(2010)
El 2010 fue un año desastroso; terremotos, volcanes haciendo erupción, el escándalo Wikileaks, horrores que hasta se pensaba que era el fin del mundo en aquel año. Por parte de la cultura pop teníamos temas grandiosos como Tik Tok de Kesha, Uprising de Muse, películas desastrosas como linterna verde de Ryan Reynolds, entre muchos otros casos.
En aquel año yo acababa de mudarme a la ciudad, no tenia que decir lo angustiada que me encontraba, tenia miedo hasta de mi propia sombra y más porque vivía sola, cosa que nunca había pensado en toda mi vida que podía llegar a pasar. Mis padres eran un tanto sobreprotectores, tanto así que me llamaban 15 veces al día, tenia que enviarle mi horario de clases y llamarlos si conocía a alguien, si alguien se me acercara, cada mínimo detalle de mi vida. Esa situación me provocaba una ansiedad social hasta el punto de no querer conocer a nadie. Solo llevaba unas semanas viviendo en Santo Domingo, necesitaba aprender a moverme en la ciudad, conocer las calles, las rutas de como llegar a mi casa, tenia un miedo de perderme. Mi mamá me había metido millones de ideas en la cabeza, de lo que ocurre en las calles de noche. Los amaba, de verdad que amaba a mis padres, pero su sobreprotección me llegaba a asfixiar de una manera que no podía ni explicar.
Es verdad que tenía miedo, ansiedad, estrés de estar allí sola, pero una gran parte de mí se sentía viva por experimentar todo aquello, tener algo de libertad. Poder estar viviendo mis sueños y lejos de mis padres. Era mi primer día de clase, llegue temprano como de costumbre. Odiaba las tardanzas. No era una chica muy estudiosa e inteligente, pero si de algo se me podía clasificar era por siempre llegar temprano a todas partes. Me fijé en todos los que iban llegando al aula, les sonreí tímidamente a quienes se me sentaron cerca. Ese semestre llevaba 10 materias, porque como no tenia amigos ni vida, me podía dar ese lujo. Que error el mío. Cuando por fin llego el profesor me sentí aliviada de que sea amable, conocía muchas personas que habían estudiado en la misma universidad, no poseían buenas referencias de los maestros. Pero este parecía amable. Tome apuntes de todo lo que había dicho, de la primera tarea. Estaba emocionada de tener tarea. Me sentía tan nerd. Nunca en mi vida.
En la escuela no era la más inteligente, se podía decir que era la menos inteligente de mi grupo de amigas, ya que ellas sacaban las mejores calificaciones y yo a chepa llegaba al cuadro de honor, siempre tuve este celo por esa situación, porque yo me esforzaba bastante en las clases, pero nunca llegaba hacer tan buenas como ellas. Nunca lo di a notar, pero siempre lo oculté. Ahora quería ser diferente, tener nuevas amigas, compartir nuevas experiencias. Todo nuevo. Al finalizar las clases tenía horas libres, podría irme a mi casa y estudiar un poco, o quedarme e intentar socializar un poco. Tengo que admitir que era una persona tremendamente introvertida y tímida, aun nivel extremo. Me daba tanta ansiedad hablar con extraños, que no sabia como iba hacer amigos. Decidí quedarme, pero me fui a recostar en un área verde. Allí pase el rato e intente comenzar con mi tarea. Revise mi f*******:, comente, di like y cuando me aburrí decidí recoger mis cosas, mi otra clase comenzaba en una hora, pero yo estaba demasiada entusiasmada por esa clase, ya que era Fundamentos de Marketing, que era la primera materia relacionada con mi carrera.
Cuando lo vi por primera vez supe que me iba a enamorar de él. Caminaba muy tranquilamente por la carretera, puedo recordar con detalle todo lo que paso a continuación, era alto y delgado, con el pelo de puntas negros, piel pálida, labios delgados y rosa, no llegue a alcanzar a ver sus ojos, pero de seguro eran bonitos, como todo él. Me quede paralizada en mi lugar, cuando paso por mi lado la respiración se me corto. Su olor se me quedo grabado para siempre, me dedico una pequeña sonrisa a modo de saludo, me fallaron las piernas. Pensé que me iba a caer. Lo observe marcharse, quise que el tiempo regresara y volver a verlo pasar por mi lado, ver su sonrisa. Revivir aquel momento para siempre. Cuando se perdió de mi campo de visión y llegué a recuperar la estabilidad de mi cuerpo, me fui a clase. No le preste atención a nada de lo que dijo la profesora, me pase todo el tiempo mirando a la nada, viendo aquella sonrisa.
Siempre he sido una persona muy enamoradiza, había tenido pequeños encuentros amorosos en el pasado, ninguno memorable o importante para recordar. Yo quería encontrar un amor de película, vivir toda una aventura, conocer el chico de mis sueños, mi príncipe azul, casarme con él y entregarle todo mi cuerpo a una sola persona. Que inocente era en aquellos tiempos, siempre se me había inculcado que las mujeres teníamos que llegar vírgenes al matrimonio, ser tan puras como fuera posible. Yo pensaba aquellas ideas, las creía y las respetaba, aparte de algunos besos, no había existido ningún otro tipo de roce s****l con el sexo opuesto. Algunas de mis amigas del colegio habían perdido su virginidad en aquellos años, yo vivía de sus historias de amor, de sus experiencias. Quería tener lo que ellas tuvieron. Sim embargo, no podía compararme con ellas, porque a diferencia que eran hermosas, con cuerpos voluptuosos, yo era una tabla por delante y por detrás. No era muy bonita, no tenia nada que pudiera atraer a un chico como aquel. Y eso, me llenaba de tristeza.
Esa noche soñé incontables momentos con esos labios, con esa sonrisa. Planee toda una vida juntos, el noviazgo, la boda, los hijos, la vejez. Miro hacia atrás y quisiera darme en la frente con la pared repetidas veces por se tan boba. La semana se me hizo eterna, clases, tareas, casa y así lo repetí por un mes, dos meses, no había cruzado palabras con nadie fuera de un salón de clase, cada tiempo que tenia libre iba a sentarme en el área verde, tenia la esperanza de que volviera a pasar por allí para volver a verlo, tal vez esa vez si me atrevía hablarle. Saber su nombre al menos. Algo que siguiera alimentando mi ilusión, porque comenzaba a borrarse su recuerdo de mis pensamientos.
El 5 de octubre del 2010, una chica de mi clase de biología (sí, era un requisito tomar muchísimas materias básicas en la universidad) llamada Ivy me invito a comer, teníamos que ir a comprar un libro para la clase y de ahí fuimos a uno de los tantos restaurantes que estaban alrededor de la universidad. No se pueden imaginar la emoción que llevaba esa mañana, ya habían pasado 4 meses desde la ultima vez que estaba con alguna amiga y en lo particular, ella me caía muy bien. Era su primer semestre al igual que el mío, ambas estábamos solas en aquel inmenso campus, en la ciudad, porque éramos de pueblo, con la diferencia de que Ivy vivía con una tía. Fuimos por unas hamburguesas. Mi mamá me había prohibido comer comida en la calle, ya que era muy delicada del estómago, me obligaba a llevar mis comidas desde casa, pero aquel día no me importo nada. Y justo ahí, en ese pequeño y nada agradable lugar lo vi.
Al entrar en el local lo primero que vi fue su mirada, estaba estado en una mesa de frente hacia la puerta, llevaba una camisa manga corta de rayas negras y blancas, el cabello bien peinado y la sonrisa que le dividía la cara, en su mesa había dos personas más, una de ellas era una chica de pelo n***o hasta la mitad de la espalda, quien me daba la espalda, y junto a ella un chico de cabello y piel oscura. Su risa me llego por encima del bullicio, sentí como mis piernas se flaqueaban. Necesitas estar serena, me dije a mí misma. Respira, es solo un chico. Nos acercamos a la barra para pedir nuestra comida, decidimos compartir las papas fritas, para no gastar tanto dinero. En aquel momento, supe que ella y yo seriamos buenas amigas. Tal vez las mejores. Ivy era el tipo de chica de la cual siempre buscaba hacerme amiga, bonita e inteligente. Ahora que lo pienso, creo que tengo una dependencia sobre eso, siempre me han llamado la atención las chicas así, me gustaba sentirme especial al lado de una mujer bonita, me hacía sentir que, si ellas veían algo especial en mí, cualquier persona lo podría hacer. Busqué con la mirada donde podíamos sentarnos, se me iluminaron los ojos cuando vi una mesa junto al chico, casi corro hasta ella. Me senté donde pudiera verlo sin tener que voltear mi cara, Ivy se sentó frente a mí. No le preste mucha atención a nuestra conversación al principio. Cada que podía desviaba mi mirada, lo vi concentrarse en lo que le decía su compañera, como arrugaba el ceño para luego relajarlo y sonreír.
—Sería genial poder tomar más clases juntas. – volví a la realidad, miré a mi acompañante.
—Sí, lo malo es que estudiamos carreras super opuestas. – nos echamos a reír, porque era real, Ivy estudiaba medicina y yo mercadotecnia.
—Algo se nos ocurrirá para seguir viéndonos el próximo semestre. — asentí y le dediqué una sonrisa. Volví a mirarlo fijamente por unos segundos y creo que sintió que alguien lo mirada, porque atrajo su mirada directo hacia mí, me puse como un tomate, pero le sostuve la mirada, me fijé en sus ojos, cafés claros, sus ojos me atrajeron como polilla. Para mí el tiempo se detuvo, las personas desaparecieron, solo estábamos nosotros, en lados opuestos mirándonos. La chica sentada en su mesa irrumpió nuestro momento, me humedecí los labios porque de repente toda la boca se me seco. Bebi de mi coca cola despacio. Lo vi ponerse de pie junto a sus acompañantes, seguí todos sus pasos con mis ojos. Lo recogí entero, dispuesta a recordar cada uno de sus movimientos en mi cabeza, por si acaba siendo la ultima vez que lo veía. La universidad contaba con más de 100,000 estudiantes en su sede central, volver a verlo seria una casualidad demasiado grande.
…
Ese día la suerte estaba de mi parte, porque lo volví a ver. En la fila para tomar el autobús de regreso a casa estaba parado a dos personas por delante de mí. Sentarme a su lado seria muy arriesgado, pero no perdía nada en intentarlo. No fue tan difícil al final, él se acomodó al lado de la ventana, rece para que las dos personas delante de mí no se sentaran a su lado. me deje caer casi empujando a una chica, había logrado mi propósito. Estaba feliz por eso, aunque no habláramos todo el camino. No sabia de que rayos hablar, ni como comenzar una conversación, era muy mala para hablar con cualquier persona. Normalmente los chicos me hablaban a mí y no es por ser arrogante ni nada por el estilo. Pero era la verdad, por ese lado me sentía afortunada, yo tenia la mente llena de barreras, cosas inútiles que en ese momento pensaba que eran importante. Cuantas lágrimas me hubiera ahorrado.
Mire la hora en mi celular y la anote mentalmente, también el día, podría toparme con él ¨casualmente¨ los miércoles a las 5:30. Sonaba muy acosadora, pero como dije antes, no sabia como relacionarme con los hombres. Tenia muy poca, pero muy poca experiencia. Mi cerebro se debatía en encontrar algún tema de conversación que comenzar, se me era inútil, era un viaje de casi una hora. No quería perder el tiempo. Como dije, ese día era mi día de suerte. Porque él me hablo a mí.
—¿Nos habíamos visto antes? — mi corazón dio un salgo de aquí al cielo al escuchar su voz, era más profunda de lo que había llegado a imaginar, a su ves tenia un toque jovial.
—Creo que sí— dije con voz más dulce de lo que era. Por lo regular cuando alguien me escuchaba hablar pensaba que era más joven de lo que realmente era. Ya estaba a punto de cumplir los 18 años, seguían diciéndome que parecía de 13. Hice que mi mente dejara de pensar idioteces. Concéntrate en el ahora, estás hablando con el chico que llevas soñando por días.
—Me llamo Alfred, ¿Y tú?
— Un gusto, Alfred. — acaricie su nombre con la punta de mi lengua. —Lily, aunque en realidad mi nombre es Liliana, todos me dicen Lily. — hable, él sonrió al tiempo que asentía. La primera sonrisa, la atesore como si alguien me hubiera dado el mayor regalo de mi vida. Los ángeles cantaban a mi nombre en aquellos momentos. No me di cuenta en que momento el chofer se puso en marcha ni por donde íbamos, toda mi concentración estaba puesta en el chico junto a mí. Me acomode en el asiento para verlo mejor.
—Lily, que lindo. — casi me caigo de mi asiento, mi corazón latía a todo ritmo. Mi cuerpo temblaba y no quería que se diera cuenta de todo lo que estaba pasando por mis terminaciones nerviosas en esos momentos.
—Gracias. —le dedique una tímida sonrisa. Me atreví un poco para que la conversación no acaba allí. —¿llevas mucho tiempo en la universidad?
—No, es mi primer semestre. ¿y tú?
—Igual el mío. Que coincidencia.
—Sí, yo estudio arquitectura y los profesores son bien fuertes.
—Dímelo a mí — me reí un poco— yo estudio mercadotecnia, aunque realmente no quería estudiar esto.
—¿Y por qué no estudias lo que querías?
— Mis padres no me dejaron, era esto o medicina. — aquella podría ser la conversación más aburrida del mundo, pero yo estaba más que entusiasmada. El asiento y yo me sentía como una nube, suave y flotando. Como si estuviera volando. Así de loca estaba.
—¿Eres de aquí? — volvió a preguntar interesado, negué con la cabeza antes de responder.
—No, soy de Santiago, ¿y tú eres de aquí?
— No, también soy de pueblo, pero criado en la ciudad. Llevo casi toda mi vida aquí.
—Que bien, de seguro tienes muchos amigos.
—Algo así, pero estamos divididos en diferentes universidades. Tú de seguro no tienes amigos aquí.
—No. — me adelante a decir. — la verdad aun no hago amigos.
—Sí quieres puedes darme tu número, así un día coordinamos y nos juntamos para comer y te presento a unas amigas. —El cielo se abrió para mí nuevamente. Gracias Dios. Asentí frenéticamente.
—Claro, te puedo dar mi número. — saco su celular y le di los dígitos, el los anoto y marco a mi celular para que yo también tuviera su número. Lo guarde con el corazón en un hito, casi me temblaban las manos de la emoción. Mi mirada se desvío por la ventana y vi que ya casi me estaba por quedar. — fue un gusto conocerte, Alfred. — abrí mi mochila para guardar mi celular.
—Igualmente, Lily. Me escribes cuando quieras— lo vi sonreírme y le devolví la sonrisa, pedí mi parada y me marché, con las piernas como gelatina. No sabia como iba a llegar a casa si a puras me podía sostener.