La Obsesión

1643 Palabras

Astrid descansaba en la cama matrimonial, rodeada de almohadones de seda, sintiendo cómo la fuerza regresaba a su cuerpo tras el ritual de salvación. A su lado, Elijah no se había movido ni un centímetro. La observaba con tanta adoración que hacía que sus ojos grises parecieran tormentas a punto de estallar. —Me vas a desgastar de tanto mirarme, Elijah —susurró Astrid, intentando sonreír para calmarlo. —No puedo evitarlo, nena —respondió él, tomando su mano y besando cada nudillo con pasión —. Pensar que casi te pierdo por culpa de ese relicario… pensar que ese imbécil tuvo que poner su sangre en tu cuerpo… me está volviendo loco. Elijah se acercó y la besó con una intensidad que le quitó el aliento. Sus labios se movían contra los de ella con una premura que decía claramente: "Eres

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