Elara Montesinos Mi cuerpo se sentía como ceniza. Había logrado maquillar los estragos de la noche, pero la humillación de haberle rogado a Alexander que se quedara y la crueldad de su rechazo eran una verdad que ardía bajo mi piel. Era un dolor físico, una presión constante detrás de mis sienes, en la camioneta fui un robot Alexander y yo revisamos la adquisición bancaria, el era el frío dictador yo, la máquina que procesaba datos, mi única arma era mi mente y sabía que cualquier error le daría la excusa perfecta para desmantelar la operación y por extensión, a mí. Llegamos a Vance Global. Subimos al ala privada. Mi escritorio de vidrio se sentía menos como un asiento de poder y más como una jaula de tortura minutos después, Alexander me convocó a su lado, no para una reun

