Capítulo 5: Primeros Indicios.

2170 Palabras
Nervioso por comenzar con su nuevo empleo, Hank bajó al primer piso. Iba distraído pensando en cual de todas las habitaciones comenzar que no se dio cuenta, y tropezó de frente. Cerró los ojos por inercia, al abrirlos se vio en brazos de James. —¿Estás bien?— le preguntó el mayordomo viendo al chico a los ojos. Hank se sonrojó de golpe. —Gra-cias— dijo. James lo soltó mirándolo de arriba para abajo, encontró que se veía bastante lindo. —Te sienta bien el traje de gatito— le dijo James con rostro serio. —Gra-cias— volvió a decir el pelinegro—Us-ted también se ve bien-sin el traje con corbata. El mayor lo quedó mirando. A decir verdad desde que se quedó solo en la mansión, comenzó a usar poleras y jeans. Incluso a veces usaba pantalón deportivo y zapatillas. —Vamos a desayunar, para que comiences con la limpieza. Hank asintió y lo siguió al comedor. Ahí James había puesto las tazas con café y unos sándwiches. El pelinegro se sentó frente de él. —¿Comenzarás en el primero o en el segundo piso?— preguntó el mayordomo, mientras revolvía su café. —Limpiaré el segundo piso— le respondió Hank—Necesitaré las llaves del cuarto escarlata— dijo, mirando sus ojos. James dejó la cuchara a un lado y miró al pelinegro. —Estás muy interesado en el cuarto escarlata— le dijo el mayordomo viendo su reacción. Hank tensó sus muslos, moviendo sus piernas bajo la mesa—O ¿tienes una curiosidad y quieres disiparla?. —Sí tengo curiosidad, ¿usted me ayudará a disiparla?— preguntó sin darse cuenta de lo sugerente que había sonado. James levantó una ceja, miró al chico con ojos curiosos. —Sí necesitas que te ayude, me lo puedes pedir— le dijo el mayordomo. Continuó desayunando. Hank miró al hombre frente a él. Recordó entonces las palabras de Korina. "James fue quién inició a Lion en el tema del sadomasoquismo. Creo que inició a los quince años. Sabrás que James cuidó de Lion desde que pisó el país extranjero, así que conoce todo de él. Ahora estarás tres meses bajo la órden del hombre que es devoto del látigo. Suerte". Sus mejillas se sonrojaron, tal vez no había sido bueno decir que lo ayudara a disipar sus dudas. —¿Te sucede algo?— le preguntó James viendo su rostro. —¡No nada!— se enterró en el desayuno. Después de terminar de comer Hank se levantó de la mesa, hizo el amague de sacar las tazas de la mesa. —Deja eso— le dijo James tomando las cosas, le rozó sutilmente con las manos. Hank dejó caer la taza sobre la mesa. Se se le quebró la oreja—¿Qué ocurre contigo?. —Auch— Hank se miró la mano, tenía un dedo cortado. James lo tomó de la mano y se lo llevó al baño del primer piso. Lo dejó a su lado mientras buscaba el botiquín. —Eres más problemático que el señor Sam— le dijo el mayordomo a James tomando su mano—Pareces un niño. Hank estaba rojo de vergüenza mientras James le hacía una curación simple. —En la habitación de la limpieza encontrarás guantes largos— le dijo el mayordomo. El pelinegro asintió. James suspiró. —Ve— le dijo el mayor. —Gracias. Hank salió del baño y se dirigió a las afueras de la mansión. Primero iría a alimentar a los patos y regar las flores. —Que desastre— se quejó Hank, dándole comida a los patos—Mi primer día y ya estoy con problemas. No quiero que me despidan. Suspiró. Terminó en el ivernadero y regresó a la mansión. En el camino fijó sus ojos en lo extenso de los jardines. A lo lejos divisó unos hombres paseando a cuatro caballos. —Es un lugar casi mágico— dijo Hank disfrutando del aire en su rostro. Llegó a la mansión y entró. Miró a todos lados pero no vio a James. Fue al cuarto de la limpieza y sacó lo necesario para comenzar a limpiar las habitaciones del segundo piso. Llevó los guantes y todo lo necesario. Subió al segundo piso y se dirigió a las habitaciones del fondo. Durante las horas de la tarde el pelinegro se dedicó a terminar en el gimnasio y en el spa. Además del baño que estaba ahí pero no se usaba. Su mente se mantuvo divagando en las palabras de Korina y en la curiosidad que le causaba el cuarto escarlata. —Debo estar loco si pienso entrar ahí— se dijo Hank, terminando de limpiar. Era un tanto más lento que los otros empleados, por lo que no se dio cuenta de como pasó la hora. Miró por la ventana viendo la oscuridad del cielo. —Es tarde— se dijo. Comenzó a levantar las cosas del piso y reunir los utencilios de limpieza. —Son pasado de las siete— dijeron de pronto. Hank dio un respingo, dejando caer todo al piso. James entró a la habitación. —Realmente eres demasiado ruidoso— le dijo el mayordomo ayudándolo con las cosas. —Fue su culpa, usted me asustó— se quejó Hank. James le miró la mano y se la tomó. —¿La herida?. —Se me mojó un poco— le dijo el pelinegro. —Ve a guardar las cosas y cuando estés duchado me avisas— le dijo James. Hank asintió. Terminó de reunir las cosas y salió de la habitación. Bajó al primer piso y dejó todo ordenado en el cuarto de limpieza. Luego se encaminó a su habitación, James había bajado a darse un baño. El pelinegro subió al segundo piso y fue a su habitación. Estaba agotado por haber limpiado las habitaciones de arriba, sin contar la suya. Entró al baño y dejó la ropa dentro de un canasto sucio. No quiso darse una ducha, por lo que llenó la bañera y le puso unas sales con aroma a lavanda. —Estoy muerto— se quejó mientras se metía dentro. Cerró los ojos, sintiendo la calidez del agua relajar sus músculos. Habían pasado más de quince minutos, y sin darse cuenta se quedó dormido. Pasó un rato en el que se sintió plenamente tranquilo. De pronto sintió que le faltaba el aire, y unas manos se aferraban a su cuerpo húmedo. Hank salió del agua tomando una bocanada de aire, James tenía todo el pijama mojado al haberlo sacado de la bañera. —¿Te quieres matar?— le preguntó el mayor. El pelinegro se vio en la alfombra justo al lado de la bañera, estaba desnudo. —¿Qué?. James tomó una toalla y lo envolvió. Lo tomó como princesa y lo llevó a la habitación. Hank iba medio adormilado. —¿Qué sucedió?— preguntó, mientras el mayor lo acomodaba sobre la cama. —Te quedaste dormido en la bañera— le dijo James—Imagino que con el vapor no te diste cuenta y casi te ahogas. Hank se sorprendió. —¿Y-cómo?. —Noté que te demorabas mucho. Subí porque creí que te habías olvidado de la curación. Y me encuentro con el baño cerrado y a ti durmiendo bajo el agua— le dijo James—Realmente eres un chico problemático. —Lo-siento— dijo Hank, tapándose con la toalla. El mayordomo lo quedó mirando. Lo primero que hizo fue curar el dedo y protegerlo. Luego le sacó la toalla, pues estaba mojada. Lo tapó con las ropas de cama. —Necesito secarte el pelo— le dijo James, sacando un secador de cabello. —Estoy-bien— dijo con pereza Hank. —No, te enfermarás. El mayordomo se sentó en la cama y Hank se acomodó sobre sus piernas. James comenzó a secarle el cabello, mientras pasaba sus dedos por esas oscuras hebras. Hank cerró los ojos sintiendo el suave toque en su cabeza. —Mañana te despertaré yo— le dijo James—Hoy casi te mueres. ¿Te imaginas en el problema que me hubieses metido?. —Lo siento— dijo Hank con voz cansada—Creo que el sueño me venció. —Debes estar más atento, no siempre estaré ahí— le dijo James. —Colócame un rastreador y sabrás cada paso que dé— respondió Hank. James terminó de secarle el cabello, Hank se acomodó sobre la almohada. Seguía desnudo bajo las sábanas, el mayordomo lo tapó y luego se levantó de la cama. Guardó el secador y salió de la habitación, mientras Hank se sumía en los brazo de Morfeo. El mayordomo bajó al primer piso y caminó a su habitación. Su mente iba algo confundida pensando en aquel chico extraño. Hank era como una cajita de Pandora, que no sabes que puede salir de su mente. Pero aquellas palabras de Hank le quedaron dando vuelta. Entró a su habitación, queriendo descansar hasta que saliera el sol. La noche pasó tranquila y serena. Comenzaba una nueva mañana, el sol salía poco a poco. La alarma del reloj digital sonaba una y otra vez. James apagó el reloj, sentía que la noche se le había hecho corta. Se levantó para darse un baño. Quería comenzar luego la mañana, para ver los asuntos de su jefe y verificar que los padres de Lion estuvieran al tanto de todas las reuniones con los inversionistas. Al terminar en el baño, fue a su habitación y se vistió. Nuevamente usó una polera manga larga y unos jeans. Terminó de arreglarse. Fue a su cómoda y sacó un brasalete de plata con un extraño diamante rojo. Se la echó al bolsillo, luego miró la hora, aún era temprano para despertar a Hank. —Iré por un café y comenzaré a trabajar. Daban las nueve y media de la mañana, James miró la hora. —Creo que se me pasó el tiempo. Se levantó de la silla y salió de la oficina, se dirigió al segundo piso. Abrió la puerta de la habitación, Hank continuaba dormido. —Buenos días— saludó James, abriendo las cortinas. —Mmh. —Arriba Hank, son pasado de las nueve— dijo el mayordomo jalando las sábanas hacia atrás. Ahí estaba ese firme cuerpo desnudo. El frío hizo despertar al pelinegro. Abrió los ojos de golpe recordando que estaba desnudo. Se sentó tapándose el sexo. —¿Es una broma?— le dijo James, levantando una ceja—Ya te conozco entero. Ve a darte un baño, haré el desayuno. —Yo puedo hacerlo— dijo Hank. —Tú date un baño, vístete y baja— le dijo el mayordomo. Hank hizo un mohín. —Sí señor. James salió de la habitación y bajó al primer piso. El pelinegro se levantó y fue al baño. —Él dijo que me despertaría, y lo hizo. Es bastante mandón— se decía mientras entraba a la ducha. Dejó caer el agua sobre su cuerpo. Minutos más tarde salía del baño, fue a la habitación y abrió el clóset. Buscó un traje de maid, vio entonces que había uno con orejas de conejo. —¿Tienen fetiches con conejitas playboy?— Hank miraba el traje. Éste tenía unos hotspants transparente que tenían un pompón de colita, el cintillo con orejas de conejo, el vestido color rosado corto, además de una ligas rosadas—Pero está bonito. Antes de vestirse se puso loción perfumada, luego se vistió. Se calzó unos zapatos rosados bajos. —Listo— se miró al espejo—Hora de trabajar. Bajó al primer piso, James lo esperaba al final de las escaleras. —Al fin estás listo— le dijo el mayordomo mirándolo. Sus ojos subieron por ese lindo traje, hizo una pequeña sonrisa. —Los trajes, ¿usted los mandó a hacer?— le preguntó Hank, colocándose frente a él. —Sí, por qué, ¿acaso no te gustan?. El pelinegro no pudo evitar sonrojarse. —Están lindos— le dijo Hank casi con un hilo de voz. James lo tomó de una mano y lo jaló hacia su cuerpo, el pelinegro quedó a escasos centímetros de su rostro, su sonrojo era notorio. De pronto Hank sintió algo en su muñeca, el mayordomo se alejó. El chico se miró la mano. —¿Qué es esto?— preguntó viendo la joya en su muñeca. El rojo diamante era hermoso. —Me dijiste que te pusiera un rastreador, y eso acabo de hacer— le dijo James con simpleza—Ese diamante tiene tiene un nano GPS, y hasta que llegue el señor Lion y el señor Sam, lo usarás. Hank se sintió como si perteneciera a ese hombre frente a él. Esos penetrantes ojos grises que lo mantenían con una inquietud intrigante. —Bien, seré suyo hasta que lleguen los jefes— le dijo Hank, bajando su mano. —Vamos a desayunar— dijo James, dándose media vuelta para ir al comedor.
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