La fiesta estaba en pleno apogeo. Las luces suaves y cálidas iluminaban el elegante salón, mientras la música suave llenaba el aire con un ritmo tranquilo y festivo. Eduardo y yo nos miramos con complicidad, ambos sintiendo una mezcla de nervios y emoción. Habíamos organizado todo con tanto cuidado: el lugar perfecto, los detalles pensados al milímetro, y lo más importante, el momento en el que finalmente anunciaríamos lo que tanto habíamos esperado. Me acaricié la barriga, ya visible a los cuatro meses de embarazo, y sonreí al ver a nuestros amigos y familiares disfrutando del ambiente. Era la primera vez que estábamos rodeados de todos, después de haber mantenido el secreto durante semanas. Eduardo se acercó a mí, sonriéndome con esa mirada que solo él podía darme, llena de amor y orgul

