Hank estaba en el living esperando a que James subiera del sótano. Miraba su alrededor, los cuadros, la chimenea y todo el lugar era una hermosa antigüedad.
Sentía que la seda le acariciaba la piel que comenzaba a secarse.
—¿Sabes cocinar?— la voz del mayordomo lo asustó. Se giró para verlo.
—Sí, mí madre me enseñó. Siempre me dijo que no debía depender de una mujer para alimentarme, coser mi ropa y ordenar mi vida. Le puedo hacer una rica y sana comida— le sonrió Hank.
—Bien, probaré tu mano— dijo James caminando a la cocina seguido de Hank.
Una vez dentro, el pelinegro comenzó a cocinar.
—Espera— le dijo James, dándolo vuelta—Debes cuidar la ropa— le puso un delantal y se lo amarró.
—Gracias— le sonrió Hank. Continuó con lo que estaba haciendo.
James se quedó en la cocina viendo cada paso que daba el pelinegro.
—Me dijise que tuviste novia, ¿qué pasó con ella?— le preguntó el mayor.
—Terminó conmigo, después que me dio la depresión. Dijo que no podía estar con alguien tan inestable, y que además no sabía lo que quería en la vida— rió Hank, mientras le contaba—A decir verdad no la culpo, en realidad no estaba para sostener una relación. Y también me di cuenta que no la amaba, así que no fue mucho el sufrimiento. Pero sí me sentí muy solo, y fue cuando me di cuenta que dependía demasiado de Sam. Pero ahora ya estoy mejor.
Hank continuó cocinando mientras James lo miraba, pensando en las palabras dichas por el pelinegro.
—¿Y usted?— preguntó de pronto Hank, cociendo unas verduras.
—Soy soltero, no tengo tiempo para romances. Sólo vivo para servir— le respondió James.
—Que aburrido— dijo Hank, dándose vuelta para verlo—Es jóven y bastante atractivo. Debería tener esposa a estas alturas.
—Tal vez no estoy hecho para el amor— le dijo James.
—Yo creo que usted tiene miedo— dijo Hank—Imagino que sabiendo lo que hace su jefe, usted también debe tener conocimiento de ello.
James lo quedó mirando con ojos de curiosidad.
—Eres observdor— le dijo el mayordomo.
—Un poco— mintió Hank, ya que esa información se la dio su amiga Korina—Debería aprovechar, las mujeres lloverán a sus pies.
—Mis intereses son algo peculiares— le dijo James—No sé si una mujer lo toleraría.
Hank sintió un nervio extraño en su abdomen. No dijo nada y terminó de cocinar.
—Bien, está listo— sirvió un plato y se lo llevó a James—Carpaccio de Verduras.
—Así que eres gourmet.
—Se puede decir que sí— sonrió Hank. Luego fue por un plato para él y se sentó frente al mayor—Adelante.
James dio el primer bocado, realmente era un manjar al paladar.
—Mm, tienes muy buena mano— le dijo el mayordomo mirando los ojos del pelinegro.
—Entonces ya tengo un punto a favor— le sonrió Hank.
—Sabes cocinar, mañana comenzarás con la limpieza de la casa. Veremos que tan bien lo haces— dijo James.
Hank sonrió satisfecho, sabía que el trabajo ya era de él. Cocinar era primordial, ya la limpieza podía hacerla cualquiera. Y eso no sería difícil.
Al terminar de comer, Hank lavó los platos y dejó la cocina ordenada. Anotó mentalmente el esquema de la manión mientras terminaba de lavar. James se había retirado a la oficina, a pesar de ser sábado quería aprovechar de adelantar trabajo para el lunes. Además que debía terminar con la supervisión de Hank para el puesto de limpieza. Aprovechó de llamar a la sastrería, para que hicieran los trajes a medida.
—Saldré a comprar— le dijo James a Hank, antes de salir de la mansión.
—¿A comprar?,
—Sí— le dijo—Debo ir a comprar la ropa que usarás para dormir.
Hank se sonrojó al saber que solo con sus manos, sabía toda su talla. James no pudo evitar mirarlo.
—Sube a tu habitación— le dijo el mayordomo—Te dejé algunas cosas.
Hank asintió y luego lo vio irse. Hizo lo que le dijeron, y subió al segundo piso. Fue a su habitación, pero antes de entrar le dio un vistazo a la puerta escarlata. Sintió una gran curiosidad por ver lo que había detrás de esa puerta. Y más en saber a lo que se sometió Sam a voluntad de Lion.
—No entiendo porque me tengo que vestir de maid y esas cosas, si ellos ya no harán nada de eso— se dijo Hank mirando la puerta—A menos que quieran hacer un trío— sus mejillas explotaron de rojo—Creo que mejor dejo de pensar. Mí mente sólo escucha en las palabras de Korina.
Se fue a su habitación y entró. Dentro vio que había de todo en cuanto a aseo personal y perfumería. El clóset estaba vacío, supuso que había ido a comprar las ropas que debía usar.
—Me siento un niño rico. No puedo creer que den todo esto, sólo por limpiar— su mente lo corrigió—Bueno, limpiar y algo más.
Continuó revisando la habitación, viendo lo grande que estaba. El baño decía más con lo enorme que era.
—Vaya realmente Sam la hizo casándose con Lion. O Lion lo hizo haciéndose rico.
Caminó hasta la cama y se recostó encima. Miró la hora, eran las cinco y media de la tarde. Cerró sus ojos quedándose dormido.
Soñaba que estaba en la universidad impartiendo clases, se veía como todo un profesor de Ciencias.
—Hank, Hank.
A lo lejos escuchaba una voz.
—Hank despierta.
El pelinegro abrió los ojos viendo a James.
—Me recuerdas a alguien en lo perezoso— le dijo el mayordomo—Dejé todas tus ropas en el clóset. Date una ducha y ponte el pijama. Iré a hacer la cena.
—Puedo hacerla yo— dijo Hank, levándose. La bata se deslizó por sus muslos, dejando ver parte de su culo.
James dio un vistazo y luego regrsó su ojos al rostro de Hank.
—Cocinaré yo. Date una ducha.
El pelinegro asintió. James salió de la habitación y se dirigió a la cocina. Hank se lenvantó y fue a darse una ducha. Después de la cena llamaría a sus padres, les diría que ya tenía el contrato a tiempo completo.
Salió del baño con la toalla y abrió el clóset. Vio entonces la ropa tanto masculina como femenina. Al menos la de dormir y la de trabajo era tal cuál le había dicho Korina.
—Supongo que Sam también usó esto.
Sacó un babydoll rosado con unos colaless del mismo color. Antes de colocarse la ropa, se aplicó una crema de aloe y coco que le había dejado James. Se puso las ropas y se roció algo de perfume. Antes de salir, se miró al espejo. Casi se cae de espalda al verse con un babydoll y el colaless que apenas le tapaba las bolas.
—Sí mí padre me viera, le daría un doble infarto— se puso una bata de seda violeta, se calzó las pantuflas y bajó al primer piso. No se amarró la bata.
Bajó al primer piso. Caminando por la mansión sintió un leve escalofríos, el lugar era realmente enorme y las luces estaban a medio brillo.
—¿Por qué tan oscuro?— se dijo dirigiéndose al comedor. Ahí estaba James colocando la mesa. Se notaba que estaba recién bañado, pues su cabello seguía húmedo.
No era usual verlo con ropas tan casual. Las veces que lo vio siempre fue de etiqueta, el traje n***o pulcro y limpio además de la corbata. Pero verlo sólo en polera y con un pantalón de pijama, era un lujo. James era un hombre bastante atractivo, con un pasado que desconocían. Llegó a la familia de Lion, apenas el chico pisó el extranjero. Sólo sabían que era un ex militar y que era muy bueno en todo lo que se propusiera.
James miró a Hank apenas lo vio entrar al comedor. Sus ojos no pudieron evitar pasearse por ese sexy babydoll transparente que apenas le tapaba el cuerpo.
Algo sonrojado el pelinegro se acercó a la mesa y se sentó al frente del mayordomo.
—Espero te guste.
—Gracias— le dijo Hank, probando la comida—Está muy rica.
—Me alegra que te gustara. ¿Qué te pareció la ropa?— le preguntó James.
—Sugerente— dijo mirándose—Y un tanto incómoda— movió su culo en el asiento.
Nuevamente James dibujó una pequeña sonrisa.
—Mañana comenzarás con la limpieza de los cuartos— le dijo el mayordomo.
—¿Y usted me abrirá la puerta escarlata?— le preguntó Hank.
—Yo soy el encargado de abrir esa puerta— dijo James.
Hank lo miró a los ojos, esas orbes grises lo intimidaban de una manera inquietante. El pelinegro se removió en su asiento y trató de concentrarse en su plato y no en esa penetrante mirada.
Terminaron de cenar, Hank quizo ayudar a James en la cocina para que se fuera a descansar también.
Luego de dejar ordenado se dirigieron a sus dormitorios. Hank puso su pie en el primer peldaño, James pasó por detrás suyo caminando al fondo del pasillo.
—Buenas noches— se despidió Hank, viendo la espalda del mayor.
James frunció levemente el ceño.
—Buenas noches— le respondió sin mirar.
Hank siguió al segundo piso. Aún le parecía una casa un tanto escalofriante, debía ser por lo grande y fría que se sentía. Le costaba entender como James podía estar solo en un lugar tan grande. A ese hombre le hacía falta una novia con urgencia. Se metió a su habitación y cerró la puerta.
Dejó la luz de la mesita encedida, para no sentirse tan solo. Antes de acostarse, llamó a su madre para decirle que comenzaría a trabajar a tiempo completo en la mansión. Su madre estuvo de acuerdo en que se quedara fuera, de todas maneras conocía a Lion y sabía que no era un peligro que estuviera ahí.
Después de la llamada, colgó.
—Bien, es hora de dormir— se acomodó en la cama y dejó su celular al lado de la lámpara. Cerró los ojos, olvidando colocar la alarma.
Su mente divagó entre sueños de ciencias y un mayordomo muy sexy.
Las horas de la noche fueron pasando, y finalmente una radiante mañana llegó. Hank dormía plácidamente olvidando por completo donde estaba. La cama era tan cómoda, que ni siquiera sintió cuando abrieron la puerta.
—Increíble— dijo James—Esto es un dèjá vú— se acercó a la cama y comenzó a despertar al pelinegro—Hank, es tarde, Hank.
No había respuesta del chico.
—¡Hank!— le gritó James, acercándose más. Quedó cerca de su cuerpo—¡Hank!.
—¡Lo siento Sam!— gritó el pelinegro abrazando a James. Lo jaló hacia su cuerpo—¡No quise ser un mal amigo!.
—Hank, suéltame— James trataba de alejarse del chico, pero los brazos del pelinegro lo aferraban con más fuerza.
Finalmente despertó. Abrió sus ojos viendo a James sobre él.
—¡¿Qué?!— lo soltó del agarre.
El mayordomo lo quedó mirando, afirmándose con sus manos al costado de su cabeza. Sus rostros estaban muy cerca.
—Hank, es tarde. No has desayunado, tienes que ducharte y comenzar a trabajar, ¿se te olvidó colocar la alarma?.
El pelinegro miraba esas orbes grises, se sintió levemente intimidado.
—Lo olvidé— le dijo Hank—Lamento lo de hace un momento, tengo sueños algo extraños.
—Sí, pude notarlo— le dijo James. Se salió de encima—Será mejor que vayas a bañarte y luego bajes a desayunar.
Hank asintió, el mayordomo salió de la habitación dejando al chico solo.
—Que mierda fue eso— se levantó de la cama con la presión alta—Y ahora tengo una erección mañanera. Debería masturbarme, pero ya estoy atrasado con todo. Mejor lo dejaré para más tarde.
Se metió a la ducha y dejó que el agua semihelada lo despertara. Había sido un error quedarse dormido el primer día de trabajo, eso no se vio bien. Terminó en el baño. Fue a la habitación y abrió el clóset. Debía escoger entre la ropa que le había dejado para trabajar. Entre todos, le llamó la atención un vestido que tenía una cola de gato. Lo sacó.
—Trae todo— dijo sacando los colaless, el cintillo de orejas, el collar con cascabel, y el vestido n***o con la cola de gato—No puedo creer que voy a usar esto.
Antes de vestirse, se aplicó una crema con aroma a durazno. Comenzó a colocarse las prendas. Ahora entendía porque debían depilarse. Los pelos se verían horribles con esos coquetos trajes. Se secó el pelo y calzó el cintillo con orejas. Luego se puso unos zapatos negros bajos. Se miró al espejo.
—Es que de verdad no lo puedo creer— fue por su celular y se tomó una foto frente al espejo—Increíble que esté usando esto.
Dejó la habitación y el baño ordenado. Salió del dormitorio y bajó al primer piso. Supuso que debía desayunar, por lo que dirigió sus pasos al comedor.