en ellos que estaba pasando por su cabeza, la mía gritaba que me besara. Al parecer leyó mi mente porque me puso las manos a ambos lados de la cabeza y se agacho para besarme. Gemí cuando su labio inferior toco el mío. Todo mi cuerpo se activó con su beso, sentí esa corriente eléctrica pasarme por la espalda y terminar en las plantas de mis pies. El beso comenzó delicado y tierno, tanto como él era, o lo que yo recordaba que era. Pero yo quería más, necesitaba más. Necesitaba enseñarle que ya no era la niña inocente y virginal que conocía. Lo agarre por su camisa y lo acerque más a mi cuerpo, sintiendo su erección en mi vientre, volví a dejar escapar una exclamación. —Por favor— suplique, aunque no sabía porque suplicaba. Sus manos se deslizaron por mis brazos, haciendo un recorrido por mi cintura, mi estómago, más abajo a mis caderas.  Volví mis manos puños en mi agarre. Sus manos terminaron en mi trasero, me levanto y me deposito en la meseta, abrí las piernas para dejarlo entrar, solté su camisa y le agarré del pelo. Nuestros labios llevaban un ritmo constante, moviéndose a su propia velocidad. Yo seguía necesitando más, así que le acaricie el cuello, los hombros, pase por su espalda, las atraje hacia la correa de su pantalón, lo desabroche y le quite el cierre, introduce mi mano derecha entre sus boxes y aprecie mi v****a vibrar cuando le toque su pene. Lo liberé de su escondite y comencé a acariciarlo de arriba hacia abajo. No separamos y le di permiso para que me besara el cuello, me toco por encima de mi ropa interior y contraje la espalda a modo de respuesta, empujando mis caderas hacia delante, echo la tela a un lado para dejar toda mi área libre, gimoteé cuando introdujo un dedo dentro de mí, seguía mimando su m*****o con mi mano derecha y con la izquierda me agarraba a su espalda. Jugueteo unos minutos con mi clítoris, estaba a punto de correrme, de dejarme ir en sus manos, de perder toda la cordura que me quedaba, si era que alguna vez la tuve. Para mi sorpresa, alejo su mano y la poso sobre la mía, le solté el pene. Baje mi mirada a su acto y lo vi guiarlo hasta mi centro, deje salir una fuerte exclamación cuando estuvo dentro de mi cuando suave movimiento de cadera. No hizo falta mucho para yo correrme. Me quito el vestido por la cabeza y lo dejo caer en el suelo. Atrapo uno de mis pezones con sus labios, al tiempo que sus caderas empujaban dentro de mí. Yo había querido esto desde hace mucho tiempo, poder volver a sus brazos ahora que ya no era tan inocente, que realmente nos deseáramos y nos amaramos como antes no pudimos hacerlo. Se muy dentro de mí que esto no significa que él siga amándome o que en algún punto de los años que hemos estado separados se haya dado cuenta que realmente me amaba y que se había equivocado. No quería hacerme ilusiones con un futuro juntos. No deseaba pensar en nada, salvo sus labios rozando mi pezón izquierdo o sus caderas dándome placer.  Solo me apetecía disfrutar de este momento. Dejo mis senos y me bajo al piso, me puso de espaldas en un movimiento rápido, me azoto en la nalga derecha y se me escapo un grito de puro placer.  Me sujeto firme por las caderas a lo que su pene buscaba su lugar de entrada. Me agarre del cemento para no caerme, las piernas me temblaron cuando me corrí por segunda vez, abrió mis piernas con las suyas y con su mano derecha me tocaba el clítoris, sus embestidas tomaban cada vez mayor ritmo, no quería que acabara aquel encuentro s****l, porque estaba siendo el mejor de mi vida. Tuve que sujetarme lo más fuerte cuando una tercera ola de placer me azoto. Lo escuché gruñir y no lo pensé dos veces, me solté y me di la vuelta rápidamente.  Caí de rodillas par abrir la boca frente a él, para alcanzar su pene en mi boca, lo introduje lo más profundo que pude en dirección a mi garganta, lo sacaba y lo volví a meter en mi boca, con meneos rápidos, se corrió en mis labios, sentir su sabor me produjo un alto nivel de excitación que no había alcanzado antes, no me doble ni sentí nauseas por su semen, fue todo lo contrario. AHORA SÍ ESTABA JODIDAMENTE CLARO QUE ESTABA COMPLETA Y PERDIDAMENTE ENAMORADA DE ÉL. 
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