Capitulo 42

955 Palabras

Elara Montesinos ​El reloj dio las tres de la mañana, luego las cuatro y luego las cinco, la alfombra de mi suite estaba empapada con las lágrimas que no me permitía derramar ni en la pobreza ni en el miedo pero que se liberaron con la fuerza destructiva de la humillación, me arrastré desde el suelo hasta el borde de la cama, mi cuerpo temblando, no por el frío, sino por el recuerdo. ​“Alexander... te amo.” ​La frase resonaba en mi mente como una burla cruel. La había susurrado en mi momento de mayor vulnerabilidad, rendida al placer que solo él podía darme, me sentí estúpida, una estúpida, ingenua, patética empleada que había confundido la posesión con el afecto, me había entregado mi única arma, mi mayor secreto, a un hombre que solo sabe calcular. ​La sensación de su retirada abrup

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