Dolor de Madre

1570 Palabras

El silencio en el cuarto de Astrid era pesado, de esos que duelen. Solo se escuchaba el ruido de sus propios llantos, ahogados contra la almohada. Se sentía sucia, pero no porque ella hubiera hecho algo malo, sino porque sentía el vínculo con Elijah manchado, invadido por la presencia asquerosa de Lorna. Se tocó la panza y sintió que los gemelos se movían mucho, como si estuvieran asustados. —Tranquilos, mis amores... aquí está mamá —susurró con la voz hecha trizas. De repente, escuchó un golpe suave pero firme en la puerta del balcón. Astrid se puso tiesa y sus garras salieron por puro instinto. Pero cuando vio la sombra alta y grandota a través del vidrio, soltó los hombros. Era Dante. El Beta no había usado el pasillo para que no lo viera Elijah ni los guardias, que ahora parecí

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