El frío en el campamento del norte no era nada comparado con el hielo que estaba a punto de instalarse en el corazón del Alfa Elijah. La nieve caía espesa, cubriendo las tiendas de cuero con una capa blanca. Elijah estaba dentro de su tienda principal, rodeado de mapas y estrategias. A su lado, Lorna intentaba recuperar su lugar, moviéndose con esa elegancia fingida que antes lo maravillaba, pero que ahora empezaba a irritarle los nervios. —Elijah, deberías descansar —dijo Lorna, acercándole una copa de vino con una sonrisa falsa—. Has estado días obsesionado con estas fronteras. El enemigo no se va a mover con esta tormenta. Elijah ni siquiera la miró. Su mente estaba en otro lado, en una mansión cálida donde lo esperaba una mujer de ojos azules y tres hijos hermosos. —No puedo desca

