2010.
Esa noche trate de parecer lo más aburrida posible cuando hable con mis padres, le cerré la llamada con la excusa de que tenia mucha tarea. No era mentira, tampoco fue que me pude concentrar en hacerlas. Tenia esa sonrisa y esos ojos gradados en mi mente.
Cuando llegue a casa me bañe, cene algo rápido, laves los trastes, pase por todos los rincones de mi pequeño apartamento, acomodando cosas, doble ropa que ya estaban dobladas, me senté a leer para mi clase del día siguiente. Hice de todo y solo había pasado 30 minutos. Mi cabeza no dejaba de dar vueltas, miraba la pantalla de mi celular cada 2 segundos, esperando un mensaje que tal vez no llegara. Seamos sinceros, de seguro no llegaría. Por quinta vez me puse hacer mis tareas, con algo de música. Tu mirada en mí de Ha Ash sonó de primero. Oh rayos.
Que eres tú, el silencio que me hizo hablar. La voz que en mí dormía, la fe que me abrigaba en tu mirar
Eres tú, quien alimentó mi libertad. Amarte y no necesitar de nada, tan sólo tu mirada en mí.
Cuando el reloj marco las 10:00 PM me fui a la cama, tomé el celular. No tienes mensajes nuevos, nada, no había nada en la pantalla. Decepcionada me acerqué a la mesa de noche y lo puse a cargar. Me deje caer en el colchón, respire hondo, cerré los ojos. Justo en ese momento, a las 10:10 pm el celular me indico que tenia un mensaje entrante. Con el corazón en las manos fui por él.
De Alfred:
Espero hayas llegado bien.
Sonreí como una lunática. Solté el celular y ahogué un grito en la almohada. Cuando recuperé la cordura, le escribí.
De Lily:
Sí, gracias por preocuparte.
Su respuesta llego en pocos segundos.
De Alfred:
No fue nada, hay que preocuparse de que las niñas bonitas lleguen bien a casa.
Volví a gritar de emoción.
De Lily:
¿Crees que soy bonita?
De Alfred:
Por supuesto que sí.
Estaba coqueteando con un chico. Creo que era mi primera vez. Le sonreí a la pantalla.
De Lily:
Pues gracias, tú tampoco está mal
Me mordí el labio antes de darle a enviar. Para mi disgusto su respuesta no llego, pero esa noche soñé con ángeles, boda, hijos.
….
Los siguientes días mi vida se convirtió en una rutina; clases, pasar tiempo con Ivy y mensajearme con Alfred, regresar a casa y seguir hablando por mensajes con él. Nuestras conversaciones estaban teniendo un excelente ritmo, nos dábamos los buenos días, nos comentábamos las cosas que teníamos que hacer ese día, hasta el punto de comentarnos lo que pensábamos. De conversaciones triviales hasta cosas serias. Sentía una conexión inexplicada cuando hablábamos por mensajes. La primera llamada que tuvimos duro casi dos horas, hicimos tareas con la llamada abierta, la tercera vez ya se sentía como rutina de tarea.
Cuando vas a hacer un avión de papel tomas una hoja en blanco, te aseguras de que este sin arrugas, doblas el papel a la mitad por el lado más largo. Sigues el proceso paso a paso, doblar, juntar, alisar. Hasta que este listo para hacerlo volar. Si te saltas algún paso el avión no volara adecuadamente, nosotros nos saltamos muchos pasos, y volamos antes de tiempo. Cuando nuestro avión no pudo volar se estrechó con la pared mas cerca, pero en vez de volver a empezar, lo dejamos en el piso y lo pisotearon. Eso nos paso a nosotros, o bueno, eso me paso él. Me salte pasos, estaba tan ansiosa por ser suya que me olvide del proceso.
Un viernes en la noche lo invite a mi casa, deje todo malditamente arreglado para Alfred. Hice palomitas, compré dulces, M&M, porque en uno de sus mensajes me dijo que eran sus favoritos. Coca cola, hice tostadas de queso. Quería que todo fuera perfecto. Organice una cita para los dos, sin que tuviera la más mínima idea. Mi apartamento era pequeño, una cocina simple, con las cosas necesarias para una estudiante, una cama de una plaza, un sofá de dos cojines, una mesa de centro, al lado un escritorio, el baño era pequeño, pero yo lo había acomodado todo a la perfección. Había colgado algunos cuadros con frases que siempre me habían gustado y que me motivaban. Mis muebles eran blancos para que combinaran con las paredes, en ese tiempo llevaba un estilo muy sencillo. Tenia cortinas de color oscuro para que nadie pudiera ver hacia dentro.
Me emocioné cuando mi celular sonó y vi su nombre en la pantalla. Le indiqué que apartamento era, todavía con el celular en la oreja, abrí la puerta. Sonreí de oreja a oreja cuando lo vi allí de pie. Colgamos la llamada.
—Hola — su voz sonó divertida y juguetona.
—Hola— me moví para que pudiera entrar, al pasar por mi lado se inclino y beso mi mejilla. Me elevé en ese momento, juro que tuve que agarrarme bien a la puerta para no caerme. Me acaricie esa área de la cara, lo suave que se sentían sus labios. Cerré la puerta despacio y tuve que contar hasta 10 antes de darme la vuelta.
Lo vi de pie en mi pequeña sala, se venia gigante entre mi espacio reducido. Yo ame tenerlo allí, solo para mí.
—Hice palomitas— anuncié dando un paso.
—Suena bien.
—Podemos ver una película.
—Me gusta tu idea.
—Puedes sentarte a lo que voy por las palomitas. — me armé de valor antes de dirigirme a la cocina, lo vi tomar asiento en el sofá, agarro el control de la TV. CONCENTRATE. Era la primera ves que estaba sola con un chico. Mi mamá le diera un infarto si se enterara de esa situación. Me sacaría corriendo de la universidad y me llevaría a casa.
Regrese a la sala con el bol de palomitas recién hechas y dos coca-colas en la mano, él se puso de pie rápidamente al verme y tomo los refrescos. Le sonreí a modo de gracias. Tomamos asiento, desee que el mueble fuera más pequeño, así podríamos estar cerca el uno del otro. Vimos una película de acción, porque fue lo más sensato que podíamos hacer. Nuestras manos se encontraron varias veces al tomar palomitas. Nos mirábamos en varias ocasiones. Yo estaba tan nerviosa que no sabia que hacer o que decir. Al finalizar la película me quede en blanco, totalmente.
—¿Quieres ver otra película? — le pregunte ansiosa.
—No, mejor hagamos otra cosa. —me quede helada.
—¿Cómo qué? — susurre. Creo que se dio cuenta de que me había puesto roja. Quito el bol vacío que nos alejaba y lo dejo en la mesa. Se centro de frente hacia mí y yo lo imite. Agarro mis manos temblorosas entre las suyas. Las mías se perdían entre las suyas, que eran más grandes. Nuestros colores de piel resaltaban, yo era de piel mestiza y él pálido.
—Tranquilízate. —me calmo. Le sonreí mirándolo a los ojos. —No vine aquí para que hagas cosas que no quieras hacer. Podemos simplemente hablar. —Asentí aliviada, porque no sabia que exactamente tenia que decir. Unos segundos después pude recuperar la voz y terminé diciendo:
—Me gusta hablar contigo.
—Igual a mí. Es sencillo y divertido, siento que te conozco de toda la vida. — volví a sonreírle, me dedico una sonrisa sin mostrar los dientes y me fije que, de esa manera, la comisura de sus ojos se arrugaba. Lo ame, creo que en aquella ocasión me enamore de él.
Y sí hablamos, de todo. Era lo que más me encantaba, la facilidad con la podíamos hablar de cosas serias, no tan series. De trivialidades como la música, películas, gustos en anime, videojuegos. Sencillamente de todo. Eso también, fue lo que me arruino, saber que nosotros congeniáramos tan bien. Que podíamos desnudar nuestras mentes a ese nivel, sin la necesidad de desnudar nuestros cuerpos.
Entonces, me di cuenta de que
ya no volvió a soltar mis manos, hasta que termino.