La boda

1957 Palabras

Los días pasaron rápidamente y el día de la boda se acercaba más de lo que imaginaba. Con la emoción de organizar todo, Eduardo y yo nos encontramos en una montaña rusa de preparativos. Había tanto que hacer, pero a la vez, todo parecía encajar perfectamente. El hotel estaba reservado, el lugar decorado, y mi tía ya había comenzado a ayudarme con el vestido, que se estaba haciendo a la medida para mí. Aunque siempre había sido una persona reservada, me sentía plena al estar rodeada de la gente que amaba y de Eduardo, quien se encargó de hacer que todo fuera más fácil con su apoyo constante. La parte más abrumadora, sin duda, era organizar la lista de invitados. La familia de Eduardo era extensa; sus padres, sus hermanos, primos, tías y hasta algunos amigos cercanos. Por otro lado, mi fam

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