Capítulo 4: Me entrego a ti

1221 Palabras
Finales del 2010 En diciembre del 2010 nuestra relación estaba en su mejor momento, íbamos a todos partes juntos, me había presentado a su familia, me invitaban a comer los domingos, a ir a su pueblo a conocer a sus tíos y abuelos. Yo llevaba tiempo en las nubes. No sabia lo que era pisar el suelo. Era joven y estaba enamorada, ¿Qué más podía pedir? Atesoraba cada minuto que pasábamos juntos, cada salida, cada película vista. Teníamos muchos gustos diferentes, pero eso nos unida, ya que yo lo llevaba a mi lado más rockero y él me llevaba a su lado urbano. En nuestra primera cita fuimos al cine a ver Luna Nueva. Ame que me llevara, aunque sabía que la película no le gustara. Luego fuimos a cenar y terminamos en mi apartamento. Estábamos en el idilio de nuestra relación, buscamos estar a solas cada vez que se podía. No podíamos quitarnos las manos de encima. Estaba perdiendo todos mis cabales cada que los besos se intensificaran. No quiera detenerme, pero la voz de mi madre resonaba en mi cabeza una y otra vez; Los hombres llegan hasta donde las mujeres lo dejan llegar. No dejes que te toquen en ninguna parte intima, no es tu esposo. Le ponía pausa a la situación. Él me llevaba a su regazo y me consolaba. —Todo esta bien. — me susurraba al oído, mientras me acunaba. Me besaba la frente y acariciaba el cabello. —Me encantas. —Gracias por cuidarme— le respondía, aunque no lo había dicho, mi lengua moría por decirle que lo amaba, pero tenia miedo, miedo de ser muy pronto, de que te asustaras. —Te quiero. — era lo único que podía llegar a decir, disfrazado de un te amo.   … Nos tuvimos que separar por las fiestas de navidad, fueron los días más largos de mi vida. No me atrevía a contarles a mis padres de su existencia, así que cuando hablábamos tenia que esconderme, esperar que ya estuvieran durmiendo para nuestras conversaciones hasta más allá de la media noche. Mi avión de papel estaba listo para volar, quería que nuestra relación diera un siguiente paso, pero era tan temerosa que dolía. Odiaba mi forma de ser, mi timidez, mi maldita pureza. Todo lo relacionado a mí. Creo que en aquel momento comenzó mi dependencia, allí deje de pensar en mí, todos mis pensamientos eran relacionados a él y lo que lo podía ser feliz. Era un chico listo, guapo, muy amable, sabía que las mujeres morían por hombres como él. Yo era muy simple a su lado, tenia un miedo horrendo de perderlo. De ser poco suficiente, de no ser la mujer perfecta. Lloraba por las noches, tenia celos te sus amigas, de con quien hablaba. Eran unos celos enfermizos que no sabia donde ocultarlos. Nunca peleamos, por absolutamente nada, yo me tragaba todos mis enojos, aparentaba ser la novia perfecta. Siempre iba bien arreglada, perfectamente maquillada. Ivy comenzó a preguntarme si todo estaba bien conmigo, las mentiras se me daban bien, ocultar mis sentimientos era lo que mejor sabia hacer para ese punto de la relación. Casi me da un infarto cuando en el primer semestre del 2011 teníamos horarios muy diferentes. Casi no nos veíamos, la chispa se iba apagando y ahí fue cuando me entregue a ti de manera que no sabia que podía. Yo tenía una idealización de quien eras, de nuestra relación, de todo lo que en mi cabeza pasaba. Mis celos llegaron a un nivel tan alto que él comenzó a darse cuenta, quería saber todo sobre su vida, hacia que me llamara cada rato, me le aparecía donde sabia que iba a estar. Hasta el punto de comenzar a odiar a tu mejor amiga Giselle. Que estúpida fui. Pero en ese momento lo sentía tan real. Ella era hermosa, baja de estatura, con el pelo n***o que le llegaba a la mitad de la espalda, sus ojos oscuros le daban un toque de misterio. Era una mujer muy coqueta, que le gustaba que todos la miraran hasta yo. Y eso me llenaba de enojo, porque ella era la clase de persona que yo quería ser; una mujer llena de autoestima. Lo peor de todo fue darme cuenta de que Giselle era genial, era buena amiga y teníamos gustos muy similares. Terminamos haciéndonos inseparables. Fue la única persona con la que me pude sincerar de todo lo que me estaba pasando, escuchar sus consejos me hizo calmarme. Comencé a pasar mucho tiempo con ella y con Ivy, estas dos también se hicieron amigas, eso facilito mucho las cosas. Tenerlas en mi vida me hacia sentir especial, ya no solo tenia una amiga hermosa e inteligente, tenia a dos. Nuestra relación comenzó a tener un mejor balance cuando estuve calmada, las cosas fluían para bien. Nos enfocamos en descubrirnos, en entendernos, en conocernos. Solté mi avión y dejé que volara. Que el viento lo llevara tan lejos como fuera posible. … Mi apartamento siguió siendo nuestro refugio amoroso, la primera vez que pasamos toda la noche junto fue mágica, no tuvimos que llegar a tener sexo, pero esa noche nuestros cuerpos comenzaron a conocerse. Los besos que nos dimos me hicieron gemir tu nombre, sentir tu erección me lleno de placer, terminamos en ropa interior, ambos excitados y jadeantes. Le acaricie la erección por encima de la pela de sus boxes, aun me sentía tímida para dar el paso de introducir mi mano por debajo de la tela. Me beso por el cuello, los hombros, dejando un delicioso camino de besos por todas partes. Rozando sus dientes contra mi piel. Jadeaba y gemía su nombre sin parar. Termine recostada en la cama boca arriba y él entre mis piernas, llevaba mis bragas y mi sujetador. Era la primera vez que estaba tan expuesta frente a un hombre, verlo allí con el cabello revuelto, las mejillas enrojecidas, medio desnudo y excitado me hizo sentirme la mujer mas afortunada del mundo. Aquel chico era mío y yo siempre seré suya. Llegue a mi primer orgasmo de mi vida cuando sus dedos me frotaron el clítoris y sus labios atraparon uno de mis pezones. gemí al sentir las piernas débiles y temblorosas. La cabeza me daba vueltas. No necesitamos más de ahí. Él supo cuando detenerse exactamente, muy dentro de mí no quería que parara, pero sabia bien porque lo había hecho. Y se lo agradecí. Nos abrazamos toda la noche, sin decir ni una palabra, solo jadeando hasta que nuestras respiraciones se normalizaban. Meses más tarde entendí que tanto él como yo estábamos muriendo de nervios aquella noche, porque igual que yo, era virgen. Después de esa noche, nuestros encuentros pre-sexuales se hicieron cada vez más frecuente, cada que podíamos nos tocábamos, nos hacíamos llegar al orgasmo sin la necesidad de que hubiera penetración, fuimos dando pequeños pasos, descubriendo todo lo que había que saber antes de dar el paso. Tengo que decir que me arrepiento de la razón por la que me entregue a Alfred esa noche, pero no de que él fuera el primero. Porque fue delicado, amoroso y el hombre que yo siempre amare. Pero la razón por la que nos adelantamos fue muy estúpida de mi parte. De eso sí que me arrepiento cada día.  
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR